4 conversaciones sobre sexo que deberías tener con tu pareja cuanto antes

Esta guía es como poner la relación a punto y estar preparadxs para un futuro de confianza y complicidad

No te cansas de escucharlo: la comunicación es el pilar de una relación de pareja. Y, por supuesto, aunque a menudo se olvide, esto implica también hablar de sexo. Es obvio que ninguna pareja aprende desde el silencio, pero tampoco presuponiendo o adivinando lo que al otro le puede gustar (o no) en la cama. La tendencia a actuar como un oráculo cuando se trata de sexo puede generar falsas expectativas, malos entendidos y actitudes contraproducentes. Además, obrar de acuerdo a nuestra imaginación, presuponiendo lo que el otro desea, puede llevar a situaciones de conflicto. Para sortear estos ‘malos hábitos’, te traemos 4 conversaciones sobre sexo que sí o sí deben darse en tu relación:

Lo que te gusta (y le gusta)

Puedes empezar aclarando aquello que tu pareja hace y que te gusta: posturas, prácticas sexuales, intensidad, juegos… Es posible que algunos aspectos no sean ningún misterio, pero iniciar la conversación desde lo positivo (y no desde el reproche) ayudará a crear un ambiente más relajado. Además, esta perspectiva permitirá también destacar aquello en lo que estás satisfecho. Seguidamente, puedes expresar aquello que te gusta, pero más allá de lo que has experimentando con tu pareja en este tiempo. Es decir, se trata de decir lo que te gustaría a ti. Aquí es muy importante usar las palabras correctas para que el otro no se sienta ofendido o atacado. Evita la queja, la crítica no constructiva y las generalizaciones. Dicho de otro modo, cambia el "me gustaría que tú hicieras esto" por "me gustaría probar esto". La conversación tiene que ser agradable y no un reproche.

Recuerda que es una conversación y no un monólogo. Por tanto, es fundamental que escuches también aquello que a tu pareja le pone o quiere experimentar. A veces, lo que nuestra pareja ve normal en el sexo a nosotros nos puede parecer extraño o incluso molesto. Reírte, escandalizarte o ponerte a la defensiva hará que disminuya el clima de intimidad de la conversación. Tu pareja se está abriendo y por tanto, no deberías molestarte si expresa o propone algo con lo que no estás de acuerdo. 

Si no compartes algunos de sus gustos sexuales, lo mejor es que contestes con frases del tipo “entiendo que para ti eso sea divertido o excitante, pero la verdad es que esa idea no me atrae nada” o “nunca había pensado que podría gustarte eso, así que me alegro de que podamos sincerarnos”. Es decir, contesta con educación y respetando los sentimientos del otro, pero sin olvidar cuáles son tus necesidades, valores y límites. 

El objetivo final de esta conversación es conocer en qué podemos mejorar y si estamos dispuestos a experimentar cosas nuevas y reforzar aquellas que funcionan. Siempre, por supuesto, que sean cosas en las que los dos miembros estén de acuerdo. No se trata de plantear situaciones ideales sino alcanzar compromisos realistas sobre aquello que nos gusta y queremos probar.  No olvides que sois un equipo y remáis en una misma dirección. 

La frecuencia

La frecuencia de las relaciones sexuales es algo que preocupa a muchas parejas. Hay quien siente que su media es insuficiente y echa de menos que no haya tantos encuentros sexuales como al principio de la relación, otras personas ven normal que la frecuencia baje y no le dan más vueltas… ¿Alguna vez os habéis sincerado al respecto? Responder a esta cuestión permite expresar cómo afecta a cada miembro de la pareja la frecuencia y qué necesita para sentirse más satisfecho. Además, puede facilitar que identifiquemos sentimientos de culpa (por no tener tanta iniciativa sexual con respecto al otro) o de frustración (por querer tener sexo cuando el otro no quiere o viceversa). 

Existe el mito de que si hay sexo con mucha frecuencia eso significa que la relación va sobre ruedas… Sin embargo, no tiene por qué ser así: más regularidad en el sexo no significa más satisfacción. Además, hay parejas que disfrutan más compartiendo una actividad que les apasiona (por ejemplo, ir al cine) que teniendo sexo siete días a la semana… Lo que debemos valorar es especialmente las razones por las que no estamos teniendo tanto sexo: ¿es algo circunstancial y esporádico? ¿Tiene solución? ¿No tenéis tanto sexo porque discutís mucho? ¿Te aburre que el sexo sea siempre igual y eso ha hecho que pierdas el interés? ¿Crees que ha disminuido el deseo porque no te ves tan atractivo? Desde luego, si quieres que las cosas mejoren, hay que poner sobre la mesa todo esto y poder reconducir la situación. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Por otro lado, cuando los miembros de la pareja no se ponen de acuerdo sobre cuándo tener sexo, una alternativa puede ser elegir qué día hacerlo. Quizá suene algo frío, pero el sexo planificado puede ser sumamente excitante. A ver… No es cuestión de hacer un cronograma o ponerse un horario. Basta con organizar una pequeña escapada o planear una cena romántica, es decir, buscar actividades que potencien vuestra intimidad y aviven la llama del deseo. No obstante, si vuestros problemas con respecto al deseo os están provocando un gran malestar y está repercutiendo en vuestra relación, lo recomendable es visitar a un profesional de la sexología. 

Cómo te afectan determinadas situaciones 

La rutina laboral, los conflictos familiares, los cambios corporales (pérdida o aumento de peso, menstruación, parto reciente, etc) o el estrés por algún acontecimiento en concreto (una época de exámenes, la enfermedad o muerte de un ser querido, la pérdida de un empleo, etc) pueden tener un impacto en la vida sexual de la pareja. Hablar de cómo os sentís ante estos hechos reforzará vuestro vínculo. Asimismo, evitará que se fomenten las inseguridades, por ejemplo, la creencia de que ya no le deseas o la sospecha de que se ha fijado en otra persona.

Fantasías sexuales 

Compartir aquello que permanece en el plano de nuestra imaginación puede ser muy excitante, incluso se puede dar la posibilidad de hacer realidad alguna fantasía sexual… Sin duda, esto es una oportunidad para explorar el erotismo y estimular la complicidad en la pareja. Pero, ¡ojo! Si queréis hacer realidad alguna fantasía sexual, vuestra motivación tiene que ser porque os apetece a ambos y no porque ‘lo quiero’ o ‘lo hago para evitar que se enfade”. 

También cabe valorar que confesar tu imaginario sexual puede conllevar algunos riesgos. Todas las personas tenemos derecho a tener nuestros propios secretos. Por tanto, si no quieres practicar una sinceridad radical porque temes herir a tu pareja, ten presente las líneas rojas. Por ejemplo, si una de tus fantasías sexuales es hacer un trío con su hermana o su mejor amigo y crees que saber eso podía molestarla, pues es mejor que lo evites, ¿no?

CN