Hacerte un Finstagram podría ayudarte a sacar tu mierda interior

Las finsta o candados nos permiten hacer una especie de diario de la ansiedad: compartir todas nuestras rayadas y permitir a los demás ser partícipe de ellos sin obligarlos a ser el hombro constante donde llorar

Empezó como un rumor raro: Armie Hammer, el protagonista de Call me by your name, era caníbal. Risas, memes, humor, un día más con historias falsas que solo surgen para reír un poco. Pero luego empezaron a salir más pruebas, su exmujer lo confirmó, sus publicistas se despidieron y se filtró la cuenta B de Instagram del actor, donde hablaba de drogas, sexo y todo tipo de conductas extremas.

Más allá del debate que se reabrió sobre consentimiento y de figuras de Hollywood que usan su posición de poder para intimidar sexualmente a sus fans, otro tema más volvió a las portadas: las cuentas B, las candado o las Finsta, como se las suele llamar. Esos perfiles secretos que nos hacemos todos donde subimos nuestra vida privada y nuestras tonterías, ese lugar sin filtros donde no tenemos que fingir que somos perfectos y podemos mostrarnos tal y como somos, seres con muchos errores a quienes la vida no les va del todo bien.

Aunque este tipo de cuentas no son nada nuevo (por ejemplo, El País ya hablaba de ello en 2015 porque Kate Moss dijo que tenía una), siempre que se hablaba de ello se solía hacer por el mismo tema: ¿tan superficiales somos que necesitamos una cuenta B para subir nuestro verdadero yo y usar la cuenta principal para crear un storytelling donde somos perfectamente felices? Obviamente, sí. Las redes sociales tienen mucho de proyección y superficialidad, especialmente Instagram.

Pero ahora, cada vez más, este discurso se está perdiendo. Especialmente porque todo el rollo del postureo ya suena a rancio y está superado (incluso la propia palabra postureo da cierta grima). Además, este tipo de cuentas B se están reciclando y ahora también sirven como diario de ansiedad: es decir, la página donde compartir nuestros dramas, verbalizarlos y hacer partícipes a aquellas personas que te quieres.

“Mi psicóloga me recomendó escribir mis pensamientos en un diario para ordenarlos y articular lo que pienso”, explica Dani, un joven de 26 años de Barcelona. La mayoría de los profesionales de la salud mental coinciden, sentarte a escribir lo que piensas y sientes es muy útil porque te permite ordenar y entender más a fondo qué te aflige. Un sentimiento muy abstracto es más difícil de tratar que uno bien argumentado que entiendes a la perfección. “Como tenía que escribir todo lo que sentía, decidí hacer una cuenta B de Twitter para contar ahí mis rayadas”, añade Dani.

Eso le sirvió no solo para él, sino para tener al día a sus amigos. “Contar uno a uno lo que te pasa siempre es agotador. Y encima ir repitiendo cada una de mis rayadas a mis amigos también les cansaba. Así que así, lo subo ahí, me desahogo, y si alguien lo ve y quiere hablarme, puede hacerlo sin compromiso”, cuenta. Es una forma de volcar los dramas y que aquellos que puedan te escuchen. “Si quieren hablar del tema, ahí estoy, en Twitter, contando mis cosas. Si no, no les voy a obligar a ser mi cubo de la basura emocional. Quizá cuando a mí me da el breakdown no están para hablar del tema y tampoco debería obligarles”, añade.

Bienvenidos a la última frontera de cuidados emocionales. Te cuidas tú soltándolo todo y además cuidas a tus amigos no obligándoles a escuchar cosas que en un momento determinado no pueden. Es la nueva vida de las cuentas candado en Twitter e Instagram, más allá del postureo: un vertedero donde rajar emocionalmente de todo, desde el pesado de tu compañero de trabajo hasta la ansiedad de que te dio tu última cita de Tinder.