14 Películas Con Las Que Hemos Disfrutado Del Sabor De La Venganza

Dicen que la venganza es un plato que se sirve bien frío, pero el proceso de ejecución para nuestros planes maquiavélicos también nos pueden llevar hasta un éxtasis de emociones incontrolables. Reconozcámoslo, todos hemos sentido deseos vengativos en alguna ocasión, momentos donde solo pensamos en tomarnos la justicia por nuestra mano y saldar algunas cuentas pendientes. Como era de esperar, el mundo del cine no ha vivido ajeno a este apetito fuera de la ley y las películas donde los protagonistas han ‘sudado sangre’ para obtener su particular desquite, son un todo un clásico. Ya lo decía Hitchcock, la venganza es dulce y no engorda.

Todo surge por la creencia universal de un mal funcionamiento de la justicia y pensar que no es igual para todos, siempre con procesos ordinarios y, a la postre, inútiles. ¿Llamar a la policía o vengarnos por nuestra cuenta? ¿Denunciar en los juzgados o una vía alternativa? Diferenciando la ficción de la realidad, y sin pretender hacer apología de la vendetta, debemos admitir la capacidad de generar empatía que tienen algunos personajes en el cine. Especialmente los protagonistas que buscan vengar una violación, asesinato, secuestro o cualquier tipo de traición. ¿Es ético o tenemos una moral bastante laxa? Abrimos el debate con estas películas, eso sí, todo sin spoilers.


Asesinatos

Todas arrancan con un suceso, una acción (desafortunada o intencionada) donde algún personaje secundario es asesinado. El problema, que nuestro protagonista tiene una relación muy directa con esa muerte y no acepta la vía legal, ya que se siente traicionado por esta y el culpable sigue en la calle. Este sábado pasado triunfó Tarde para la ira en los Premios Goya gracias a una historia tan oscura como vengativa, una revancha de lo más violenta que también disfrutamos en Un ciudadano ejemplar.

En esta película Gerald Butler busca al verdadero responsable del asesinato de su mujer e hija, que sigue en libertad porque condenaron a una persona inocente. La justicia ordinaria no funcionó en este caso y, como espectadores, ardemos en deseos de ver cómo el protagonista intenta una ‘justa’ venganza. Con una estructura muy diferente y arriesgada, Christopher Nolan plantea otro tipo de vendetta en Memento, filme donde Leonard (Guy Pierce) ha perdido la memoria e intenta buscar a la persona que mató a su mujer. ¿Aciertan con estas decisiones? Seguimos con los ejemplos, porque todavía no hemos hablado de las consecuencias para los ejecutores.


Violaciones y ataques a mujeres

El título no deja lugar a la sorpresa, ya que Sin Perdón entra en los clásicos recientes de las venganzas. William Munny (Clint Eastwood) es un pistolero al que contratan un grupo de prostitutas para matar a dos hombres, acusados de cortar la cara y desfigurar a una compañera. El dilema sobre la justicia surge cuando comprobamos que el Sheriff (Gene Hackman) ha sido indulgente con esos hombres y no han recibido el castigo merecido.

Algo similar sucede en Monster, un filme basado en hechos reales donde conocemos la historia de Aileen Wuornos (Charlize Theron), una prostituta ejecutada en 2002 tras haber matado a seis personas. Ella alegó haber actuado en defensa propia, asesinando a esos hombres que la habían maltratado con violencia mientras ejercía su profesión. Sin llegar a esos extremos tan reales, este mismo año Isabelle Huppert nos ha embaucado en Elle con esa búsqueda de la venganza, decisión que toma después de haber sido asaltada violentamente en su propia casa.

No obstante, si hay una película (reciente) por excelencia sobre la vendetta femenina esa es Kill Bill, donde la actriz Uma Thurman intenta una revancha fascinante. Dirigida por Quentin Tarantino, podría haber entrado en asesinatos o traiciones, ya que la protagonista casi muere cuando ‘sus colegas’ intentan acabar con su vida. Ella es una asesina que pertenece a la banda de Bill (David Carradine) y, lógicamente, entre sus planes no está denunciar lo sucedido, por eso empatizamos fácilmente con su decisión, entendemos su mecanismo de venganza. En todos los casos hay un ataque físico y violento pero, ¿cómo lo veríamos si no los hubiera?


Traiciones y secuestros

Tanto en películas como Gone Girl, un thriller muy intenso donde arrancamos con la desaparición de una mujer, como en Prisoners, donde una niña es presuntamente secuestrada, la justicia todavía no ha tenido tiempo de actuar. Con una trama muy distinta, ambas nos van introduciendo la idea de que tan sólo podremos solucionar los problemas por nuestra cuenta, obviando las vías legales. Hemos vivido historias de todos los colores porque entendemos a Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet que busca su venganza a modo de musical, pero también a Django, el esclavo negro que quiere liberar a su mujer y de paso resarcirse con gran violencia del racismo extremo que se vivía antes de la Guerra Civil Americana.

La atracción por esta justicia poética es indudable y, sobra decir, que todos esperamos hasta el final de la película para ver si se cumple. Dan igual los motivos o los personajes, ya sea Mario Casas en Toro arreglando cuentas pendientes, Dustin Hoffman en Perros de Paja defendiendo a su mujer, o Min-sik Choi en Oldboy, esa maravilla surcoreana sobre un hombre que consigue sobrevivir a un secuestro. De hecho no hace falta irnos hasta el cine para entender el placer de una vendetta, porque España hace unos meses vivimos la polémica del ‘caranchoa’ que abrió debate: ¿era justo y necesario?

En ningún momento se pretende alabar o defender la violencia, tampoco justificar el llevar a cabo una venganza fuera de la ley, pero sí podemos aceptar nuestra empatía por ciertos personajes de ficción. Todos ellos han comprendido las consecuencias de sus acciones, aceptan que hay una injusticia superior a su quietud moral y por eso entendemos la laxitud en sus decisiones, aunque no sean legales. Dicho lo cual, y comprobada nuestra fascinación por la venganza, ¿es correcto llevarla a cabo o habría que confiar en la justicia ordinaria? Tal vez la ficción debería quedarse lejos de la realidad, aunque en Monster ocurrió de verdad y no hubo justicia por ninguno de los dos lados.