Por qué tienes la sensación de que por mucho que hables, esa persona no te escucha

Eso de que alguien no preste atención cuando tú estás contando algo puede ser bastante desmotivador y molesto pero ¿por qué se comportan así?

Que no nos escuchen verdaderamente cuando hablamos alguna que otra vez resulta bastante desmotivador, pero que no nos escuchen nunca de verdad puede tener graves consecuencias en nuestra estabilidad emocional, tal y como apunta la psicóloga clínica estadounidense Susan Heitler en un artículo para la web del medio especializado Psychology Today. En concreto, dice Heitler, "ser ignorado de forma consciente por alguien de importancia para nosotros puede invitar a la depresión" dado que "la depresión es, en algunos casos, un trastorno de poder" y el no ser escuchado nos desempodera completamente.

¿Pero cuáles son las principales razones por las que esa persona que tanto nos importa no nos escucha? Son diez, según la especialista. La primera de ellas se debe al sesgo de confirmación y la disonancia cognitiva. En palabras de Heitler, "tendemos a escuchar a las personas que expresan opiniones que son similares a las suyas", además de que juzgamos más severamente la opinión de personas con las que tenemos alguna clase de problema. La segunda de ellas es el narcicismo dado que "las posturas de 'yosiempretengolarazón' llevan a los individuos con tendencias narcicistas a hablar mucho y escuchar muy poco".

La tercera es la ira. Sí, la ira. Como apunta la experta, "cuanta más ira, mayor es la incapacidad de tomar nueva información". Un ejemplo muy claro es cuando estamos en mitad de una discusión y no queremos ni oír una palabra más de la otra persona. Algo similar ocurre con la desconfianza. Al parecer, explica Heitler, la desconfianza producida por una mala acción produce cierta cautela en la persona herida. De una forma más inconscientes o consciente, se encuentra menos predipuesta a escuchar lo que tenemos que decir. Y no solo lo importante. Por eso siempre debemos atender a ambas partes para entender qué ocurre.

Porque muchas veces la solución está en nosotros mismos. "Los oyentes tienden subjetivamente a reflejar la actitud de los oradores hacia ellos mismos", por lo que "si te escuchas a ti mismo es más probable que otros te escuchen", señala esta psicóloga. Del mismo modo, y esta sería la sexta razón, la agresividad en nuestro tono también puede desmotivar las ganas de escucharnos de los demás. Y lo mismo pasa con ciertas características de nuestra manera de hablar como una voz muy fuerte, una gran velocidad, una gran lentitud, un tono alzado al final de las frases o torpeza gramatical. 

La octava razón es cierto adoctrinamiento en nuestros mensajes. Después de todo, a la gente no le gusta que estemos todo el tiempo dando consejos de vida, salvo cuando los piden. "La información les permite a otros tomar sus propias decisiones. El consejo arriesga el sentido de empoderamiento personal de los demás", se explica Heitler. La novena son palabras y muletillas repetitivas irritantes. Algo más formal que de fondo. Lo contrario que la décima y última razón: "Otros no te escuchan porque te tratan de la manera en que los tratas". Al fin y al cabo, todos queremos ser escuchados. También ellos.