El miedo al "qué dirán" te convierte en un adicto en busca de aprobación

No dejes que la opinión que tienen los demás sobre ti se imponga en tu realidad

Un gran número de sueños se han quedado en salas de espera porque se dio importancia al criterio de los demás antes que al propio. “¿Qué pensarán de mí?”, “¿qué dirán mis amigos cuando se enteren?”, “¿seguirán igual conmigo?”, “¿cómo reaccionarán?” son algunas de las preguntas que rondan por la mente de los esclavos del que dirán. Miles y miles de cuestionamientos que la mayoría de las veces lo único que hacen es limitar y poner el freno a decisiones importantes, proyectos e ideas. 

A muchas personas les aterra no estar a la altura, que las tachen como raras o diferentes y hacer el ridículo, de ahí que tanteen la opinión de los demás. La pregunta es: ¿estar a la altura de qué? Porque preocuparse por lo que piensen los demás es algo común, sobre todo de las personas que nos importan, pero entregarles las llaves de nuestra vida para que sean ellos los que decidan qué es lo mejor para nosotros es otra historia.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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El problema es que muchos de nosotros lo hacemos: damos gran importancia al criterio de los demás, mientras olvidamos que esas opiniones son solo pensamientos creados a partir de sus experiencias y perspectiva de vida. Y así, casi sin querer, borramos muchas de nuestras ilusiones, perdemos la esperanza y en ocasiones quedamos estancados. ¿Por qué nos importa tanto que otras personas nos validen?

¿Qué esconde la pregunta?

Todos necesitamos ser aceptados por nuestro entorno y sentir que formamos parte de él, al fin y al cabo somos seres sociales: crecemos y nos desarrollamos en relación. Las valoraciones de los demás nos influyen y configuran parte de la imagen que tenemos de nosotros. Es por eso por lo que pequeñas dosis de aprobación social nos aportan seguridad porque de alguna forma nos envían el falso mensaje de “lo estás haciendo bien”.

Sin embargo, no podemos esclavizarnos a esto, ni dejarnos condicionar; más que nada porque entonces no estaremos viviendo nuestra vida, sino la de los demás. De hecho, detrás de este miedo tan común, está la baja autoestima, el temor a sentirse vulnerable, ser criticados, no aptos y en definitiva: ser rechazados o ninguneados y el miedo a sufrir, aunque al final se acabe sufriendo el doble. 

Supeditarse a la opinión de los demás conlleva el riesgo de ponerse en un segundo o incluso último lugar y dejar de ser uno mismo. Y esto aunque a corto plazo casi ni se note, a la larga genera un profundo sentimiento de insatisfacción: porque un buen día ocurre, despertamos y nos damos cuenta de que llevamos mucho tiempo sin ser nosotros y sin llevar la vida que realmente queremos. Es más, el problema puede agravarse cuando nos convertimos en “adictos” de la aprobación ajena y no damos ni un paso sin ella.

Depender de la opinión de los demás es concederles el poder de la dirección de nuestra vida y convertirnos en sus marionetas. De hecho, hasta nuestro estado de ánimo dependerá de ellos: si nos halagan y felicitan, nos sentiremos bien, pero si nos critican y desaprueban, nos sentiremos mal por no cumplir sus expectativas. Menuda trampa, ¿no?

Tu opinión es la primera

Pensar en el “qué dirán” es un arma de doble filo porque aunque no está mal consultar de vez en cuando a los demás, el peso de lo que nos digan puede limitarnos y frenar nuestros pasos. Seguro que si lo piensas, algunas vez que te ha pasado… La cuestión es que estar pendiente de las opiniones ajenas nos hace más sensibles a la ansiedad, además de situarnos en un estado de hipervigilancia total, pues continuamente chequeamos lo que vamos a hacer o decir para ver si cumple con lo “esperado” y esto puede llevarnos a la dependencia emocional.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Así, si queremos vivir una vida auténtica, si queremos ser nosotros, no podemos escondernos bajo disfraces y máscaras que muestren lo que los demás quieren, pero que oculten quiénes somos, pues así lo único que hacemos es entregarles la llave de nuestra valía personal. ¡Y qué difícil es ser quien uno no es! Además, actuar como los demás esperan no asegura 100% que siempre estén contentos. ¿O conoces a alguien al que nunca hayan criticado? Creo que no… Entonces, ¿qué temes? Es imposible evitar la desaprobación de quienes nos rodean y mucho menos de cambiar su visión del mundo por arte de magia. Quizás te venga bien practicar eso del importaculismo que está tan de moda ahora. O lo que es lo mismo, que te importe un culo la opinión, las acciones y los comportamientos de los demás -eso sí sin rozar el egoísmo y las faltas de respeto- porque fijarte en eso tampoco te va a dar la felicidad.

Lo más importante es lo que pienses sobre ti, lo que quieres, que definas tus criterios, tus posiciones, tus valores y los defiendas y, sobre todo, que te aceptes y te dejes de comparar con las vidas idílicas que se muestran continuamente en las redes sociales, películas y medios de comunicación. Si te hacen críticas, tómatelas como lo que son: otros puntos de vista, siempre y cuando estén hechas desde el respeto

Es imposible gustar a todo el mundo, grábatelo a fuego en tu mente. Y no tienes que llevarte bien con quien te hace daño y no te valora. Que te dé más igual. Ahora bien, si temes ser rechazado por alguien, quizás deberías dar una vuelta a esa relación y a tus miedos más profundos: ¿te aceptas tal y como eres? Aparentar ser quien no eres te acaba consumiendo poco a poco. No olvides que, como decía Les Brown: “la opinión de los demás sobre ti no tiene que convertirse en tu realidad”.

CN