La razón por la que te sientes incómodo cada vez que te hacen un cumplido

Casi seguro que conocerás a varias personas a quienes les suceda esto, incluso puede que tú mismo seas una de ellas. Aceptar un piropo bien hecho a veces resulta más agobiante que recibir una crítica. En vez de ser el bálsamo prometido, ese comentario se convierte en una flecha que te genera ansiedad y te hace sentir avergonzado o incómodo. Porque no lo mereces, porque no es verdad que seas tan inteligente/guapo/bueno en tu trabajo o jugando al dominó, por poner un ejemplo. Da igual de lo que se trate, la cuestión es que tú no te percibes de esa forma.

Puede ser que, en los casos más extremos, el piropo te genere tal rechazo que incluso pienses que la otra persona no lo dice en serio. "Ni ellos se lo creen", te repites a ti mismo. Durante años, la psicología se ha centrado en el estudio de las emociones negativas, el malestar y los factores psicológicos nocivos para la salud. Sin embargo, se le ha dado poca importancia a las emociones y aspectos positivos de la personalidad, y es precisamente en ellos, o más bien en su carencia, donde está la clave del asunto que nos concierne.

Hemos hablado con Joaquín Tomás, doctor en psicología por la UB, para entender el mecanismo mental que hay detrás de este comportamiento. Para ello, nos ha explicado en primer lugar qué es la psicología positiva. "Esta corriente plantea la importancia que tienen en la modulación de la conducta y las emociones humanas los aspectos positivos de la personalidad, tales como la autoestima, la autoeficacia o la resiliencia, entre otros", apunta Tomás a la vez que incide en la importancia de la autoestima: "es el elemento modulador básico del equilibrio emocional, en cuanto refleja la capacidad individual para hacer frente a los desafíos de la vida. La autoestima condiciona el autoconcepto y la receptividad a las críticas y evaluaciones de los demás".

Por tanto, si la autoestima afecta directamente a nuestro equilibrio emocional, es fácil entender por qué su carencia genera un desequilibrio que nos afecta negativamente y distorsiona nuestra realidad, nuestro filtro a las críticas o a los halagos. Dicho de otra forma, la interpretación que una persona hace de los comentarios ajenos depende de la interpretación que hace de sí misma. El valor que nos otorgamos, nuestro amor propio, está directamente relacionado con la forma de percibirnos, con la idea que tenemos sobre nosotros mismos —el autoconcepto— y, en última instancia, con cómo nos juzgamos en base a esta idea.

Por ello, de poco sirve que alguien te diga, con toda sinceridad, que esos pantalones te quedan genial si tú ya has decidido de antemano que te quedan mal, porque claro, ‘con ese culo tan gordo cómo te van a quedar’. Valga este ejemplo tonto para ilustrar lo importante que es cuidar la autoestima para no incurrir en este tipo de comportamientos insanos. Así que, dispuestos a combatirlos, se puede empezar por algo tan simple como tomar consciencia de por qué se tiene esa reacción ante un piropo. Hay que declararle la guerra a la baja autoestima y saber que ella es la culpable de la vergüenza o rechazo que te generan esos comentarios positivos.

Para ello, hay que trabajar la inteligencia emocional. El Dr. Tomás nos explica que este concepto se define como "un tipo de inteligencia que implica la habilidad para controlar las propias emociones y las de los demás, discriminar entre ellas y utilizar la información como guía de los pensamientos y acciones". Además, también destaca algo muy importante, y es que "las competencias emocionales se pueden mejorar mediante el entrenamiento de las tres habilidades que componen este tipo de inteligencia: atención emocional, claridad emocional y regulación emocional". Es decir, debes escucharte a ti mismo para poder identificar tus emociones, después, conocer su causa, qué las origina y, una vez etiquetadas, controlarlas en tu propio beneficio.