‘Hiraeth’ o por qué hay partes del pasado que echamos de menos

Se trata de un estado emocional que está directamente asociado a la nostalgia pero no sobre lo que ya hemos vivido, se trata de extrañar lo que nunca existió o pudo ser

Si ya no vives en el lugar donde te has criado o donde has nacido, seguramente seas capaz de imaginar lo que estamos a punto de contarte. Pero no es esta la única manera de entenderlo, existen varias formas de conectar con este estado emocional. Se denomina hiraeth y es un estado muy similar a la nostalgia. El término tiene origen galés pero se compara habitualmente con la palabra portuguesa saudade. A diferencia de saudade, hiraeth va más allá, es un sentimiento más profundo porque incluye echar de menos cosas que nunca llegaron a suceder pero que, sin embargo, deseamos que ocurrieran. Tiene relación, también, con echar de menos el hogar o dejar atrás a personas y espacios de los que tuvimos que alejarnos por obligación. Quizás sea fácil de entender si piensas en alguna de tus rupturas amorosas y te imaginas todos los planes que pudierais haber hecho juntxs pero que nunca pasaron. Es triste, ¿no?

Recuerdos que nunca fueron

“Según los galeses esta palabra no tiene traducción. No se puede expresar en palabras, solo el corazón la conoce, porque es como un tirón, como una herida que nunca termina de cerrarse del todo”, explican desde La Mente es Maravillosa. Esta nostalgia por lo que nunca pudo suceder también tiene un origen claro: muchas veces las personas estamos hechas de proyectos frustrados que tienen su base en las expectativas o los deseos tan grandes que algún momento tuvimos o creamos. Echar de menos está directamente relacionado con el pasado pero, si nos quedamos ahí, no seremos capaces de aceptar lo que ya pasó y mirar de frente al presente.

Este sentimiento ocurre cuando miras tu vida con perspectiva y haces un repaso de las vivencias o situaciones por las que has pasado. Es más, hay muchos pensadores profundos que sienten este tipo de anhelo cuando miran a las estrellas, como añorando algo que no ha pasado. Hay dos realidad que chocan directamente: las ganas de que pase junto a la imposibilidad de que ocurra. No es sencillo salir de ahí porque no está en nuestra mano cambiar el curso de las cosas. Es por ello que las personas, a veces, caemos en el error de querer forzar algo para que funcione. Cuando está en nuestra mano cambiarlo no nos importa apretar las tuercas, nuestras ganas son tan fuertes que nos da igual que fracase. Y al final, eso es lo que ocurre: que no sale bien.

La aceptación del pasado

La misma palabra en sí no encierra únicamente el dolor por lo que no pudo ser, también incluye la aceptación a gran escala. Aceptar que algo ha terminado o que algo nunca pudo ocurrir puede ser aún más doloroso. Es dejar ir algo que creíamos que podía ir bien. Hay algo más dentro de este término y por ello es difícil traducirlo. Los galeses explican que la nostalgia puede ser tan fuerte que se despierta el ansia por volver atrás. Sabes con certeza que nada (absolutamente nada) será como antes pero, aún así, quieres volver para recuperar lo que dejaste. Desde luego este término está relacionado con el eterno “y si…”, ese condicional que nos atrapa para recordarnos que, quizás, si hubiéramos hecho las cosas de otra manera, el presente sería distinto.

Ahora bien, ¿de qué nos sirve anclarnos ahí? Entendemos que está bien que exista esta añoranza porque es un sentimiento común que, en algún momento, seguramente hemos sentido en carne propia. A partir de entender que esto existe debemos aprender a movernos, a salirnos de ello, a seguir hacia delante porque la realidad es que no hay nada que puedas hacer para cambiarlo. Si te quedas ahí, acabarás sin energía y, sobre todo, te perderás todos los momentos maravillosos (y todas las personas maravillosas) que están ahora mismo a tu alrededor. Hay que dejar de mirar por el retrovisor y mirar por el cristal que tienes enfrente, la carretera es larga y seguramente traiga un montón de cosas nuevas.