Negging: esos supuestos halagos que te hunden en la miseria

Hay comentarios disfrazados de piropos que pueden afectar directamente a tu autoestima. Aprende a reconocerlos para protegerte

“¡Estás muy bien para la edad que tienes! ¡Nunca habría imaginado que tienes esos años!”, “eres demasiado buena para mí”, “te preparaste bastante bien” o “me gusta ese vestido, lo he visto en varias chicas. Debe estar de moda” son solo algunos ejemplos de lo que actualmente se conoce como negging. Se trata de comentarios aparentemente bienintencionados, pero que esconden mucho más de lo que te puedes imaginar.

Sí, seguro que estás pensando “otro neologismo más para nombrar algo que lleva existiendo años”. Y así es. El problema es que la era digital favorece que este tipo de prácticas para ligar aumenten mucho más. Al fin y al cabo, esconderse tras un móvil o un perfil social permite concederse “ciertas libertades”, además de traspasar ciertos límites relacionales. Por ello, para que no te tomen el pelo,  sepas a qué atenerte o qué intenciones tienen algunas personas, queremos explicarte en qué consiste esta técnica para ligar y cuáles son sus efectos.

Los orígenes oscuros del negging

El término negging tiene sus orígenes en los años 90 en las comunidades de artistas de la seducción, formadas fundamentalmente por coachs, que enseñaban a los hombres a ligar con discursos estrambóticos y técnicas que vendían como las claves más eficaces del ligoteo (aunque fueran lo más cutre del mundo).

La mayoría tenían tintes misóginos en sus discursos y en algunos casos fueron acusados de incitar a la violencia, especialmente psicológica, contra las mujeres. Incluso los más atrevidos se arriesgaron a hablar de la “seducción científica” que no tenía nada de científica por supuesto, sino que era más bien una magufada disfrazada de palabrería que quedaba bien, pero sin fundamento. Eso sí, captaba la atención.

La idea general en la que basaban estos personajes el arte de ligar era que al haber estado sometidas las mujeres durante años a los hombres, si estos querían seducirlas, tenían que aprender estrategias para manipularlas… Y así creó Erick von Markovick, más conocido como Mistery, la técnica del negging que definió como “un comentario negativo realizado con sutileza que lleva a bajar la guardia a la otra persona y cuestionarse su valor, aumentando el valor propio relativo”, según un artículo del New York Time.

Al leerlo parece ficción, pero nada más lejos de la realidad. Enseñar a ligar es todo un negocio, hay quien lo sabe y ha intentado aprovecharse al máximo de ello, como Mistery. De hecho, hasta el cine se hizo eco de este fenómeno. Películas como Magnolia de Tom Cruise o Hitch de Will Smith son algunos ejemplos de este pensamiento tan pobre, reduccionista, discriminativo y misógino.

Regalos contaminados...

Podríamos poner miles de ejemplos de negging. “Te queda bien ese pantalón, pero no creo que el gris sea tu color”, “tienes la tercera sonrisa más bonita que he visto hoy” , “en realidad pareces inteligente”... Se trata de regalos contaminados, halagos o cumplidos que incorporan una cualidad negativa, pero que nunca son un insulto. Y que tienen que ir en ese orden, porque si fuese al revés el efecto psicológico no sería el mismo.

Lo peor de todo es que el negging se sigue dando en la actualidad, aunque se desconozca su oscuro y sucio origen. Quizás de una forma más renovada, pero con las mismas intenciones. Y muchos ni siquiera son conscientes de que lo aplican, ya que forma parte de su repertorio de ligoteo. Eso sí, casi todos tienen en común una sensación de impotencia ante el coqueteo y una débil autoestima. Así, quien lo pone en marcha se coloca en una postura de superioridad y la víctima en escalones inferiores a través de mecanismos psicológicos que debilitan su seguridad. Esto conlleva a que para recuperar su autoestima, la víctima intentará agradar a la otra persona, haciendo en muchos casos lo ella desee y llegando a idealizarla. E incluso en los casos más extremos, si la relación sigue adelante, a depender de esa persona.

Esto sucede porque según una investigación realizada en 2003 por Gudjonsson y Sigurdsson mencionada en la revista Psychology today, las personas con menos autoestima son más complacientes con las demandas y solicitudes de los demás.

Así, este tipo de técnicas no funcionan con todo el mundo, por supuesto. Si se tiene una buena autoestima, seguridad personal y no se depende demasiado de la opinión de los demás, quien hace negging no tiene nada que hacer. De hecho, pueden desmontar su estrategia en un momento y poner ciertos límites o mandarlo a paseo. Ahora bien, las personas con baja autoestima sí son el blanco perfecto: su inseguridad, sus constantes dudas sobre sí mismas y lo que hacen les impiden defenderse de estas técnicas manipulatorias porque no perciben los ataques.

Autoestima + darse cuenta, las armas perfectas

Me gustaría poder decir que existen algunas estrategias más, pero lo cierto es que estas son las principales: autoestima y darse cuenta. Ambos aspectos corren por nuestra cuenta, no obstante el hecho de saber que existen este tipo de “técnicas” también es una gran ayuda. Asique si en algún momento viene quien te intenta piropear, pero a la vez te juzga y dice algo negativo de ti en plan “colegueo” o “broma”, te están haciendo negging o si te halagan, mientras te comparan con otras personas y se deja entrever un “pero” es muy probable que también. Incluso, si un día alguien te señala un aspecto sobre ti, como por ejemplo el color de tu pelo o el grosor de tus cejas, y después esto te influye hasta el punto de que te obsesionas con ello y te miras al espejo con desesperación… Mucho cuidado con lo que te dicen para encandilarte y con las vendas que te pones si la otra persona te llama la atención.

Al fin y al cabo, tipos de negging hay muchos, tantos como expertos en seducción científica o el arte de ligar, la cuestión es que tu valor como persona no se tambalee por los comentarios de los demás. No necesitas que te digan cuanto vales para creértelo, ni mucho menos que te den regalos contaminados que en un principio te restan valor, pero que te encadenan a una serie de actos que “falsamente” te hacen sentir mejor.