La herencia emocional explica por qué a veces lloras sin sentido

Ahora entendemos un poco mejor porque queremos adoptar a cada perrito que vemos por la calle o porque nos ofende tanto el menosprecio hacia el compañerx de clase que siempre pilla

El típico amigx que no sabes por qué pero siempre está de dramitas, rompe a llorar porque su match de Tinder ha dejado de enviarle canciones bonitas. Ya es la tercera vez que pasa esta semana y tú reaccionas dándole un abrazo y recordándole que todo va a ir bien. Otrx amigx está tan harto de sus movidas que dice: “tranquiiiii”, mientras no aparta la mirada del móvil. Y unx tercerx le recuerda que la vida es demasiado corta para vivirla entre llantos, que tiene que pasar página ya y disfrutar de cada momento. La disparidad de reacciones ante una situación de este tipo no es porque sí, sino porque existe un fenómeno que condiciona nuestras emociones desde nuestros primeros años de vida: la herencia emocional.

Así lo explicó al medio Cosmopolitan el psiquiatra y autor del libro La herencia emocional, Ramon Riera: “Las emociones que somos capaces de sentir y las que no, las que escondemos o las que expresamos forman parte de todo un legado invisible”. Y ahora es cuándo te preguntarás: ¿de qué herencia estamos hablando? La respuesta es muy sencilla. Según añadió el experto a la misma publicación, esos sentimientos de rechazo, admiración, indiferencia o temor “proceden de los que absorbemos de nuestros padres desde la cuna”.

Esta argumentación, que ahora nos ayuda a entender por qué queremos adoptar a cada perrito sin collar que vemos por la calle o por qué nos ofende tanto el menosprecio hacia el compañerx de clase que siempre pilla, tiene aún más valor si tenemos en cuenta que el psicólogo Manuel Hernández Pacheco indicó al diario La Nueva España que la mayor parte de nuestro aprendizaje emocional se da desde que llegamos al mundo hasta los seis años.

"En esos primeros seis años aprendemos el 80% de toda nuestra vida y aquellos aprendizajes emocionales, que repetiremos cuando seamos adultos", advierte el experto, que al mismo tiempo recuerda que entre los cero y seis años también es la época en la que podemos desatar traumas que, si no conseguimos superar entonces, nos acompañan en nuestra vida adulta. Vaya, que ese miedo al rechazo o a que te abandonen siempre en una parada de autobús bajo la lluvia se debe a que algo quedó sin resolver en el pasado.

Pero ojo, como señaló el psiquiatra Serrano a Cosmopolitan, no todas nuestras virtudes ni nuestros males proceden de nuestra familia, también influye el entorno, y es por eso que “según los momentos o lugares los valores cambian tanto e incluso son opuestos a los nuestros”. Pues eso, que ante una crisis climática en la que no queda rastro de papel higiénico un urbanita quizás buscaría en internet todas las páginas de deliveroo disponibles en el mundo y una persona de pueblo tiraría de los regalos de la naturaleza sin dudar.

La cosa no termina aquí, hay otro elemento fundamental en la vida emocional de cualquier persona: el paso del tiempo. El experto Riera reflexiona en su libro sobre cómo las condiciones de vida han cambiado a lo largo de los años las emociones de la humanidad. Por ejemplo, mientras a partir de la primera Revolución Industrial comenzó a ganar peso la libertad porque ya no se dependía del clásico señorito feudal o que a partir de la Segunda Guerra Mundial se empezó a tener en cuenta el bienestar emocional por todo lo sufrido, ahora es el momento de la autenticidad.

Es decir, nos gustan aquellas personas que son espontáneas, diferentes o que son ellas mismas en todo momento. También nos gustan las que se atreven, las que sueñan y las que no tienen miedo de mostrar lo que son, independientemente de si su carácter tiene mayor o menor relación con su herencia emocional o no. Lo importante es lo que ven nuestros ojos, es lo que nos dan los demás porque quieren.