La agamia es la nueva forma de estar de rollo sin reprimir tus sentimientos

La agamia es el paso más allá de las relaciones abiertas y poliamorosas, es pasar del 'gamos', que es "la cárcel" de donde surgen los celos y la falta de libertad

Cada vez se cuestiona más el modelo de relación monógama. La idea del amor para toda la vida está superada. La media naranja también. Incluso el concepto de fidelidad se ha puesto en duda porque produce mucha insatisfacción sexual. Algunos han optado por las relaciones abiertas. Es decir, que enrollarte con otro teniendo pareja no se considera poner los cuernos, porque la fidelidad no es sexual, sino amorosa (mientras no te enamores de otros, puedes hacer lo que quieras). Otros por el poliamor, es decir, tener varias parejas románticas.

Aun así, para otros, estos sistemas no monógamos también están obsoletos. Creen que el problema es la relación en sí, como concepto, porque supone una cárcel. Las relaciones requieren un vínculo y unas normas para que nadie salga herido, lo ven como algo antinatural. Por eso, en este nuevo contexto, buscan diferentes soluciones. De ahí surge la agamia: la ausencia de gamos (relación).

Ausencia de pareja

Júlia Peró es una arista multidisciplinar, escritora y activista que ha optado por explorar sus relaciones a través de la agamia. No fue un proceso de un día. Primero tuvo relaciones cerradas que no le funcionaron. Creyó que no eran lógicas. “Nunca he visto natural que para demostrar mi amor necesitara unos acuerdos que si no se cumplían era infidelidad”, confiesa.

Experimentó en otra relación, esta vez sin cerrarla. Pero como explica Júlia, “tampoco funcionó, porque eso de salir a volar un ratito y luego tener que volver por miedo al vértigo de la otra persona no me parecía muy sano por ambas partes”. La monogamia, las relaciones abiertas y la poligamia no se ceñían a su concepción del mundo. Eran relaciones y se regían por normas, obligaciones y códigos de funcionamiento.

En este contexto descubrió la agamia. “Es decir, no hay gamos. No hay pareja, normas o prohibiciones”. Según la artista, es un modelo que te libera —a ti y a los que te rodean— y que soluciona los problemas endémicos de las relaciones. “Poligamia, monogamia… si os fijáis, todas necesitan de unas normas, consensos, prohibiciones, para no dañarse o evitar celos. (…) No tengo miedo de perder a nadie porque nadie es míx. ¡Que la gente ame y folle con quien quiera! Y si es conmigo, pues eso que me llevo también”, añade. En definitiva, la agamia apuesta por relaciones que surgen desde el consentimiento, la empatía hacia los demás y cuyas únicas normas son hacer aquello que reporte felicidad, sin atar u obligar a nada a ninguno de los dos.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Recuerda que contigo y sin ti.

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Lo que diferencia la agamia de la soltería es, justamente, que como no cree en los vínculos de pareja, tampoco contempla lo contrario. Ni hay parejas ni hay solteros. Es la idea que explora Júlia en su arte, que puede verse en su cuenta de Instagram. "No te metas donde no te aman", "con la persona con la que me gusta estar más en conmigo", son algunos de los versos que pueden leerse, muchas veces acompañados de imágenes sobre el amor, la soledad, el feminismo y la identidad. Son los principales ejes sobre los que se mueve su obra.

Los celos, una conducta antinatural

“Imaginemos que amamos a una persona. En el mundo monógamo, esperamos de aquella persona que nos sea fiel. Si esa persona se viera atraída por otras personas, es decir, si hiciera lo que es natural en ella, ¿qué ocurriría? Que sentiríamos celos”. Como es obvio, Júlia cree que los celos son conductas antinaturales: “en realidad, los celos no son más que un miedo a la pérdida de esa persona. Un miedo a que se enamore de otra persona y a que se vaya con ella. ¿Y cuándo se siente miedo a perder algo? Cuando se cree que se posee”.

Asegura que el responsable de la concepción "fidelidad igual a celos" es el patriarcado y el capitalismo. El amor monógamo es fruto de un sistema "que nos ahoga y que oprime a las mujeres". Lo justifica históricamente: “con la propiedad privada, en que el hombre empieza a tener, por ejemplo, casas propias, también empieza a tener mujeres propias (…). La monogamia no nace del amor, sino del dinero. Y lo podemos corroborar recordando cómo surgieron los primeros matrimonios monógamos, donde solo existía el interés económico y la herencia. Y donde el hombre tenía una total posesión sobre la mujer”.

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Un amor libre y sin apegos

La agamia, en resumidas cuentas, defiende un amor basado en el no-apego, en la no-posesión, en la libertad. Como Júlia indica, la agamia es amar a alguien sin el miedo constante a perderlo. “Yo quiero amar a alguien con la seguridad de que esa persona es libre de irse cuando le dé la gana, así como de venir. Y pasar el tiempo que le apetezca conmigo y yo poder hacer lo mismo con ella. No quiero reprimir ni que me repriman”. También puede entenderse a través de una analogía: es como estar de rollo, porque no hay ataduras, pero sin reprimir los sentimientos de "¿será muy pronto para decirle que me gusta?". Es expresar sentimientos, sin reprimirlos ni bloquear instintos.

Al final, para los agamos, poner normas es cortar las libertades del otro. Es decirle que hay cosas que no puede hacer por amor a ti. Utilizar tus intereses para prohibirle actuar buscando su felicidad. La agamia considera que esto es profundamente egoísta: “somos monógamxs porque no queremos que la persona a la que amamos tenga la posibilidad de irse. No creemos en las normas gámicas para no hacer daño, sino para impedir que nos lo hagan. Y seguimos sintiendo celos”, asevera la artista.

La agamia, ¿una utopía?

Aunque la idea de la agamia suena utópica, no significa que sea inalcanzable. “Somos capaces de amar a muchos miembros de nuestra familia y a muchxs amigxs a la vez. Sabemos cómo dedicar tiempo a cada unx de ellxs. Sabemos proporcionarles los cuidados necesarios. Sabemos respetarlos, escucharlos, dejarles espacio. Y sabemos hacerlo con todxs al mismo tiempo. Entonces, ¿por qué creemos que no seríamos capaces de hacer lo mismo con las personas con las que mantenemos relaciones sexoafectivas?”, se pregunta. La agamia, además, es solo un proceso. "Una etiqueta destinada utópicamente a desaparecer para dar paso a la concepción de un amor libre, pero libre de verdad". Es decir, tú eres agámico mientras te deconstruyes y empiezas a construir relaciones que no se basen en el tú eres mío o yo estoy contigo.

La forma de introducirse en esta práctica y abandonar la monogamia, que puede caer en la toxicidad, pasa por un proceso de reeducación. “Es normal que al principio sintamos celos o no sepamos gestionar nuestras vidas en torno a esta nueva forma de relacionarnos. Y creo que lo más importante es escucharnos mucho y entender que los celos no son más que una indignación debida a una educación tóxica a la que estamos habituadxs”, aconseja.

Es decir, toca emprender el camino de la agamia con personas en quienes confíes. Es difícil desprenderse del “somos novios” y del apego, de construir tu vida en base a uno sin explorar tus sentimientos amorosos y sexuales con total libertad, decidiendo a quién quieres querer sin importar que “ya estés queriendo” a alguien. Lo importante es la comunicación, con los demás y contigx mismx, y que no tienes que demostrar nada a nadie, solo a tu bienestar. Al final, descubrirás que nadie está con nadie, pero se pueden compartir muchos (y preciosos) momentos.