Cómo hacer para que la opinión de los demás no te afecte

A pesar de que te gustaría ser apreciadx por todas las personas que conoces, debes aprender a que no te importe (al menos en gran medida) lo que lxs demás piensen u opinen de ti

Cuando conoces a alguien por primera vez es bastante normal que muestres lo mejor de ti. Seguramente esa otra persona también lo haga. De repente, es posible que tengáis un montón de cosas en común y que no haya nada que os haga debatir o tener un enfrentamiento de ideas. Pero esta no es la realidad, es más, puede que con el paso del tiempo vuestras opiniones cambien radicalmente y empecéis a caeros mal. Esto puede generar insatisfacción o frustración porque, por lo general, nuestra cultura nos ha enseñado que se complaciente es algo positivo. El libro de Ichiro Kishimi, Atrévete a no gustar, enseña cómo debemos independizarnos de la opinión ajena sin que tengamos que vivir al margen de lxs demás. La enseñanza del libro es que la gran mayoría de los problemas tienen que ver con las relaciones interpersonales y es por ello que si queremos liberarnos de esos problemas, la opinión de otras personas debe ser poco importante.

Alfred Adler, uno de los grandes referentes de la psicología, explica que “si una persona quiere liberarse de absolutamente todos sus problemas, lo único que puede hacer es vivir solo en el universo”. Esto no es posible, por ello es que la gran mayoría de los problemas aparecen al relacionarnos con otras personas. Puede ocurrir que sintamos que somos inferiores, la comparación siempre está presente cuando conoces a alguien. Muchas veces generamos expectativas y nos sentimos injustamente tratados si alguien a quien ayudamos o a quien queremos no nos corresponde como habíamos imaginado. Además, a veces de forma inconsciente, intentamos complacer a lxs demás para obtener su aprobación. Esto último es algo general que, en muchas ocasiones, se ha visto potenciado por el universo de las redes sociales.

Lo que sucede principalmente es que cuando alguien reacciona y nos corresponde con un acto amable a nuestras acciones, nos sentimos reconocidxs, si esto no sucede interpretamos que no hemos hecho nada o que lo que hemos hecho no vale. Este tipo de reacciones es un principal generador de problemas y malentendidos. Una de las principales razones por las que esto no debería ocurrir es porque cada persona tiene una forma diferente de expresar su amor y su gratitud, esto es algo que debemos tener en mente cuando generamos expectativas (algo bastante normal en todxs). La verdadera libertad incluye que no nos importe realmente caerle mal a otras personas, porque esto probablemente ocurra, ya solo por estadística.

Así que sí, el camino hacia la serenidad es dejar de preocuparnos por los pensamientos ajenos, especialmente si nos topamos con alguien que consideramos que no nos entiende. Si no lo hacemos de esta manera, empezamos a desear que lxs demás nos reconozcan y vivimos para satisfacer las expectativas de otros, con lo cual dejamos de ser libres. Es un trabajo que se realiza poco a poco, tomando consciencia de ello y detectando cuándo estamos actuando hacia lo que otrxs esperan.