Por qué hay personas que inventarían cualquier excusa antes que pedir perdón

Los no apologistas vinculan pedir disculpas a su propio ego y lo ven como una derrota

El mundo se divide en dos tipos de personas: los que pueden decir “lo siento” sin problemas ni dramas y los que preferirán ser torturados toda la eternidad en el infierno antes que reconocer su culpa y pedir perdón. Es así y no hay muchas más vueltas que darle, sencillamente hay gente incapaz de disculparse y suelen ser maestros de las excusas y la manipulación para no reconocerlo. Es lo que en psicología se conoce como los “no apologistas” y, según un artículo de Psychology Today, el principal motivo de su incapacidad es el miedo a herir un ego mucho más frágil de lo que reconocen.

Sin embargo, este fenómeno psicológico tiene muchos más matices e implicaciones y es importante entender por qué algunas personas prefieren elaborar excusas complejísimas que simplemente tirar de humildad y decir un sencillo “lo siento”. A continuación se explican los 5 motivos, conscientes e inconscientes, más comunes por lo que los no apologistas jamás podrán reconocer sus errores.

1. Creen que el problema son ellos

Estas personas no distinguen entre un error o un mal acto de su propio carácter o forma de ser. Es decir, cuando se equivocan y las demás personas les recriminan piensan que lo que se está reprobando es su forma de ser en conjunto y no únicamente el acto o error. Esta forma tan extrema de pensar hace que, a sus ojos, el ejercicio de pedir disculpas sea lo más parecido a renunciar a su identidad y autoestima. Algo así como rebajarse o perder su dignidad cuando realmente es una virtud.

2. Sienten demasiada vergüenza

Muy relacionado con lo anterior, reconocer un error produce una vergüenza enorme a los no apologistas ya que en cierta forma sería reconocerse como inferiores respecto a la persona a la que se ha fallado. En este sentido, la vergüenza acaba por convertirse en una emoción que, en lugar de hacerles identificar sus conductas inapropiadas, les hace rechazar cualquier crítica de base ya que sienten que reconocerla es asumir que no son tan buenos como quien les juzga.

3. La disculpa es una debilidad

Lejos de ver el perdón como una manera de resolver conflictos interpersonales, los no apologistas lo ven como una oportunidad de reforzar su status o posición respecto a los demás e, incluso, de demostrar fortaleza. Es por ello que si finalmente son incapaces de justificar su error rápidamente echarán mano de historial para recordar a sus críticos todas las veces que ellos se equivocaron y no pidieron disculpas o que ellos tuvieron que ser los que les disculparon.

4. El otro siempre es más culpable

Para un no apologista disculparse es permitir que la otra persona se salga de rositas. Por ejemplo, si en una discusión de pareja surge cualquier problema esta persona pensará que reconocer el error sería exculpar automáticamente al otro cuando realmente es muy probable que ambos compartan parte de la culpa y que, seguramente, la otra persona lo único que desea es que ambos lo reconozcan y pasen página rápido.

5. Prefieren su ira que aceptar sus errores

Estas personas se sienten muy a gusto desde su ira o la distancia emocional porque les permiten refugiarse ante sus problemas y no tener que mirar hacia su interior. Creen firmemente que abandonar su actitud defensiva (a veces muy agresiva) significará que su vulnerabilidad quedará expuesta y que esto acabará por destruirle. Para ellos abrirse con otra persona y reconocer sus debilidades es una experiencia demasiado aterradora y no entienden su potencial liberador y empoderador.

CN