Perdonar no siempre es posible aunque te empeñes

Existe cierta presión social pero la realidad es que el mecanismo del perdón es demasiado complejo para ser una exigencia

Te habrás cansado de escucharlo en conversaciones, de verlo en posts de Instagram o de leerlo en libros de autoayuda. El tema del perdón y de perdonar a los demás es un clásico en el que siempre se descarga toda la responsabilidad en la persona que ha sido ofendida. Por lo visto, parece que tenemos una obligación moral de perdonar a la persona que le ha infligido dolor o sufrimiento. Desde la moral judeocristiana pasando por los discursos de la new age de tono orientalista acabando en las frases de Paulo Coelho o El Secreto, parece que se nos exija perdonar como condición indispensable para ser buenas personas o individuos sanos emocionalmente. “Si no perdonas no eres capaz de cerrar ciclos”, suele decirse asimilando el perdón a una especie de liberación.

Sin embargo, la realidad es que no siempre se puede perdonar y que no todo es perdonable. Como explica la psicóloga Mariana Bockarova en un artículo de Psychology Today, el mecanismo del perdón tiene una fuerte vinculación evolutiva y es el que nos ha permitido construir sociedades complejas y cohesionadas. El hecho de pedir perdón supone que la persona que ha obrado mal asume su responsabilidad y entiende el daño creado por medio de la empatía hacia la víctima. Si el sentimiento de arrepentimiento se muestra sincero y se asumen las consecuencias de los actos la persona agraviada podrá comprobar que el dolor se ha convertido en algo mutuo y tendrá más facilidades para perdonar. El problema surge cuando este arrepentimiento genuino no existe y nos resulta imposible pasarlo por alto.

“Si sentimos que no podemos perdonar sinceramente, entonces acabamos invadidos por la culpa y la vergüenza, nos sentirnos mal por no saber cómo perdonar o si somos capaces de hacerlo. De esta manera, caemos aún más en un estado de desesperación”, explica Bockarova quien añade que “en algunas situaciones, no es necesario perdonar, sobre todo porque el perdón es un fenómeno psicológico complejo, que involucra tanto factores situacionales como personales”. Es más, según los estudios del investigador Michael McCullough sobre el perdón, la capacidad real de perdonar de las personas está muy estrechamente ligada a sus personalidades. Es decir, sencillamente hay tipologías de personalidad que tienen mucha más facilidad para pasar página que otras. 

Pero, como admite la psicóloga, quizá no todo sea tan determinista y la situación sea el factor más determinante a la hora de dar o no el perdón. En los casos en los que se aprecia una verdadera malevolencia por parte de la persona que ha cometido la ofensa resulta realmente difícil perdonar puesto que ya no hay nada que rescatar, ninguna confianza o vínculo con la otra persona. Por tanto, es en estos casos de máximo dolor y cero remordimientos en los que cabe diferenciar entre la aceptación y el perdón. Se puede llegar a aceptar (y es lo recomendable) un acto de maldad hacia unx mismx, pero fingir o forzar que somos capaces de perdonarlo sería un acto de hipocresía y autoengaño totalmente contraproducente. 

“En la mayoría de los casos, el perdón es saludable, necesario y recomendado. A veces, sin embargo, hay más poder en no perdonar, en aprender de los encuentros de malevolencia, crecer y seguir adelante”, concluye Bockarova. Así que sabiendo que el consejo no es para todxs ni para todas las situaciones, lo realmente interesante es entender que no debemos sentirnos como seres egoístas y rencorosos si no somos capaces de perdonar y más bien deberíamos explorar los motivos por lo que el perdón se nos hace imposible. Solo así, aceptando que no somos seres perfectos ni vivimos en una sociedad perfecta, podremos liberarnos de un sentimiento de responsabilidad que será el verdadero freno para “cerrar ciclos” y continuar con nuestra vida con la lección aprendida.