El perdón te proporciona más satisfacción que la venganza

Es el único camino hacia la humanización que necesitas para pasar página

La venganza es uno de los placeres más sabrosos de tu menú. En el preciso instante en que se consuma, por unos medios u otros, un chute de satisfacción recorre cada una de tus neuronas. Estás en lo más alto. Aquí te querías ver. Ahí le querías ver. Tal como lo habías imaginado. Pero, según una nueva investigación publicada en la revista especializada Journal of Personality and Social Psychology, es un dulce envenenado: está rica y te hace sentir bien en el momento, pero en realidad no mejora tu situación en absoluto. Por el contrario, te mantiene deshumanizado durante más tiempo. Es como ponerte tú mismx la zancadilla.

Para descubrirlo, los investigadorxs sometieron a los participantes a una serie de ejercicios hipotéticos en los que eran víctimas de una ofensa por parte de un amigo. Como explica la propia autora de la investigación, en palabras de las que se hace eco Psychology Today, "el tratamiento frío y sin empatía puede hacer que las personas se sientan como objetos que carecen de atributos fundamentalmente humanos". Esa deshumanización sería el origen de los traumas. A partir de ahí, los participantes podían imaginarse perdonando al ofensor o vengándose de él de la manera que quisieran. Y los resultados fueron muy claros.

La venganza: un arma de doble filo

"Los investigadores encontraron que los participantes que imaginaban vengarse de su colega permanecían en un estado deshumanizado", mientras que "los participantes que imaginaron perdonar al colega se sintieron tan humanos como aquellos a los que no les ocurre ninguna ofensa", apunta en ese mismo artículo el psicólogo estadounidense Mark Travers. Eso implica un menor grado de emocionalidad y de inteligencia, así como un mayor grado de superficialidad, frialdad, animalidad y vacío. La venganza funcionaría por tanto como una espada de doble filo: haces daño a la otra persona, pero te haces aún más daño a ti.

El perdón, por su parte, puede devolverte todo eso que perdiste cuando te ofendieron. En palabras del propio Travers, "el perdón es un proceso transformador que implica liberar negatividad hacia el transgresor y posiblemente aumentar la positividad y los sentimientos de benevolencia hacia él". Es un acto moral de bondad. Y aunque te suene demasiado blandito, y a veces sientas que lo mejor sería marcarte un Tarantino, es el mejor camino que puedes tomar. Como añade este especialista, "las personas que perdonan sienten que han actuado de acuerdo con los valores morales, lo que les permite sentirse rehumanizados". No eres una bestia.

No dejes que nada se te enquiste

Pero las palabras son palabras y mantenerse fiel a esta actitud de perdón en el mundo real no siempre resulta sencillo. Por eso Travers te invita a hacerte una serie de preguntas que te faciliten el proceso: "¿Sientes que tienes una comprensión precisa de las acciones del transgresor y lo que les impulsó a hacer lo que hicieron? ¿Hay formas en las que puedas relacionarte y empatizar con sus acciones? ¿Has estado alguna vez en el otro extremo y recibiste el perdón? ¿Vale la pena invertir en tu relación con esa persona?". No se trata de olvidar lo que te hicieron. Simplemente de no dejar que se enquiste dentro de ti. No te hará feliz.