Así es ser joven y tener dependencia emocional hacia tu pareja

"Mi ex y yo éramos uno, es como si yo me hubiese borrado a mí misma"

Cuando Sofía —nombre ficticio— llevaba unos dos años con su novio, no había día en el que se sintiera capaz de separarse de él. Incluso, cuando él se fue a vivir a Sevilla dormían juntos vía Skype y así, de algún modo, sentían que no estaban tan lejos el uno del otro. La dependencia que esta chica, de ahora 26 años, sentía hacía su pareja era tan desmesurada que, incluso, se resignó cuando un día le dijo que quería que se dieran un tiempo porque en la capital andaluza "había muchas chicas guapas" y quería tener relaciones sexuales con ellas. "Le dije que hiciera lo que quisiera, que le esperaría, porque yo no quería perderle", cuenta ahora que unos cuantos años la separan de esa experiencia y que se da cuenta de que, lo que en realidad tenía, era una relación tóxica.

Ella es una de las personas que han sufrido la dependencia emocional, un estado psicológico que consiste en la necesidad emocional excesiva que una persona manifiesta hacia otra  y que suele ocurrir entre parejas. "Necesita una muestra constante de afecto y atención. Además, es habitual que tenga miedo a la soledad o a perder a la persona de la cual es dependiente", explica el Director Clínico del Instituto Madrid de Psicología, Héctor Galván, al hablar de un miedo que se apoderó de Sofía. El mismo que le hizo permitir que su novio estuviera con otras chicas —aunque no le gustase la idea— y convivir con unos síntomas de la dependencia emocional que, al igual que ha ocurrido a otros jóvenes, no hicieron más que llenar su día a día de dificultades.

La rutina de un dependiente emocional

El objetivo de un dependiente emocionalmente es, según Galván, pasar más tiempo con la otra persona y hacer de esta el centro de su vida. Sin embargo, esto puede provocar, nada más y nada menos, que el afectado deje de lado partes fundamentales de su personalidad y su vida. Porque, como añade el experto, algunos de los síntomas son "tener actitudes controladoras —como escribir o llamar muchas veces— o ir dejando de lado sus actividades o aficiones o ver con menos frecuencia a amigos y familiares". Dicho de otro modo, puede alejarse de aquellas cosas que conformaban su vida antes de que el otro llegara, antes de que fueran dos.

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Algunos de los síntomas nombrados por el psicólogo también fueron parte de la rutina de Sandra —nombre ficticio— después de solo llevar un mes conociendo a un chico. Sin quererlo y sin apenas conocerle, esta joven de 26 años dejaba de ver a sus allegados, salía antes del trabajo por él y casi cada día le decía que quería verle. "Juraría no haber tenido una actitud controladora, pero mostrarle que quería que siempre estuviéramos juntos podría haberle dado una imagen controladora de mí", cuenta al hablar de otro de los indicios de una dependencia emocional que, en ocasiones, también le hacía sospechar de él.

Prueba de ello es que si, por ejemplo, terminaba cancelándole un plan porque estaba cansado, ella directamente pensaba que ya no le gustaba o que le estaba fallando. Cuando no conseguía verle podía pasarse mal todo un día y una noche, sentir falta de motivación para hacer planes o, incluso, dejar de lado las clases particulares que ofrecía a adolescentes en ese momento. Era como si, cuando no podían estar juntos, nada valiera la pena.

Y, por si todo eso fuera poco, su comportamiento no hizo más que perjudicar su estado de ánimo. Mientras ella pensaba que le mantendría siempre a su lado, lo único que consiguió es que, con el tiempo, se agobiara y se apartara de ella. Porque, como agrega Galván, "este tipo de actitudes pueden resultar asfixiantes para la otra persona, ya que el dependiente emocional no acepta que el otro pida su espacio". O, lo que es lo mismo, que en ocasiones necesite estar solo para echarla de menos y, de esto modo, construir una relación sana.

Mat Lambert

Como dejar de ser dependiente emocional

Puede que te hayas sentido identificad@ con estas líneas, ya que las personas con dependencia emocional suelen corresponder a un perfil bastante recurrente en nuestra sociedad. "Son personas que pudieron sentir abandono o falta de seguridad emocional en su infancia. También tienen un concepto negativo de sí mismos, la autoestima baja y necesidad de aprobación", cuenta el experto al hablar de una realidad con la que Sofía se siente parcialmente identificada.

Esto se debe a que cuando tenía 10 años, momento en el que acababa de mudarse a Tenerife y no tenía ningún amigo en el lugar, tuvo que dedicarse completamente al cuidado de su hermano pequeño porque su madre estaba enferma. "Aunque no estaba siendo atendida de la misma forma que antes por mis padres, entonces no interpreté que estuviese falta de cariño porque sabía que su comportamiento se debía a las circunstancias. No a que ellos quisieran", recuerda Sofía. Sin embargo, ahora cree que esa experiencia, junto con haber tenido siempre poca autoestima propició que pasados los años fuese inevitable depender al 100% de la compañía de otro para ser feliz.

"Mi ex y yo éramos uno, es como si yo me hubiese borrado a mí misma", dice sobre una dinámica que no tuvo intención de erradicar hasta que sus amigas dejaron de hablarle y, en consecuencia, se percató de todo lo que había hecho. Las había dejado de lado, se había distanciado de su familia, había faltado a clase y había hecho cosas que, si no hubiese conocido a ese chico, jamás habría protagonizado. Después le bastó con escuchar la opinión de sus amigos y de sus padres como nunca antes había hecho porque "estaba ciega", y así pudo apartarse para siempre del joven junto al cual se le escapó esa autonomía que le hacía sentirse viva.

Como recuerda Galván, "el primer paso para salir de la dependencia emocional es que la persona tome conciencia y comprenda su problema". Aunque, desde su punto de vista, también hay otra parte crucial que Sofía quizás debería haber empleado: la ayuda profesional. "Después será fundamental que el afectado trabaje con un psicólogo aspectos como la autonomía, mejorar la autoestima, aprender a afrontar los miedos y a defender sus propios derechos, voluntades y necesidades", insiste el especialistaPorque, si no preservamos esos elementos que constituyen nuestra persona, nada nos garantiza que no lleguemos a creer que estar con otra persona es más importante que nosotros mismos, que querer a otro estar por encima de nuestro amor propio. Y eso siempre será un error.