Por qué nos hará bien la vuelta a las discotecas

La noche es mucho más que pura evasión: es un nido de experiencias que nos recuerdan todos los buenos momentos que aún nos aguarda la vida, y nosotros somos muy jóvenes y esto solo acaba de empezar

Parece que ahora sí que vuelve la fiesta. Así lo anuncian los cambios que viven comunidades autónomas como Madrid o Cataluña, que desde el 21 de junio han reabierto las puertas de sus discotecas y clubes nocturnos hasta las 3h y 3.30h, respectivamente. También hay otras que ya lo hicieron en las anteriores semanas, como la Comunidad Valenciana, donde su presidente Ximo Puig anunció que habría discotecas pero estaría prohibido bailar, y otras en las que esas noches a tope de música y luces de colores, vuelven paulatinamente.

Sí, han sido 15 meses, más de 400 días, muy largos en los que nos ha faltado esa vidilla, esa chispa o ese subidón de emociones que, muchas veces, solo se encuentran en la noche, y es por eso que queremos recordar por qué merecemos volver a las discotecas. Y no solo es importante porque son lugares perfectos para ligar, también para conocer a gente de forma espontánea, que la vida nos sorprenda, que podamos salir de casa con 0 expectativas y, sin haber planificado nada, volvamos con un nuevo número de teléfono en nuestro móvil de alguien que nos ha encantado. Vaya, para que el mundo pandémico deje de ser tan predecible y estático y, además, librarnos del largo proceso de ligar en Tinder, donde aparte de tener que hacer match, luego debe surgir buena conversación, también una conexión real, dar el paso de quedar y luego, si todo va bien, que nos terminemos gustando… (Un súper trabajo, vaya).

Lo de conocer gente va más allá de ligar, también de hacer amigxs en las largas colas de la entrada o en el baño. Ese precioso lugar en el que, sin saber cómo, más de una vez hemos empezado una amistad ayudando a vomitar a un desconocidx, luego bailando a lo loco en la pista y más tarde viendo el amanecer juntxs en una playa para cerrar la noche. Y lo mejor de todo, es que algunxs de estos desconocidxs de baño pueden llegar convertirse en amigxs para siempre. Una forma de recordarnos lo importante que es no tener prejuicios y movernos por la vida con la mente abierta: en rara ocasión sabemos dónde y quién puede sorprendernos.

Otro de los grandes beneficios que nos ha traído la noche es el poder formarnos como personas. Conocer estilos de música que nos apasionen, que van desde pop, rock, trap, flamenco, cumbia o hasta techno; son un modo perfecto de saber qué nos gusta y, por tanto, de irnos conociendo, además de encontrar a otros jóvenes con los mismos intereses, un grupo, una cuadrilla, esa familia que escogemos; con la que podemos identificarnos y, al mismo tiempo, sentir que formamos parte de algo.

Y, cómo no, esta reflexión no puede cerrarse sin hablar del poder que tiene la noche para ayudarnos a pasar página. O, lo que es lo mismo, para olvidar a esa persona a la que echamos de menos, aunque sepamos que estamos mejor sin ella. Porque, al final, bailar hasta no sentir los pies, cantar en modo grito la canción del verano, reírnos con nuestros amigxs, pedirle al DJ 10 veces nuestra canción y que nos diga que no por pesadxs, probar la copa más rara de la barra, cerrar la discoteca y más aventuras que al día siguiente recordamos estallando de risa, son mucho más que pura evasión. Son experiencias que nos recuerdan toda la alegría y los buenos momentos que aún nos aguarda la vida. Somos muy jóvenes y esto solo acaba de empezar.