La serie 'Pure' muestra uno de los TOC más silenciados

La serie ‘Pure’ cuenta la historia de Marnie, una joven con un Trastorno Obsesivo Compulsivo y no puede dejar de tener imágenes sobre personas desnudas que tienen relaciones sexuales

“A los 14 años empecé a tener pensamientos sobre sexo. Pero no sobre sexo que diríamos convencional, (sino) sexo que consideraba muy turbio y raro. Imágenes que te paralizan. Es como El sexto sentido pero no veo a personas muertas, veo a personas desnudas. He convertido en mi mente un montón de situaciones en lo que sería una guarrería: orgías en el metro, incesto, imágenes con niños… No me había pasado con mi familia. Hasta que así ocurrió”. La serie Pure, (Filmin), cuenta la historia de Marnie, una joven que padece Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) puro con pensamientos intrusivos de carácter sexual.

La historia está basada en hechos reales. Es lo que vivió Rose Cartwright y que cuenta en su autobiografía Pure, la cual es la versión larga de un ensayo que la misma autora publicó en The Guardian en el año 2013, bajo un seudónimo. El trastorno comenzó a sus 14 años con una imagen que la avergonzaba: se imaginó repetitivamente a un bebé desnudo mientras cenaba brócoli con su familia. Esto casi hizo que se ahogara porque pensó que podía ser una pedófila

La huida del cuerpo por la mente

La serie comienza cuando Marnie tiene 24 años. Está celebrando el aniversario de boda de sus padres. Jamás había tenido pensamientos intrusivos sexuales con ellos. Hasta aquella celebración. En un momento de nervios se desató en su mente una enorme orgía en la que sus padres eran los protagonistas. El momento del caos mental es tan progresivo que el agobio que siente la joven parece traspasar la pantalla. En ese instante decide salir corriendo de su pueblo natal situado en Escocia para mudarse a Londres, un lugar en el que puede ser una completa desconocida y empezar de cero. Huir de aquel pueblo donde todo el mundo la conoce es, para ella, la mejor forma ‘curarse’ de algo que tacha como malo. Y eso le sucede porque no tiene ni idea de lo que le pasa.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Los afectados por un TOC, en muchas ocasiones, luchan contra sus pensamientos intrusivos de una forma externa, visible. Por ejemplo repiten rituales como contar números o lavarse las manos una y otra vez. Sin embargo, el TOC puro, el que vivió la autora, no es visible para los demás. Esto hace que sea muy complicado de identificar y, por tanto, mucho más difícil de tratar. Quienes lo padecen se torturan creyendo que algo no funciona bien en ellos y, como la vergüenza o el miedo al rechazo son tan grandes, no se ven capaces de compartirlo con nadie. En el ensayo que la autora publica en The Guardian se explica que una estimación de la cifra de personas con TOC puro dice que solamente la padece un 1% de la población mundial. Estas cifras no pueden ser certeras al 100% porque muchas personas que lo tienen ni siquiera lo saben. Y si sospechan que algo no va bien por dichos pensamientos, no lo compartirían.

“El TOC puro intrusivo de carácter sexual estaría dentro de las obsesiones que llamamos de contenidos prohibidos. Estos incluyen la idea, también, de poder agredir o hacer daño a alguien”, explica Carme Sánchez Martin, psicóloga y sexóloga clínica del Instituto de Urología Serrate & Ribal. Además, añade, “a esas preocupaciones o a esos pensamientos inaceptables sobre sexualidad se les une directamente la sensación de ansiedad. Esto ocurre primero, porque se desconoce el origen y lo que le ocurre a nuestra mente y, segundo, porque llegan las dudas y, por tanto, la culpabilidad. El temor al rechazo social es un germen de esta cuestión. A partir de ahí se pueden desarrollar conductas compulsivas que buscan resolverse buscando pensamientos alternativos o a través del aislamiento. La persona prefiere aislarse y el problema, de esta manera, podría llegar a crecer mucho más”.

La angustia de quien no agrada

Instalada en Londres en casa de una vieja amiga que la acoge por plena soledad y de forma caritativa, la protagonista empieza a caer en decepciones involuntarias hacia todas las personas que la rodean y que le otorgan su bondad. No se trata de un comportamiento buscado sino solamente causado por la obsesión tan grande —a veces incluso cansina— que le provoca la incertidumbre de sus pensamientos a los que aún no les pone nombre y por lo cual es incapaz de compartirlo con nadie. Esta situación se alarga durante algunos capítulos en los que el espectador solo desea (muy fuertemente) que ella se arme de valentía y confíe en hablar de lo que le pasa. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

This time two years ago shooting Pure 🌪 @channel4

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“Cuanto más intentaba dejar de pensar en la imagen, más rápido parpadeaba. Acerqué mis muslos a mi pecho y presioné las cuencas de mis ojos con fuerza contra mis rodillas, respirando con dificultad para que mi mente se calmara”, escribe Cartwright en su ensayo, para explicar cómo buscaba apagar sus pensamientos aislada y en silencio. “Al TOC intrusivo de carácter sexual se le añade el criterio moral, esa presión social que existe y ese miedo continuo al rechazo. Esto provoca un sentimiento de culpabilidad enorme, más sensación de incertidumbre y mucha más ansiedad. Esto no hace sino reforzar el TOC. La persona se siente aislada”, apunta la psicóloga.

La experta comparte que un paciente vive una situación similar. Se trata de un chico que, como ella explica, es encantador pero llevaba mucho tiempo con pensamientos que iban encaminados a hacer daño a su familia. Todo ocurría en su mente pero esto lo atemorizaba. Finalmente decidió compartirlo con su madre y ambos buscaron ayuda. Pero el secreto suele perseguir a este tipo de trastornos porque, ¿cómo le explicas a tus padres que piensas en agredirlos? O, ¿cómo les cuentas que tienes imágenes en los que practicas sexo con bebés? Si te lo planteas en carne propia quizás no dirías nada, quizás permanecerías en silencio durante toda tu vida e intentarías lidiar con ello de la mejor manera posible. Esto hace que muchas personas que lo sufren a veces tengan pensamientos relacionados con el suicidio, ya que no encuentran otra forma de desconectar su mente.

Cómo llegar a la calma

La serie es un viaje emocionante. La angustia y la ansiedad son explicadas visualmente de una forma extraordinaria, la música, los sonidos y la rapidez de los planos te hacen hundirte en el guión y en la sucesión de los acontecimientos como si los vivieras en carne propia. Se trata de una primera temporada de seis capítulos de 35 minutos perfectamente exprimidos. Entiendo que de ahí nace su éxito, además de poner sobre la mesa un trastorno poco conocido en la piel de una mujer blanca cisgénero obsesiva y casi desagradable que, en el fondo y con crítica, parece gustar y hacer que la serie triunfe. Lo mismo ocurría en series como Girls o Fleabag. Más allá de la lectura televisiva actual, lo interesante está en poner voz a un tipo de TOC tan invisibilizado, ya que si alguien lo padece y está inmerso en la incertidumbre puede encontrar ciertas respuestas entre las cuales la ideal es compartir lo que te ocurre. 

En el artículo de The Guardian la autora menciona diferentes terapias. La que mejor le funciona es la disposición y la prevención de respuesta, un método que los psicólogos trabajan para que esos pensamientos no se trasladen a la realidad. Carme Sánchez explica que en algunos casos se puede recurrir a fármacos, pero lo más efectivo es un programa que consiste en identificar en qué situaciones se producen las imágenes en la cabeza del paciente, para ver si son consecuencia de un estímulo interno o externo, y se bloquean los rituales (como lavarse las manos o cerrar puertas constantemente), en caso de que también se produzcan. "Esto debería ir en combinación con la terapia cognitivo-conductual que cosiste en modificar el significado de los pensamientos y la fusión pensamiento-acción”, explica.

Por otro lado, empeñarse en escapar de los pensamientos no deseados refuerza su importancia para el cerebro no consciente y alimenta el círculo vicioso, según explica el doctor Steven Phillipson, experto en TOC y autor del libro Pensar lo impensable. Por eso, cualquiera de estas intrusiones mentales tan incomprensibles debería ser compartida con un especialista y hablar de ello. No hay un guía para hacerlo. Cada unx debe encontrar su manera. Lo importante es no aislarse y no tacharse, sino abrazar lo que le ocurre a la mente entendiendo que su lugar es la conciencia y no la realidad

CN