Identifica a las personas conflictivas para convivir con ellas sin herirte

Hay personas que parece que solo se sienten cómodas cuando discuten, cuando se enfrentan a otros y los desafían

Tener una relación con una persona adicta al conflicto no es nada fácil. Tan solo hace falta un comentario, un gesto o una palabra para que comience una disputa. Necesitan llevar la razón, imponer sus reglas y atacar a quien se convierte en el blanco de su objetivo. Con ellas, la tensión suele estar servida, así como cierta ansiedad o incluso un poco de estrés, pues aunque se sabe que tienden a explotar, no es tan fácil identificar cuál es la chispa que enciende la llama de su ira. Seguro que en este momento estás pensando en algún conocido. Veamos a continuación que les caracteriza y cómo puedes tratar con ellas cuando no te queda otra.

Características básicas

Las personas adictas al conflicto no tienen nada que ver con adolescentes rebeldes ni tampoco con las personas de mal carácter o gruñonas. Nos referimos a un perfil más concreto que caracteriza a aquellos que tienen como objetivo desestabilizar y crear disputas y a las que Bill Eddy, uno de los mayores especialistas en este tipo de comportamientos, se refiere como personalidades de alto conflicto o HCP. Se trata de personas desafiantes que proyectan su ira en los demás y que en general suelen presentar las siguientes características:

Pensamiento dicotómico (todo o nada). Sus pensamientos suelen tender al extremismo (todo o nada; blanco o negro) y a distorsionar los hechos, lo que configura una mentalidad muy rígida que impide la reflexión. Se limitan a responder de forma impulsiva, crítica y bastante agresiva cuando algo no les gusta o no se ajusta a sus expectativas.

Baja gestión emocional. Tienen poco autocontrol emocional, por lo que saltan a la primera de cambio, dan voces e intimidan si es necesario. Se dejan llevar por la ira, el resentimiento o el rencor. Es cierto que algunos sí pueden controlarse a nivel emocional, pero solo cuando tienen como objetivo manipular a los demás

Dificultades para empatizar. Al ser rígidos, el único punto de vista existente es el suyo, por lo que son bastante egocéntricos e incapaces de ponerse en el lugar del otro, algo que agrava las discusiones y los conflictos.

Baja resistencia a la frustración y buscadores de culpas. “Mis normas, mis reglas” podríamos decir que es su lema. Se frustran cuando las cosas no salen como ellos esperan y experimentan mucha rabia por ello, dos actitudes que los llevan a buscar culpables de lo que les ocurre. O sea, no existe ninguna probabilidad de que ellos puedan ser los responsables de algo. 

Comportamientos amenazantes y problemáticos. Suelen difundir rumores y mentiras y manifestar conductas continuadas de ofensa, dominación y humillación. 

Otro aspecto característico es que algunas personas de alto conflicto también tienen un trastorno de personalidad o al menos comparten algunos rasgos de estos. Además, son incapaces de reflexionar sobre su propio comportamiento y de cambiar, por muchos comentarios negativos que hayan recibido de los demás. Esto provoca que su resistencia aumente y se comporten de forma más extrema. Como ese amigo que se altera cuando le indicas que eso que ha dicho o hecho está mal porque hace daño y sigue más y más….

La realidad es que detrás de esta necesidad de conflicto y disputa, de esta máscara de fiera agresiva, existen un gran número de miedos. La persona está en guerra con ella misma, lo que ocurre es que no lo ve, no es capaz, y proyecta todo ese malestar hacia fuera. Eso sí, esto no quita que no se pongan ciertos límites e incluso que se eviten ciertas situaciones que estén relacionadas con ellas.

Cómo tratarlos

En muchos casos, estamos obligados a convivir con personalidades conflictivas, por ello es necesario tomar medidas adecuadas. Y la primera de ellas es saber identificarlas. Podemos fijarnos en tres aspectos:

Palabras. ¿Hablan en términos extremistas o de todo o nada? ¿La gente es mala o buena a sus ojos? ¿Culpan a otros de sus problemas? ¿Reflexionan sobre sí mismos? Y lo más importante: no te dejes impresionar por sus palabras bonitas, todo lo anterior puede ir disfrazado por ellas. 

Emociones. ¿Se suelen sentir incómodos y estar a la defensiva? ¿Sientes que tienes que justificarte ante ellos? ¿Sientes enfado hacia esa persona u otra sobre la que habéis hablado? Las personas de alto conflicto suelen reclutar defensores negativos para sí mismos para que peleen sus luchas y los defiendan. Si te sientes atrapado en una de sus batallas, ¡mantente al margen y no entres al trapo!

Comportamientos. ¿Intenta justificar constantemente sus comportamientos extremos con excusas como estar cansados o estresados o con decir que simplemente estaban respondiendo al comportamiento extremo de otra persona? ¿El 90% de las personas harían lo que ha hecho esa persona? Aquí mucho cuidado porque este tipo de personalidades pueden estar sin mostrarse varias semanas o meses, a no ser que estén en crisis o se los vea en una relación cercana.

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Y ahora, antes de saber cómo actuar, grábate a fuego lo siguiente: no intentes cambiar a esa persona, céntrate en modificar la forma en la que la respondes y evita tomar sus reacciones como algo personal, pues en realidad está en conflicto con ella misma. Por tanto, y en la medida de lo posible, no te desgastes dando explicaciones ni discutiendo con alguien que no escucha ni atiende a razones. O lo que es lo mismo no te dejes llevar por su tormenta, identifícala para desactivar el impacto que puedan tener en tí.

Para ello, conecta con esa persona con empatía, atención y respeto. Es decir, hazle saber que sabes lo que le ocurre, cómo se siente, qué es lo que no le parece bien y que te interesan sus inquietudes (“Dime más para entender el problema” / “Entiendo que estás frustrado y quiero ayudar”), pero bajo ningún concepto trates de “hacerles ver” su parte en el problema o que comprendan que lo hacen mal, porque no podrán y lo que es peor se lo tomarán como un ataque. Luego, trata de analizar las decisiones que puede tomar o preguntárselo a ella directamente, ya que esto evitará que se quede atrapada en las quejas del pasado porque su atención se dirigirá a lo que puede hacer y que se responsabilice de lo que ocurra, aunque no se dé cuenta. 

Si en algún momento contesta de forma hostil (algo que especialmente llevan a cabo por email y redes sociales), no discutas ni te defiendas; utiliza una respuesta BIFF (breve, informativa, amistosa y firme), como recomienda Bill Eddy. Así, sé breve (por lo general, un párrafo, aunque su discurso sea extenso); da información directa, en lugar de emociones, opiniones, defensas o argumentos, pues no se trata de ti, sino de ella que es incapaz de manejar emociones y respuestas; y sé cordial en el saludo. Y por último, establece límites: expresa lo que puedes o no puedes hacer y si estás en un contexto laboral, dile que hay una razón externa a vuestra relación para que se comporte de cierta manera.

Tratar con personas de alto conflicto puede ser muy difícil, pero la mayoría de ellos suelen responder cuando se utiliza lo que hemos mencionado. Al fin y al cabo, son personas que viven con una gran guerra interior, la clave está en no dejarse llevar por lo que dicen, es decir, no reaccionar a ello y cambiar la forma de responder a sus comportamientos, dándonos a respetar, manteniendo las distancias y estableciendo límites cuando sea necesario, pues nadie tiene que aguantar comportamientos desagradables ni faltas de respeto.