Por qué deberías dejar de reaccionar dramáticamente a todas las tonterías que te pasan

Los expertos insisten en que las reacciones exageradas nunca mejoran las situaciones que se enfrentan 

Los cambios de humor suelen ser comunes pero no deberían serlo hasta el punto de no poder controlar nuestras emociones. A veces podemos sentirnos enfadados, tristes o molestos por cosas que no tienen realmente importancia. De hecho, hay momentos donde está permitido explotar por culpa de estas sensaciones pero no siempre: a la larga, reaccionar de forma exagerada ante pequeñas situaciones puede generarnos estrés y frustración. Lo ideal es reconocer cuáles son los problemas realmente importantes y encontrar una forma constructiva de comunicarlos y de resolverlos. Así lo explica la doctora y psicoterapeuta Ilene S. Cohen en un artículo de Psychology Today.

La experta señala que reaccionar exageradamente no mejora la situación a la que nos enfrentamos, si no que "es más probable que, por lo general, la empeore". Este comportamiento puede ser creado por el estrés y, aunque en el momento de expresar lo que sentimos pareciera que se ha liberado cierta tensión, lo real es que la fuente de la frustración no se ha resuelto. “Lo que genera esta reacción es, paradójicamente, aún más estrés”, haciendo que nos instalemos dentro de un bucle del que no es posible salir. Hay que prestar atención a esta respuesta natural porque el hecho de que suceda puede ser el indicador de que existe un problema mayor y más profundo al que no podemos —o no deseamos— enfrentarnos.

En cada persona hay ciertos factores que pueden tener como resultado una reacción exagerada. Es esencial detectar esas causas para poder aprender a controlarnos a nosotros mismos y, por tanto, a nuestras emociones. Una vez detectado el desencadenante hay que ser consciente de él y tratar de responder con calma y positividad, sobre todo para calmar nuestro estrés y no contagiarlo a la persona relacionada con la situación. Si nos enfrentamos a través del diálogo y la tranquilidad será más fácil resolver lo que sea que sucede.

Los inconvenientes son inevitables. Muchos de ellos pueden nacer de tener ideas diferentes con otras personas, justamente por ello es necesario reflexionar sobre cómo reaccionamos. Si queremos implantar un cambio en nuestra forma de tomarnos las cosas y no llevarlo todo al ámbito personal debemos ver los sucesos con autocrítica, detectar qué nos llevó a reaccionar de forma exagerada y aprender de esas malas experiencias para no volver a repetir una situación que, al fin y al cabo, no nos benefició de ninguna manera.