4 parejas cuentan su primer polvo tras la cuarentena y los orgasmos son históricos

Aguantar ha valido la pena, aunque no todxs han aguantado

Ha sido duro. Estábamos acostumbradas a follar todas las semanas y de repente llegó una pandemia. Casi tres meses viviendo en casa de nuestros padres y tirando de sexting han pasado factura, pero hace dos semanas llegó la esperada fase 1 y pudimos volver a follar. Así han sido los reencuentros tras la cuarentena: los mejores polvos de la relación y el triunfo de la monogamia. Conozco a más de uno y más de una que se ha saltado puntualmente el confinamiento para ir a echar un polvo, no los juzgo. El resto de mortales hemos aguantado rigurosamente a pasar de fase para ello. Por lo menos a la 0.

Al inicio de la fase 1 días antes de que yo pudiese ver de nuevo a mi novio, una amiga me reconoció que llevaba viendo al suyo desde el 2 de mayo. Viven bastante lejos como para coincidir en la franja del paseo. 40 minutos en bicicleta cuesta arriba y recorriendo Madrid para un polvazo le compensó. “Nos grabamos y todo, que yo no me había atrevido nunca… No he estado tan cachonda en mi vida” ¿De qué vas? Sentí envidia. Mi novio ha pasado la cuarentena en Rivas y aunque miré cómo se iba en bicicleta finalmente desistí. Mientras me comía historias de encuentros clandestinos ardientes, nosotros tuvimos que esperar.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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El reencuentro fue muy divertido. Me sentía de nuevo como una adolescente que tiene su primera cita. Llegué a su casa y también estaban sus padres por lo que no pudimos acabar follando en el suelo nada más vernos (como deseaba). Nos besamos apasionadamente en el pasillo, después saludé a sus padres y directamente fuimos a su cuarto. Tenía la sensación de que todo era nuevo, su cara, su cama, sus manos… fueron unos primeros minutos de volver a descubrir al otro. Nos besamos más, charlamos y  al fin, follamos. En mute. Dato importante. No es lo mismo ir a ver a tu pareja tres meses después a su pisito de soltero que a la casa de sus padres. Aun así fue la hostia. Las ganas que ambos teníamos hicieron que el encuentro sexual fuera muy placentero a la vez que breve. Era obvio, acabamos enseguida. Descansamos un rato y volvimos a follar. A la hora ya era como si no hubiese pasado tanto tiempo desde la última vez que le vi. Pasé un total de cuatro días en su casa y he de decir que follé más en esos cuatro días que lo que follo normalmente en un mes normal de relación. Estar tanto de sequía ha valido la pena.

Mi amiga Pilar me cuenta que el parón les ha venido hasta bien. Después de siete años con su novio, estaban sumergidos en la rutina y sus polvos eran de lo más convencionales. Durante este tiempo sin verse ha crecido bastante la comunicación entre ambos, se han atrevido a decirse por mensajes qué cosas les gustaban en la cama, se han enviado vídeos subiditos y demás. Todo este morbo que han mantenido ha hecho que su primer encuentro en la nueva normalidad haya sido, palabras textuales: el mejor polvo de mi vida. “El primer día me empotró contra la encimera, me comió entera como nunca antes lo había hecho… Estuvimos mucho rato con sexo oral, pero mucho rato, Ale. ¡Me corrí tres veces!” añade.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Lo de correrse es un temazo. La mayoría de mis amigas con pareja que han pasado la cuarentena solas concluyen en lo mismo: se están corriendo como nunca. Me alegra a la vez que me sorprende. ¿Será que la masturbación de estos últimos meses ha llevado a un mayor autoconocimiento? ¿Será que la comunicación sexual con sus parejas ha mejorado? ¿Sabrán ya sus novios comer un coño? ¿Serán las ganas? ¿Serán los novios? No sé, pero me gusta.

“He follado por el culo” leo en el chat de las del cole a la mañana siguiente. Me encanta. María, (llamémosla María), se ha lanzado a la aventura del sexo anal en el primer polvo tras el parón. Ella siempre había querido probar cosas nuevas y salirse del misionero. Pues ha vuelto a lo grande. Es el momento de llevar a cabo todas esas fantasías y deseos ocultos.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Cuando pasas tantos meses de parón, (no han sido tantos, pero con el estrés de una pandemia mundial por medio se alargan), es normal que te replantees muchas cosas de tu vida y de tu relación. Amigas me cuentan que no han echado de menos a su pareja en ocasiones, que se han dado cuenta que están muy bien solas, que han descubierto qué cosas les gustan más de otro e que ahora incluso desean más a su pareja que nunca. Supongo que este tiempo ha venido bien para no depender tanto del otro y darnos cuenta de lo válidas (y completas) que somos. Y también para lanzarnos a experimentar. Sexualidad solo hay una y es la nuestra. 

Tener una pareja monógama parece una ventaja en este momento actual. Más confianza y menor riesgo de contagio. Pero que no te líen, Tinder está que arde. Los follamigos ya se han reunido para follar, un colega tuvo ayer una primer cita, una amiga de la uni me contó que ya está pactando un trío… somos seres sexuales y cuando el sexo aparece en mente el miedo al virus disminuye. Así que tener todas las precauciones que podáis y a jugar mucho.

CN