Aumentar tu productividad: así deberías usar los 10 últimos minutos de trabajo

Ya está, se acabó. Atrás queda un día de duro trabajo o estudio. No hay ningún correo por contestar, capítulo por estudiar, dossier por revisar o llamada por hacer. O sí, pero quedará para hacerlo mañana. Ha llegado la hora de salir, el momento de dar carpetazo y huir de la oficina o la biblioteca. De despejar la mente y descansar. Mañana será otro día. Aunque de ti depende que arranque de la mejor posible, del mismo modo que está en tu mano poner el broche ideal a ocho horas –o más– de esfuerzo y dedicación.

Los expertos en organización y felicidad en el trabajo proponen una serie de acciones pensadas para cerrar la jornada del mejor modo, y que pueden condensarse en muy poco tiempo. Tan solo un pequeño fragmento de tu día para liberar al cerebro de las cadenas del trabajo y predisponerlo a enfrentar, con decisión, la próxima batalla. Esto es lo que debes hacer si quieres exprimir tu potencialidad y aumentar tu productividad. Y te bastarán 10 minutos para hacerlo.


Libera ese tiempo de citas y reuniones

Lo primero es despejarte. Apurar hasta el último minuto con reuniones y puestas en común resulta contraproducente, porque es imposible sacar rentabilidad a unos minutos en los que todos están pensando en las cervezas del after work. Por eso, lo más recomendable es evitar cualquier cita argumentando que prefieres afrontarlas a las primeras horas de la jornada, cuando tienes la mente despejada y la energía todavía intacta y por invertir.


Prepara una lista de tareas

Esos 10 minutos deben servir para coger papel y boli y, de forma tranquila, pensar en lo que has dejado por hacer y por dónde debes comenzar la ofensiva de mañana. Poner por escrito todas las tareas servirá para ordenarlas según su nivel de importancia y para lograr, de esta forma, contar con una agenda jerarquizada y acorde a todas las actividades que tendrás que atender al día siguiente.


Reflexiona sobre cualquier otro asunto

La mayoría de las actividades estarán ya pautadas pero seguro que, durante tantas horas, varias ideas y recuerdos han venido a tu cabeza. Así, una vez tengas elaborada esa lista de ‘tareas imprescindibles’, trata de completarla con los demás asuntos que han ido surgiendo de forma espontánea, para elaborar una enumeración de tareas realmente completa.


Cierra tu correo electrónico

No es momento de contestar ni de recibir más información. Esos 10 minutos están pensados para trascender y comenzar a desvincularte del trabajo, para hacer una transición de tu ‘yo’ laboral hacia tus horas de descanso. Por eso, cierra tu bandeja de entrada y, si así te quedas más tranquilo, establece un mensaje predeterminado en el que avises que contestarás mañana cuando emprendas la nueva jornada.


Organiza tu mesa

Eso te ayudará a organizar también tu mente. Durante el día habrás acumulado notas, papeles y habrás desplegado todo un arsenal de material de oficina, desde bolis hasta subrayadores, desde grapadoras a clips. Lo mejor será que distribuyas todo lo que has utilizado durante el día, para evitar además la sensación abrumadora de comenzar la siguiente jornada en medio de un desastre y para lograr, también, ganar el tiempo que de otra forma desperdiciarías buscando este u otro papel.


Reflexiona sobre tus logros del día

Pon tus proezas también por escrito. O dedícate, al menos, a repasarlas mentalmente. Eso reforzará tu ánimo y tu disposición a enfrentar otras actividades quizá más complicadas. Es una forma de darte a ti mismo palmadas en la espalda, de caer en la cuenta de que estás preparado para lidiar contra cualquier problema. Y una buena manera, además, de cerrar capítulos y de disfrutar del trabajo bien hecho.


Despídete de tus compañeros

Es la traca final. La amabilidad y la cercanía para con tus compañeros contribuirá a generar un ambiente más distendido, mientras consigues que todos se den por enterado que tú, por hoy, has dicho ‘basta’. Un simple ‘adiós’ pondrá el broche y hará que salgas por la puerta, ahora sí, plenamente desconectado.

Todo en 10 minutos, un tiempo que jamás será determinante para hacer nada realmente productivo y que, por el contrario, sí servirá para disfrutar de tus horas libres plenamente relajado, consciente de lo que deberás hacer al día siguiente y con la sensación de haber exprimido hasta el último segundo en la oficina o en la biblioteca. Y, entonces sí, podrás tomarte esa cervecita, horchata o lo que sea para celebrarlo.