Llevo dos meses esperando la fase 1 y ahora no me atrevo ni a ir a un bar

Entre un 15 y 25% de la población tiene este mismo miedo: enfrentarse a un mundo exterior que creen que está lleno de covid

“En cuanto pueda salir, iré de fiesta”, “me beberé todo lo que no me he bebido en meses”, “¡voy a perrear los dos discos de Bad Bunny hasta el suelo!”. Ese era yo hace unos meses. Pero cuando mis amigos me propusieron ir a tomar unas birras para celebrar la llegada de la fase 1 a Barcelona, me dio miedo. Lo que tendría que haber venido acompañado de un “yuhu”, fue más un “oh, no. Ha llegado el momento”. Ahora que puedo salir, me da miedo.

Por si fuera poco, este miedo me lo reforzó mi compañera de piso cuando le dije lo de la fiesta: “una cosa es que sea legal hacer reuniones de diez personas… la otra es que sea responsable”, me respondió, una reacción que me tendría que haber imaginado, porque lleva toda la cuarentena saliendo lo mínimo posible, por miedo a contagiar a su novio, asmático (colectivo de riesgo). Estoy siguiendo a rajatabla las instrucciones, yendo por la vida con mascarilla y guantes, sin tocar nada que no haya estado en la esterilidad de mi hogar, pero aun así pienso constantemente en este finde, cuando por fin vaya a ver a mis padres y, aunque no son población de riesgo todavía, me da un miedo terrible empezar a hacer vida en la nueva normalidad y contagiarlos.

No somos los únicos que estamos viviendo así. Una compañera de trabajo me comentó que tenía la oportunidad de invitar a amigos suyos a casa, pero que “tú abres las puertas, vienen invitados de la calle, y te dejan el covid-19 en el sofá”. U otra amiga que, como mi compañera, no había salido de casa más que para hacer la compra. Son solo algunos de los muchos ejemplos de esta fobia a interactuar con el exterior y la gente que formaba parte de nuestras vidas durante de la cuarentena y que está afectando a entre un 15 y 25% de la población. Una especie de agorafobia que ve las calles como lugares impregnados de virus y, por lo tanto, como focos de contagio.

“Desde hace una semana tenemos pacientes nuevos que nos llaman porque tienen miedo a salir. Es una especie de agorafobia, ya se puede salir, pero hay gente que no ha salido”, explica el psicólogo Ovidio Peñalver en un artículo de El Independiente. Algunos psicólogos lo llaman el síndrome de la cabaña, el miedo a salir de casa, y lo asocian con el vocabulario bélico que se ha usado para hablar del covid. Porque si es una guerra, todavía no la hemos ganado, el virus sigue ahí.

También “ha existido una especie de paranoia social, si leías una noticia, podía ser un bulo; si me pongo una mascarilla a lo mejor no me protege; si me hago el test a lo mejor no es fiable…”, asegura un psicólogo consultado por el artículo. Este miedo, por lo tanto, continúa, y quienes lo sufren siguen viendo al enemigo invisible sigue ahí, en pomos, botones y barras del metro, acechándonos, dispuesto a contagiarnos. Cambiamos de fase, pero no se pierde la fobia. Pienso en el cumpleaños y lo primero que me viene a la cabeza es: no me podré quitar los guantes mientras tome las cervezas.

Será legal, pero no me siento cómodo todavía haciendo todas esas cosas que hace unos meses iba a disfrutar. Sanidad aconseja prudencia y sentido común, ante todo porque aunque la calle no está llena de coronavirus, sí que es verdad que todavía no ha desaparecido del todo. Pero, ¿qué es el sentido común? Para mí, como para muchísimos otros, será esperar un poco antes de disfrutar de estas nuevas libertades porque, después de meses de malas noticias a diario, se nos hace muy difícil volver a vivir sin miedo. Y para salir y sufrir, por el momento mejor me quedo en casa.

CN