Hambre de piel: por qué necesitas el contacto físico

Tocar y ser tocados es más importante de lo que crees, ¿o es que no lo echas de menos? El contacto físico también te alimenta y a día de hoy todavía es bastante escaso

Qué buenos tiempos aquellos en los que podíamos salir sin horarios ni restricciones, sin mascarillas y sin estar pendientes de guardar el metro y medio de distancia… Sin embargo, a día de hoy hay que cuidar hasta el mínimo detalle y aunque nos engañemos con que estamos casi llegando a nuestra vida de antes, siempre habrá diferencias. De hecho, aún cambiando de fases, el contacto físico parece ser una utopía (aunque no falta quien se salta a la ligera la normativa). La cuestión es que si aplicamos la responsabilidad individual en nuestras vidas, aunque algunos podamos quedar con otros, debemos guardar la distancia de seguridad y por ello estaremos privados de tocarnos. Pero, ¿no es verdad que a veces lo necesitamos? ¿Quién no echa de menos ese abrazo que actúa como bálsamo, la caricia que eriza la piel o ese cómplice apretón de manos? El confinamiento ha tenido y tiene muchos efectos y consecuencias, como por ejemplo el hambre de piel o el despertar de la necesidad biológica de tocar y ser tocados.

Tocar y ser tocados, una necesidad

Es un hecho: el contacto físico en los humanos es necesario y mucho más importante de lo que se cree. O quizás antes pasaba desapercibido porque se tenía a la carta. Sea como sea, forma parte de nuestro lenguaje y nos nutre a nivel emocional. De hecho, necesitamos ese contacto con los demás desde edades muy tempranas: el piel con piel es esencial tras el parto, pues favorece un mejor desarrollo cognitivo y la maduración del sistema nervioso. Además de que el tacto es junto al olfato uno de los primeros sentidos que desarrollamos.

Tocar es mucho más que una sensación física, pues a través de este acto transmitimos y percibimos emociones: nos comunicamos. No es lo mismo como te toca tu amigo que tu pareja o como tocas a un amigo cercano que a un simple conocido. Lo sabes. Está bien, hay gente más reacia que otra al contacto físico, pero por regla general siempre hay una lista de personas cercanas a las que les permitimos un poco más y muchas otras a las que rechazamos por la forma que tienen de tocarnos.

Y ahora que ya sabemos el valor del tacto, ¿de qué forma nos afecta el no tocarnos? ¿hasta qué punto condiciona nuestro día a día y qué consecuencias está teniendo su falta a raíz del confinamiento y la desescalada? Veamos.

¿Qué dice la ciencia?

Tiffany Field, profesora de la Universidad de Miami y una de las mayores expertas en el tacto, ha llevado a cabo una investigación en la que el 26% de las personas que han participado han dicho que se han sentido bastante privadas de contacto en la cuarentena y un 16% lo ha notado, pero no demasiado; eso sí el 97% ha dicho que han tenido problemas para dormir. Y te preguntarás, ¿qué tiene que ver esto último con el tacto? Pues bien, según Field esto se debe a la falta de serotonina, una hormona que aumenta cuando tocamos y somos tocados.

Y no solo eso, resulta que cuando nos abrazamos por ejemplo, producimos más oxitocina, conocida también como la hormona del amor, que favorece estados de calma y crea vínculos, se disminuye la hormona del estrés o cortisol y se favorece la creación de Natural Killers (células asesinas naturales), las células que identifican y eliminan a las que están infectadas o son anormales.

Por lo tanto, privarnos del tacto no solo puede debilitar el sistema inmunitario, sino que también genera una sensación de que algo no está igual, de que algo va mal, sobre todo a largo plazo. De hecho, según Francis McGlone, neurocientífico de la Universidad de John Morees, la falta de contacto físico puede afectar a nuestra resistencia al estrés, ya que lo modera y nos ayuda a sentirnos mejor.

Así, en las personas que han vivido solas durante el confinamiento, que han pasado meses sin tocar a otros, es en las que este tipo de efectos se puede observar mucho mejor. Son las que más hambre de piel experimentan. Días y días sin estar con nadie, viendo personas desde la ventana, al ir a tirar la basura o por el ordenador o la televisión, al final se crea esa de necesidad de contacto. Algo fundamental en estos momentos y tan restringido y peligroso, una verdadera situación paradójica.

No obstante, tenemos que acostumbrarnos a ello y de alguna forma prepararnos, pues somos seres sociales y el contacto con los demás es necesario, hasta tal punto que sin él nos deterioramos tanto física como emocionalmente. De hecho, ser tocados y abrazos en momentos de angustia nos calma y nos da un respiro, a pesar de que no solucione nuestros problemas. Y es que nada nos alivia más que el toque reconfortante de otra persona.

Alternativas que nos quedan

Entonces, ¿qué hacer hasta que podamos libremente tocar y ser tocados? ¿es posible sustituir la sensación de hambre piel? Aunque no sea lo mismo, Tiffany Field recomienda hacer yoga o caminar, darse un masaje en el cuero cabelludo o frotarse la cara con crema hidratante, ya que son actividades que mueven la piel y producen ciertos roces que activan los mecanismos que se ponen en marcha cuando alguien nos toca. Tampoco hay que olvidarse del ejercicio físico, pues ya este por sí mismo produce endorfinas. Incluso, hay quienes recomiendan tener una mascota.

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¿Y si no os apetece? ¿Y si no queremos abrazar a nadie y el solo hecho de pensarlo nos genera cierta incomodidad? Lo más seguro es que se experimente miedo al contagio o que al haber estado solo tanto tiempo nos hayamos construido nuestro propio caparazón. ¿Qué hay detrás de nuestro rechazo?, ¿qué tememos? Sería bueno preguntarse e incluso tener en cuenta que surgirán situaciones muy peculiares, como esa en la que querremos dar un beso o un abrazo y no podamos, y surja ese conflicto entre lo que debemos hacer (considerado como peligroso) y lo que queremos. Ahora bien, si no vemos incapaces de gestionar el contacto físico y comenzamos a experimentar miedo, estrés o pánico, lo mejor es pedir ayuda.

Paciencia y más paciencia

Es cierto, nada de lo anterior se iguala al contacto físico con los demás, ni saciará por completo ese hambre de piel, pero a día de hoy es lo más seguro. Quizás sea un buen momento para reflexionar sobre la importancia de tocar y ser tocados, de ese lenguaje que es mucho más que una necesidad biológica, para que cuando podamos hacerlo, no lo ignoremos y dejemos de pensar tanto si abrazar o no a quienes tenemos al lado. Eso sí, si convivimos con alguien, no está de más que aprovechemos esta oportunidad, aunque por el momento también tengamos que tener paciencia y esperar para tocar a todas esas personas que apreciamos. No nos olvidemos de alimentarnos…

Por último, no olvidemos que el cerebro tiene una gran capacidad plástica, por lo que es muy adaptativo. Esto quiere decir que en cierto modo podemos acostumbrarnos, con ciertas consecuencias, y que cuando esta situación pase, volveremos de lleno a los abrazos, caricias y apretones de manos.

CN