El método Kaizen: metas pequeñísimas para sentir que vas bien

Si te pones objetivos alcanzables puedes superar lo que quieras, con ellos podrías controlar la desesperación o el agobio que sientes cuando ves que no estás siendo productivx

Desde hace casi más de dos meses nuestra vida, tal y como la conocíamos, dio un vuelco. El confinamiento nos demostró que no estábamos preparadxs para este tipo de situaciones adversas. Y es que el cerebro humano odia el cambio. Cuando algo así sucede, cuando aparece una novedad o un evento inesperado, se activa la región del cerebro responsable de controlar el miedo, la amígdala. Ante el miedo puedes tener varias respuestas: desde una huida, una pelea o una paralización. Los cambios para bien también nos generan miedo. El escritor Robert Maurer explica en su libro La manera Kaizen: un pequeño paso puede cambiar tu vida, que si te pones metas pequeñas no solo puedes controlar el miedo ante lo desconocido sino, además, sacarle partido.

La palabra kaizen es una palabra japonesa que significa 'mejora continua'. Desde siempre nos han enseñado que para generar un cambio real hay que ir a lo grande, hay que entregarse, trabajar duro, comprender el cambio, adaptarse ante cualquier adversidad... Es normal, por lo tanto, que nos cause miedo una situación que nos saque de lo que conocemos. Establecer esos grandes objetivos tiene una parte buena: eleva las expectativas que tenemos de nosotrxs mismxs, haciéndonos ir más allá para tener más fuerza y ser más capaces. No obstante puede no hacernos bien: al ver estas metas y estos cambios que van a suceder, la amígdala se activaría y estaríamos en riesgo de que el miedo nos controle, nos haga huir o nos paralice. No solo eso sino que, aunque logremos mantener el miedo bajo control, no es fácil mantener la constancia para alcanzar dicho objetivo: desaparece el entusiasmo inicial, la emoción y las metas se acumulan en una bolsa que pone "propósitos no conseguidos".

Hay un truco para salir de ello. Es aquí donde entra el método Kaizen. Sabiendo que es la amígdala la que se activa para provocarnos miedo, entendemos que lo ideal es no llamar su atención y que siga tranquila. Para ello, una vez entrado el cambio, por ejemplo en este confinamiento, debemos establecer metas pequeñas  que sean tan mínimas que nuestro cerebro no las vea como inalcanzables. Es un camino lento pero es un camino constante que no solo nos hace navegar por la novedad de forma más tranquila, sino que a la larga nos muestra que realmente hemos conseguido un cambio.

Y ahora, ¿cómo llevas a cabo esas pequeñas metas? Desde Psychology Today presentan una serie de ejemplos que pueden hacer que nos sintamos productivxs y que no harán que se activen nuestros miedos.

1. Si quieres hacer ejercicio y ponerte una rutina de deporte súper estricta no te ayuda, puedes caminar durante un minuto por tu casa o dar una vuelta a la manzana al día.

2. Si quieres leer más de lo que actualmente lees, lee una frase o una página de un libro al día. 

3. Si quieres meditar durante 30 minutos al día y no lo consigues, hazlo durante un minuto.

4. Si tu objetivo es levantarte más temprano, pon la alarma 10 minutos antes de lo habitual y no una hora antes de lo habitual.

5. Si quieres cambiar de trabajo pero no sabes cuál y la decisión te agobia, haz una lista de empleos soñados. Agrega uno el primer día y otro al día siguiente.

Escuchando estos objetivos quizás sientas que son realmente pequeños. Eso está bien. Es más probable que los consigas llevar a cabo de esta manera (e, incluso, una vez hayas empezado, quieras continuar). Cada vez que alcanzas un objetivo simple, estás yendo a la mejora, estás estableciendo pasos lentos que se pueden ver reforzados a la larga. Si consigues dar una vuelta a la manzana durante una semana, quizás la siguiente te veas capaz de alargar este tiempo, haciendo un recorrido más amplio. El cambio sucede al largo plazo y el miedo no nos ataca.

CN