Después de una traición ya no vuelves a querer igual

Cuando te hieren es normal pasar las dos fases de confianza tóxica: la ciega y la sospecha. Superarlas es un paso más en el duelo

Cualquier tipo de relación se construye sobre la confianza. Sea una relación monógama, poliamorosa o abierta, debéis tener creer el uno en el otro: si es monógama, saber que no se acostará con otros. Si es abierta o poliamorosa, saber que respetará todas las reglas que hayáis puesto en vuestro amor. Y no solo en relaciones amorosas. Entre amigos, familiares y compañeros de trabajo todo se basa en la confianza. En saber que no irá por detrás, que no te intentará traicionar, que no confabulará contra ti, y que nunca tomará una decisión que vaya a hacerte daño.

“Una traición a la confianza se paga con ansiedad y resentimiento. No hay mayor soledad que la que viene después de sentirte traicionado por un ser querido”, explica el psicólogo Steven Stosny en Psychology Today. Y después de sufrirla se suele reaccionar de dos formas, muy tóxicas, que sirven como mecanismo de defensa: la confianza ciega y la sospecha constante.

La primera, la confianza ciega, hace que nos aferremos a alguien de forma casi enfermiza teniendo, o no, pruebas de que nuestra confianza será recíproca. Es decir, como estamos dolidxs, nos enganchamos a alguien en quien ponemos todas nuestras expectativas, porque será más fácil evitar sufrir si solo confiamos en una persona. No confiamos en él/ella porque sea una persona digna de confianza, sino porque así pensamos que sufriremos menos dudas, ansiedad y soledad. Por supuesto, esto puede girarse en tu contra: si esa persona te hace daño, tu mundo, el que has esculpido a su alrededor, se derrumbará.

La segunda es la sospecha constante. El nombre ya lo dice todo: ver traición por todos lados. Como alguien te hizo daño y no lo superaste, crees que todos van a actuar igual. Te mantiene en un ansioso estado de hipervigilancia que, ante cualquier duda, te hace pensar mal. “Yo nos soy desconfiadx, soy precavidx”, dirán, ante cualquier tipo de crítica. No, lo que estás es dolidx. Y eso hace que no puedas construir relaciones reales.

Es normal pasar por estas etapas. Pero es necesario superarlas para llegar al escario ideal, cuando después de una ruptura de tu confianza comprendes que esta vez el daño te lo han hecho a ti, pero que tú podrías haberlo hecho también. “Tristemente, la mayoría acabaremos traicionando”, recuerda Stosny. Al fin y al cabo, muchas opciones te ponen en una encrucijada y a veces tienes que escoger entre hacer daño a unos o a otros. La cosa es, al final, no hacerlo queriendo y mostrarte arrepentido del dolor causado aunque creas que tomaste la decisión correcta.

Al final, concluye que lo mejor que puede sucedernos es que nos hagan daño y rompan nuestra confianza. Porque entonces nos toparemos con la experiencia más real de la vida: las buenas personas también hacen daño. Y esa es la clave. Perdonar a alguien (pero de verdad, no con el "perdono pero no olvido") es el mayor acto de confianza, entender que la gracia de confiar en alguien es saber que muy probablemente os haréis daño mutuamente, pero que no es queriendo y que, a pesar de eso, queréis seguir en vuestras respectivas vidas (aunque, por ejemplo, si te ponen los cuernos, perdonar no tiene por qué ser volver a salir juntxs. Quizá perdonar es mantener esa persona en tu vida como amigos, o con cariño, entendiendo que tuvo sus motivos para hacerlo y no guardarle rencor, pero sin volver a tener una relación porque si te engañó es porque algo fallaba entre vosotros. Hay muchas formas de perdón y de confiar en los demás).

“Después de que te traicionen tu cerebro piensa todo el rato en volver a recuperar la confianza en alguien, en algo. Pero no sabe confiar del todo y entonces se frustra. El 'secreto' para volver a confiar es dejar de pensar en ello. Pero mientras estás heridx, estás obsesionadx con conseguirlo otra vez. A la vez, tus defensas no te dejan confiar plenamente, lo hacen solo durante un tiempo, y en cuanto ves algo ‘sospechoso’, vuelves a desconfiar. Y cada vez que desconfías, es más difícil volver a confiar de forma plena en alguien”, añade el psicólogo.

Tras una traición, no se vuelve a querer con inocencia, pero sí con madurez, aprendiendo a perdonar cuando es necesario y a no idealizar. Y por eso es tan necesario salir de los estados de confianza ciega o sospecha constante, porque entonces será cuando entendamos que la confianza se gana y se pierde constantemente, pero la gracia está en ser siempre la mejor persona que podamos ser para que, después de cualquier ruptura de la confianza, puedan volver a depositarla en nosotros. Porque pasará, y aferrarse a una confianza irrompible es una fantasía que solo te traerá dolor. Como afirma Stosny, “todo el mundo nos herirá, pero así es la vida”, y toca aceptarlo, perdonar y tratar con justicia y bondad a los que nos rodean.

CN