¿Cómo reconectar con los nuestros en el mundo postpandémico?

Tres claves sencillas del mundo de la psicología pueden ayudarnos a recuperar esa chispa típica de la socialización real

Nunca habíamos pasado por esto. Nunca un virus nos habían aislado tanto como en el último año, y eso ha hecho que las redes sociales o las apps de mensajería instantánea sean muchas veces la forma más habitual de comunicarnos con los nuestros. Pero seguramente, habrás notado que no es suficiente, que falta esa chispa típica de la socialización real, eso que nos hace sentir que sobran los motivos para hacer que cada día valga la pena. Y para conseguirlo en el mundo postpandémico (que esperamos que por fin esté algo cerca), es crucial desprendernos de nuevos hábitos que nos han convertido en seres digitales demasiado individualizados y recordar tres claves sencillas que van de reconectar con los nuestros.

Primero de todo, aparca los mensajes de texto y recupera las llamadas siempre que puedas llamar. Así lo demostró un estudio de la Universidad de Wisconsin en el que un grupo de niñas debía solucionar problemas de mates delante de unos desconocidos. Como le pasaría a cualquiera de nosotros en una situación así de rara, eso aumentó sus niveles de estrés y lo que los frenó no fue hablar con sus madres a través de la mensajería instantánea, sino escuchar sus voces desde el otro lado del teléfono. Esto prueba que fueron sus voces lo que les transmitió calma o paz y que, en nuestro caso, deberíamos pasar más de compartir stickers tipo “A llorar a la llorería” en grupos de 10 personas contestando a loco y sin filtro y hacer una simple llamada a ese amigx que nos importa de verdad. Lo necesitamos más de lo que imaginamos.

En segundo lugar, si la voz de los nuestros nos transmite buenas sensaciones, también lo hará una de las cosas que tenemos ahora más prohibidas: los abrazos o el contacto físico en general. Prueba de ello es una investigación de la Universidad de Virginia en la cual un grupo de mujeres con pareja fueron alertadas sobre algo que no le gustaría a nadie: “En algún momento recibiréis una descarga eléctrica”.

Ante esta amenaza, se probó cómo reaccionaban cuando les cogía la mano su pareja, cuando lo hacía un desconocido o cuando no lo hacía nadie y, como era de esperar, el contacto, el calor o el apoyo del otro (llámalo como quieras) es lo que más redujo el estrés que generaba esa amenaza, sobre todo si confiaban en él o ella. Y en nuestro mundo postpandémico, esto se traduciría en volver a ser lo que siempre hemos sido recuperando gestos bonitos que nos definen, como abrazar todas las veces que haga falta a ese amigx que ya lleva tres ghostings en un mes. Está claro que, como seres sociales que somos, necesitamos a menudo esas palmaditas en la espalda que funcionan como un buen subidón, del mismo modo que necesitamos saber que podemos contar con los nuestros para lo bueno y lo malo. Un ejemplo de ello es un estudio que aborda cómo después de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial hubo personas que se desmoronaron y otras se mantuvieron más o menos bien.

Esto debe a que el primer grupo no contaba con un apoyo social sólido y el segundo sí. Tenía a su lado a personas que le animaban, le ayudaban a darle sentido a las cosas y a tener propósitos en tiempos difíciles para tener propósitos. Así que por muy grises que a veces sean tus días, recuerda, recuerda y recuerda a los que quieres que pueden contar contigo para todo. Ya sea para declararse, por fin, a su amor platónico de los 16 años, aprobar esa asignatura terrible de estadística o, simplemente, para vivir. Volvamos a vivir más.