Cómo reconducir los pensamientos obsesivos para ser más productivo

Los pensamientos improductivos pueden transformarse en pensamientos productivos gracias a un propósito

Brota un pensamiento. Intentas no hacerle demasiado caso, pero emerge de las profundidades una y otra vez, haciendo prácticamente imposible escapar de él. Lo escuchas. Y cuando quieres darte cuenta has permitido que el pensamiento se convierta en una película. Una que te cuenta que hay un problema. Una que enciende tu ansiedad y tus temores. Una que te exige una solución. Pero como cuenta en Psychology Today el psicoterapeuta Eric Maisel, "habiendo resuelto ese asunto, nos obsesionamos con el siguiente asunto trivial". Y nunca estás tranquilx. Son obsesiones improductivas que te están chupando la vida.

"Pierden nuestro precioso tiempo y ocupan nuestras neuronas finitas, robándonos su disponibilidad. Estos pensamientos nos presionan a comportarnos compulsivamente de formas que no nos ayudan. Nos volvemos hipervigilantes, nos asustamos fácilmente, somos propensos a enfermedades oportunistas, no podemos dormir y nos fatigamos fácilmente", añade este especialista. La relación de los mismos con la ansiedad es curiosa: la ansiedad dispara estos pensamientos repetitivos en nuestra mente y estos pensamientos repetitivos hacen crecer la ansiedad. Es un círculo vicioso del que resulta muy complicado salir.

¿Pero y si la solución no pasara por deshacerse de las obsesiones? ¿Y si el verdadero truco fuera convertir la obsesión improductiva en una obsesión productiva? Esta es la teoría principal de Maisel. En sus palabras, "no debemos temer las obsesiones simplemente porque nos someten a una presión no deseada, dan un toque compulsivo a nuestros comportamientos o de alguna manera nos incomodan y amenazan". Simplemente, dice, "deberíamos aprender a gestionarlas". Un enfoque bastante más esperanzador. A fin de cuentas, eliminar las obsesiones es prácticamente imposible en seres rumiadores como nosotros.

"Las obsesiones científicas conducen a las vacunas, las obsesiones artísticas a las sinfonías y las obsesiones humanitarias a la libertad y la justicia". El quid de la cuestión está, según cuenta el psicoterapeuta, en hallar una idea apasionante que capture verdaderamente tu atención "en lugar de pensar en un millón de cosas, lo que equivale a no pensar en nada y mantener solo un interés y un entusiasmo de bajo nivel por la vida". Vale, tienes tendencia a los pensamientos obsesivos, así que obsesiónate con algo interesante, de manera que esos pensamientos obsesivos giren en torno a ello y no en torno a tonterías sin sentido.

Porque la conducta obsesiva permanecerá ahí. ¿No tiene más sentido enfocarla a conseguir acabar ese libro que comenzaste a escribir hace unos meses o en recorrer todos los países de Europa que en pensar en cosas malas que podrían suceder pero que probablemente no ocurran nunca? Lo único que tienes que hacer, asegura Maisel, es "analizar tus propias obsesiones antes de entregarte a ellas para asegurarte de que cumplen con tus propios criterios de bondad y solidez". Si no los cumplen, si son retorcidas y malvadas, o frágiles y de corta vida, pasa de ellas y sigue buscando. Emplea esa energía obsesiva en algo que te haga feliz.