Tengo 28 años y nunca he tenido pareja por mi miedo al compromiso

La inseguridad que aparece cuando te rompen el corazón puede frenarte a la hora de entrar una relación seria o, simplemente, abrirte y dejarte conocer

Nunca he tenido una relación. Ni siquiera durante más de un mes. En mi vida solo ha habido rollos pasajeros que eran potenciales parejas pero que jamás fueron más allá. Esta vez tengo cierta esperanza porque ahora, a los 28 años, creo que me ha llegado el momento. La esperanza ha aparecido después de conocerlo a él. Al principio solo me atraía su físico. No lo conocía pero mi curiosidad se había activado. El tiempo fue pasando y empezamos una amistad. Solo eso, nada más. Pero, poco a poco, mi interés fue aumentando: ¿y si es el indicado?

Nos reímos juntos. Me encanta cómo habla, cómo se mueve, todos los objetivos y los planes que tiene. Quiero que sea mi novio. Somos compatibles. Lo sé. Lo veo y estoy segura de que él también lo nota. Cuando superamos la fase del coqueteo y hablamos de quedar por primera vez solos. Soy un manojo de nervios. Pero heavy, eh. No me puedo estar quieta, se me caen las cosas de las manos, no se qué ponerme, quiero gritar y grito... Al final le digo que sí (por WhatsApp, claro) y luego caigo en lo que es posible que suceda. Mi ataque de nervios aumenta y ya no estoy segura de si me apetece ir a hacer nada. Ni siquiera sola y, encima, está él. Mi amiga me apoya y me dice que intente que los nervios no me atrapen en una espiral donde empezaré a buscar excusas que me impidan acudir a esta primera cita. La primera de mi vida.

Vínculo del terror

Cuando inicias una relación, del tipo que sea, das a conocer pequeñas pinceladas de tu personalidad. A veces, incluso, adoptas ciertos comportamientos (de forma inconsciente o no) según lo que el contexto requiera. Puedes ser más formal o más elocuente, puedes contar más o menos experiencias de tu vida o quizás adoptas una actitud que te mantiene al margen porque no quieres estar en riesgo de que sepan algo de ti. Este último comportamiento va ligado, al menos en parte, a las personas que tienen miedo al compromiso. Contar abiertamente recuerdos del pasado (dolorosos o no) o hablar de tus sentimientos es costoso porque crees que pueden ser utilizados en tu contra. Esta preocupación es una de las principales que tengo cuando llega el momento de pensar en formar una relación: ¿y si acaba riéndose de mí? ¿Y si lo que quiere es utilizarme? ¿Y si no soy lo que espera? 

Estos monstruos se presentan en personas concretas, sobre todo en aquellas que sienten inseguridad. Hay otras personas que son atacadas por este miedo pero su temor se centra en que, si acceden a empezar una relación, podrían estar en riesgo de perder su libertad. La libertad de estar con quienes quieran y de hacer lo que quieran en el momento que sea. Para estas personas una pareja es como una jaula. Carme Sánchez Martin, psicóloga y sexóloga clínica del Instituto de Urología Serrate & Ribal, explica que "para estas últimas personas, y a medida que pasan los años, el temor va en aumento ya que tienen que pasar de estar solxs a compartir su espacio y su tiempo. Dos comportamientos que pueden hacer que la persona se eche atrás".

La comodidad de la soledad

La comodidad puede ser una cárcel. Acostumbrarse a un estado durante tantos años hace que sea muy complicado salir de él. Cuando me planteo las posibilidades de un cambio tan amplio es decir que, después de esta primera cita, surja algo entre nosotros dos, me abruma un vértigo que no se de dónde nace. Tengo la sensación de estar asomándome a un abismo casi de forma obligatoria y no quiero mirar. Cuando pienso en esta metáfora me doy cuenta que hay implícita una sensación: la de la caída. Como si fuera imposible evitar el dolor. No tener pareja durante toda mi vida me ha permitido ciertos lujos pero también me ha quitado la posibilidad de hacer esas cosas que se hacen en una relación: que si dormir abrazados, que si descubrir sitios nuevos, viajes para dos... Y tiene pinta de ser muy guay. 

Como explica la experta, "el temor a los cambios es otra de las causas: aunque el cambio vaya a ser a positivo el hecho de no conocer el resultado puede generar el miedo". Estas personas están en un ámbito más cómodo sin ninguna alteración. Conocen su entorno, conocen los resultados de sus comportamientos y saben hasta dónde pueden llegar para no ponerse en riesgo. "Quienes no quieren enfrentarse al cambio tienen, incluso, miedo al éxito. Esa sensación de que algo puede ir bien les paraliza porque creen, además, que no será real. Otra de las causas de este miedo viene por no dejar de ser ellxs mismxs: piensan que al estar con otra persona en una relación, acabarán influenciadas por su manera de ser y tendrán que ceder ante ciertas circunstancias o situaciones", puntualiza Sánchez Martin.

¿Cuándo tenga que ser, será?

Cuando comparto con mi entorno más cercano mi situación no lo hago con extrañeza y, quienes ya me conocen, saben a qué atenerse. Están aquellxs que bromean con la idea de que "cuando tenga pareja, haremos una fiesta". Reconozco, después de varias charlas y al ver ciertas actitudes propias, que tengo intrínseco un temor que, en un punto concreto, me frena. Soy capaz de llegar hasta un momento del coqueteo y de una relación pero cuando hay que dar un paso más allá, intento no hacer nada y dejo que lo decida el fluir natural de los hechos o la otra persona. La experta explica que "para acabar con ese miedo lo primero que hay que hacer es identificar si tenemos creencias irracionales. Hay que saber qué es lo que nos sucede y ponerle un nombre. No se puede decir tengo miedo al compromiso, así de forma genérica, hay que intentar tener una descripción más concreta porque, de esta manera, sabremos cómo actuar".

Las creencias irracionales de las que habla Sánchez Martin han sido socialmente aprendidas porque, aunque varias de estas cuestiones no tienen sentido, han calado en nosotrxs, están presentes en nuestra forma de pensar, en todo el imaginario colectivo. Esto hace que frases como "en una pareja hay que darlo todo" nos hagan pensar que no existe otra fórmula de construir una relación. "Cuando tenemos todas estas creencias insertadas el trabajo es mayor porque para superar los miedos tienes que hacer una reevaluación y saber qué pensamientos son propios y cuáles son externos", puntualiza la psicóloga y añade: "Para salir de este temor también hay que hacer un repaso por la experiencia pasada. Debe ser un repaso consciente y profundo (muchas veces requiere la ayuda de un profesional que pueda guiar) para poder detectar si ha existido una experiencia traumática, no ya en unx mismx sino en el entorno".

Así pues la relación que hayan tenido los padres también puede haber influenciado en la concepción sobre el compromiso e incluso la de otros familiares o amistades. A veces, de forma natural, creemos que nuestra relación tiene que ser como la de los demás y esto puede causar inestabilidad u objetivos falsos. Cada persona en cada momento también decide qué tipo de relación quiere y puede tener. Es fácil comprender los consejos pero también sé que es un trabajo propio, de cada día y que consiste, además, en bajar los ideales a la tierra y entender que las relaciones con los demás pueden, también, encauzarse por donde a mí me hagan sentir bien.