Técnicas para escapar de un pensamiento que no deja de torturarte

Por ejemplo, entender que todos tus enfados tienen un problema de fondo, y que es eso lo que te raya

Es muy fácil quedarse atrapadx en un mal comentario, experiencia o sentimiento. Esas cosas negativas que entran en tu cabeza y no se van. Ya sea que tu ex, ese que tenías superadx, tiene nueva pareja. O un pensamiento invasivo sobre tu aspecto. O una cosa que te ha salido mal y no te sacas de la mente. O un mal comentario de un amigo que te ha sentado mal. Pensamientos que se repiten de forma cíclica de tu mente y no se van.

A todxs nos ha sucedido, y no siempre tenemos las herramientas para pasar página y volver a pensar en otros temas menos obsesivos. Por eso, la psicóloga Donna Jackson ha hecho una lista con varias ideas que te ayudarán a borrar de tu mente esos pensamientos que te están devorando por dentro.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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1. Espera. Nunca respondas ni reacciones de forma inmediata: siempre que algo te moleste, dale tiempo. Responder en caliente nunca es buena idea, porque luego te arrepentirás de lo que has dicho y se hará la bola más grande. Reflexiona: ¿por qué te ha molestado? Y una vez lo sepas (puede ser que su comentario fuera ofensivo, pero quizá te molestó porque tocó la fibra y te dijo algo que tienes dentro y que todavía no has tratado), actúa (o no).

Un truco que propone la psicóloga es la norma de los 90 segundos del neuropsiquiatra Dan Siegel, que asegura que necesitan 90 segundos para salir de un estado de ánimo. Así que esperando ese tiempo y tomando 15 respiraciones profundas, las emociones más nocivas, rápidas y fuertes, desaparecerán y volverás a ganar control sobre tu ciclo de pensamientos, para tomar mejores decisiones.

2. Aléjate del juego de la culpa. ¿Quién tiene la culpa del enfado? ¿Quién es el culpable del malestar, de la discusión? Pues seguramente fue unx. Pero quizá antes de eso la culpa fue tuya. Y quizá la anterior fue de otrx. La culpa es un efecto dominó, y los malentendidos y las cosas malas suceden como una cadena de acciones donde todos tenemos responsabilidades. No busques culpables, busca soluciones. Eso es lo que hará que el problema se vaya, y no señalar con el dedo.

2. No intentes comprender a los demás. Imagínate que tienes complejos muy profundos con, pongamos, tus piernas, porque una vez se rieron de ellas. Y que alguien te dice algo sobre tus piernas, de buena fe, y te enfadas muchísimo. Si intentasen entender lo personal que ha sido ese ataque, ¿podrían? No si no les cuentas tu historia, por qué su comentario te lo has tomado tan personal. Lo mismo con los demás: todos tenemos una mochila llena de experiencias y traumas que nadie puede entender, porque es muy personal. No intentes comprender por qué alguien actúa o reacciona de una forma concreta. Porque sin toda la información, nos equivocaremos.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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4. No puedes viajar en el tiempo. Parece obvio, pero no lo es. Los “y si hubiera hecho esto…” son uno de los pensamientos más tóxicos e invasivos que podemos tener. Destiérralos en cuanto aparezcan, con mucho esfuerzo, claro, pero destiérralos, porque no te ayudarán en nada más que en torturarte a ti mismx.

5. Resuelve las cosas de fondo. Cuando te estás comiendo la cabeza por una cosa, ¿cuál es el problema? ¿Este mal comentario que ha hecho que te rayes? No, según el profesor budista Norman Fischer, que cita Jackson, siempre hay un problema de fondo, y ese es el que hará que te comas la cabeza, que tus pensamientos destructivos entren en bucle y que todo se haga una bola. Antes de lidiar con el detonante de tus preocupaciones, resuelve eso que tienes dentro clavado como una espina, ya sea falta de autoestima, enfado, decepción vital, ansiedad... Normalmente, si algo te raya es porque hay un sentimiento mucho más profundo que tienes que tratar.

6. Tus pensamientos no son hechos. Es decir, lo que tú creas que ha pasado no tiene por qué ser lo que ha pasado. Si has tenido episodios de ansiedad, tensión, estrés o ira, lo sabrás: esas ideas de “no puedo hacerlo” y luego, oh, magia, ¡sí que pudiste! Pues tenlo siempre presente. Como dice el artículo: “estamos emocionalmente secuestrados y nuestros sentimientos son reales, pero no verdaderos”, y así quizá puedas salir de ello.

CN