No te mueras sin tener un orgasmo

Que levanten la mano las que no sepan si han tenido alguna vez un orgasmo. Bien, pues no, no lo habéis tenido. No es algo que deje lugar a dudas, ni que pase desapercibido. No puedes haber tenido, tal vez, uno pequeñito, en algún momento, pero se te ha olvidado. Es como un parto. Si has parido, lo sabes y bajo ningún concepto lo vas a olvidar. Pues con el orgasmo igual solo que no te desgarra, ni te quita horas de sueño, ni te pide la paga semanal.

Una vez solventada esta incógnita, vayamos a por la segunda. No, no va a venir a ti cabalgando en un corcel blanco con la melena al viento cuando encuentres a ese hombre tierno y considerado que, a diferencia de tus anteriores amantes, se dedique en la cama única y exclusivamente a darte placer. Para alcanzar el orgasmo hay que salir a buscarlo. Ahora mismo te echas la saca al hombro, te bajas al sexshop del barrio, te compras un vibrador y te pones a la faena, que ya eres mayorcita para estar esperando a que un hombre venga a salvarte de tu miseria.

La sexualidad femenina es un drama. Si no estás traumatizada por alguna agresión sexual, como dicen estudios que están al menos el 12% de las mujeres, lo estarás por la educación que te han dado, o que no te han dado, o simplemente por la mentalidad que nos ha transmitido esta maravillosa sociedad en la que vivimos.

Pero vayamos por partes. Por si no te ha quedado claro, la clave para tener un orgasmo es la masturbación. No hay más tutía. Claro que hay algunas mujeres que consiguen correrse con la penetración o simultanear el orgasmo con su pareja, como en las películas de Hollywood, pero pensé que esas ya habían dejado de leer en el primer párrafo. Para las demás, tener un pene en la vagina es como tener un dedo en el oído. Sí, puede darte gustirrinín, te excitará la situación o la persona con la que estés, pero ya está, por mucho que frotes, de ahí no va a salir fuego. Si acaso te vas a quedar con una irritación de tres pares de narices, pero nada más.

Lo que hay que frotar es el famoso clítoris, ese bulto que está bajando desde el ombligo en línea recta nada más pasar la comisura de los labios vaginales y que no se encuentra, para nada, en la trayectoria del pene durante la penetración. Así que olvidémonos de penes por el momento y adentrémonos en el planeta clitoridiano, a ver qué pasa.

Es posible que cuando te decidas por un vibrador, le introduzcas la pila AA y apliques su rudimentario mecanismo contra tu clítoris: NO SUCEDA NADA. Que no tengas ninguna descarga de energía, ni veas las estrellas ni toques a dios con la punta de los dedos. También es posible que te sientas ridícula, avergonzada, que pienses “qué diría mi madre/padre/ex…” si me viera, y tengas la tentación de abandonar al cabo de 10 o 15 minutos.

A los 20, la vergüenza habrá aumentado de forma directamente proporcional a tu desesperación. “A lo mejor yo no soy capaz de tener un orgasmo”, puede ser tu diálogo mental o, “tal vez tenga un problema, a lo mejor el orgasmo no existe, o puede que lo haya tenido ya sin darme cuenta…”.

Pero la paciencia es la madre de la ciencia, y es imposible que tú aguantes ese vibrador ahí durante 45 minutos o incluso una hora y que no tengas un orgasmo, por muy dispersa que esté tu cabeza. Porque llega un momento en el que se produce un BOOOOOM, que se extiende por todo el cuerpo, da como un calambre hasta la punta de los pies, enciende las mejillas, acelera el corazón y provoca contracciones en los músculos de la vagina.

Pero una vez hayas alcanzado el primer orgasmo, no creas que será todo paz y después gloria. Para trasladarlo al sexo en pareja hay que aprender a verbalizarlo, a guiar a la otra persona hacia lo que te gusta, pero para hacerlo, primero te tienes que conocer a ti misma.

Eso ya lo descubrirás cuando hayas tenido ese maldito orgasmo que es ahora lo importante. También puedes decir: “no, pero si yo tengo pareja, me tiene satisfecha, eso es para solteras desesperadas”, o “para qué me hace falta a mí eso”, o “si he vivido X años sin él, ¿por qué me hace falta?”.

La respuesta es, ¿qué pierdes por intentarlo? Ya dejamos que los hombres manejen nuestros gobiernos, nuestras empresas, decidan nuestros sueldos, nos esconden detrás de velos, nos encierren en casa, nos peguen, nos violen y nos maten. A ti que tienes suerte y no te han ablado el clítoris, por qué no usarlo y tener esos segundos en los que te olvidas de todo y en el mundo solo quedáis tu cuerpo y tú.