Tu primera relación tóxica es la que tienes con tus padres

Salimos tan heridos de la infancia que cuando encontramos a alguien que está en las mismas nos lanzamos sin pensar si estaos de verdad enamoradxs

Durante nuestra infancia queremos ser aquello que nuestra familia es. Somos del Barça o del Madrid, vemos la 5 o la 6, cerramos la puerta del baño o la dejamos abierta, saludamos con dos besos o con un abrazo, votamos a la izquierda o la derecha. Creemos que las normas que rigen nuestra casa son verdad universal. Esto es debido, además de al hecho de que no tenemos muchos más referentes, a la devoción innata de pensar, sentir y creer lo que ellxs nos enseñan a cambio de su cariño, atención, cobijo y comida. Nuestros padres y madres quieren sentir que tienen razón en aquello que hacen y dicen y tú, pequeñx e indefensx, quieres su cariño y cuidados. 

¡No os sintáis mal por haber sido racistas, machistas u homófobxs, lo erais por supervivencia! Mantener su ideología era nuestra moneda de cambio para seguir gustando a aquellxs que nos daban cuanto conocíamos. 

Por algún capricho de la naturaleza (llamado apego), estamos programados para contentar a nuestros padres/madres/referentes para que no nos abandonen. En el momento en el que sentimos rechazo por parte de nuestro progenitorxs nos entra un pánico terrible (al menos durante la infancia). No queremos perder el valor que han depositado sobre nosotrxs, aquellxs a lxs que “se lo debemos todo”.

Sí, sí, deber

¿Creías que solo le debías medio coche al banco y 100 euros a un amigo? Sorpresa, también le debes la vida a tus padres y eso te va a costar mucho más de pagar, mucho más que todas las horas extra que puedas llegar a hacer en tu trabajo. 

Esa sensación, la del deber, esta inoculada en nuestro interior, aunque no seamos plenamente conscientes de ello. Además, en muchas familias, esa deuda se alimenta y se va engordando con los años. Si en tu infancia tenías miedo de que te dejaran de lado, ahora los que tienen miedo a ser abandonados son ellxs. ¡Tanquilxs! Es natural, es el ciclo de la vida, ¿Todos hemos visto el Rey León, ¿no?

Pero la forma en la que cada familia gestiona esta co-dependecia es clave para todas las partes. Desgraciadamente para muchas, éste es un punto ciego y, por lo tanto, actúan desde una gigantesca miopía dejando a sus hijxs atrapados bajo su letargo. Vamos, cual gato encerrado en la tumba de su faraón. 

A todxs nos gustaría pensar que el amor de nuestros padres es limpio y puro, pero muchas veces viene envenenado por historias no resueltas de cada individuo (sus movidas). Puede que sientas que te compran, que te chantajean, que se victimizan, que te amenazan, que te manipulan, que te generan miedos e inseguridades, etc. Si en estas últimas líneas te has sentido identificadx tengo noticicas para ti: tus padres son yonkies de tu atención. Sí, sí, adictos a decidir por ti, a vivir su vida a través de ti, a cumplir su voluntad con tus acciones, a consumir tus años como si fueran suyos y, sobre todo, por encima de eso, a asegurarse que vas a seguir estando ahí, cueste lo que cueste, aunque ello implique tu felicidad. Harán todo lo posible para que te quedes a su lado, devolviéndoles toda esa atención que ellos te dieron (o no) cuando eras pequeñx, cuando no podías decidir sobre tu propia vida, en definitiva, cuando dependías de ellxs.

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Se nos llena la boca hablando de amores tóxicos y codependencia en nuestras relaciones de pareja, pero se nos olvida que también existe toxicidad y codependencia con nuestros padres y/o madres/referentes. Muchas son relaciones basadas en intereses personales, en el miedo en lugar del amor, en la posesión por encima de la libertad, en la imposición de una voluntad que deja fuera de juego a cualquier posibilidad que no sea la dictaminada. Se santifica la figura de la familia, sobretodo el de la madre, como si ello implicara alguna divinidad, como si no pudiéramos tener familias completamente neuróticas y madres que dan abrazos llenos de intenciones que lejos están del amor a su hijxs. 

Creemos de fábrica que nadie nos querrá como nos quieren nuestrxs padres y/o madres. Pero la realidad, es que ahí fuera hay muchxs como nosotrxs. Personas que han crecido lejos de un amor incondicional, que han conocido el mundo de la mano de padres y madres cegadxs por intereses que nada tenían que ver con nosotrxs

Y a veces ocurre que aparece alguien externo a todo lo que conocíamos hasta ahora y nos muestra algo que no habíamos sentido antes. Un amor altruista, un amor basado en dar sin esperar nada a cambio, nos ofrece la libertad para probar sin complejos, para crear sin miedo, para equivocarnos sin broncas, para cambiar sin humillaciones, parar ser quienes queramos, sin condiciones, sin discursos impuestos, ni caminos trazados. Y también ocurre, que a veces, cuando nos encontramos con algo diferente a lo que hemos visto toda nuestra vida, preferimos arrasar con ello antes que creer que merecemos ser amadxs.

Feliz San Valentín.