Estoy tan a gusto en casa que me preocupa no querer volver a salir

No todo el mundo está viviendo el aislamiento con pena. Hay quien está demasiado a gusto y eso solo puede significar dos cosas: tienes muchos miedos que superar o realmente necesitabas desconectar de todo

Al principio me sentía como un animal enjaulado. El típico tigre que viste en el zoo cuando eras pequeño y cuya mirada te partió el corazón. Un ser lleno de vida encerrado en una caja deambulando con la mirada perdida y el gesto de resignación. Así es exactamente como me veía transitando de la cama al sofá y del sofá al escritorio para volver a la cama y reactivar el ciclo. Si bien los primeros días todavía hacía el esfuerzo de mantenerme con la ropa de calle tras pasear al perro y durante las horas de trabajo en casa, hace días que el pantalón de chandal pijamero se ha convertido en mi segunda piel. 

No me siento especialmente creativo, no tengo ganas de hacer rutinas de gimnasio (aunque lo he intentado) y, lo peor de todo, es que no solo comienzo a resignarme sino que estoy bastante a gusto con mi nueva rutina. Estoy tranquilo, no tengo apenas momentos de bajón y todo el mundo está muy simpático y cariñoso aunque sea a través de internet. No echo de menos a nadie y tengo mi perrito para hacerme compañía. Casi que he llegado a la conclusión de que las relaciones sociales están sobrevaloradas. Sin embargo, lo que me raya es que esto no debería alegrarme, ¿no? Es decir, vivir encerrado y con una vida extremadamente sedentaria no era lo que habitualmente solía parecerme un planazo.

¿Resignación o adaptación?

El caso es que ya sea por resignación o por simple adaptación llevo más de tres semanas de confinamiento en casa y poco a poco he comenzado a olvidar cómo era la vida antes del coronavirus. Todo me parece lejano y, a veces, hasta me produce cierta pereza. Por supuesto que hay mil cosas que me gustaría hacer y que si pudiera daría la mitad de lo que tengo para que esto acabara mañana mismo y recuperar mi vida anterior, pero la perspectiva de que esto se alargue un mes o dos más ha dejado de preocuparme en exceso, simplemente lo acepto con toda la pachorra. Y eso es, precisamente, lo que más me preocupa. 

¿Será que estoy tan jodido que todo a empezado a sudármela? ¿Es posible que el confinamiento haya activado mi lado más ermitaño? O, por el contrario, ¿estoy haciendo ese reseteo que jamás me había permitido hacer en mi frenética vida diaria? Sinceramente, creo que en mi caso se trata de esto último y tiene que ver más con el estrés al que me sometía. Ahora, por fin, desde hace 10 años que empecé con el periodismo, puedo relajarme un poco sin sentir que estoy fallándome y eso es una sensación liberadora, un mar de paz. Y por eso cada vez que reflexiono me paro pienso “ni tan mal, oye”. 

¿Debería sentirme mal por ‘disfrutar’ del confinamiento?

“Es totalmente lícito que en este confinamiento tengamos ganas de estar a solas con nosotros, ya sea para descansar, reflexionar o ver cómo estamos. A veces, dar a la tecla del off o concederse un tiempo para uno mismo, viene bien, pero de forma puntual por supuesto”, explica la psicóloga y directora de la web La Mente es Maravillosa Gema Sánchez Cuevas que, sin embargo, matiza que para que esto se produzca de manera saludable es necesario “tener unos adecuados hábitos de sueño, alimentación y estar en contacto con los demás para fortalecer los vínculos”. Vamos, que mientras no te vuelvas ameba si te lo tomas como una desconexión temporal todo bien.

Pero si yo estoy en este plan pasota es posible que haya gente que de verdad comience a ver en el aislamiento una manera artificial pero efectiva de huir de sus problemas. Y eso es un autoengaño muy chungo porque toda esta irrealidad acabará algún día y, te guste o no, tendrás que volver a enfrentar una realidad que, seamos claros, pinta muy mal. “No podemos ignorar los efectos psicológicos de esta situación. El aislamiento nos perjudica porque favorece la aparición de apatía, desgana, sensación de irritabilidad, bajo estado de ánimo, etcétera, y quienes lo prefieren de forma permanente suelen camuflar un motivo mucho más profundo que el hecho de estar solos porque sí”.

Según la experta, resulta muy sintomático que haya personas que estén cómodas con el escaso contacto humano y que, de hecho, lo rechace. Esto podría estar ocultando problemas como “miedo al rechazo o abandono, inseguridades, baja autoestima o sentimiento de invalidez”. Así que quizá no estaría mal intentar detectar si nuestra comodidad con el confinamiento no está motivada por alguna de estas cosas porque, sea lo que sea que intentes tapar el tiempo que dure el confinamiento, volverá y se sumará a la paranoia de tener que salir y enfrentar un mundo que en nuestra cabeza ha dejado de ser seguro.

La ‘hostia’ de volver a la realidad

En este sentido la psicóloga advierte que “habrá personas que les cueste retomar su vida social porque están gobernados por el miedo, como el temor al contagio o a que ocurra otro brote por ejemplo” y añade: “tenemos que quitarnos la idea de que un día nos anuncien que todo está solucionado y podremos salir de casa para retomar nuestra rutina tal y como estaba. Esto no es una espera, el coronavirus lleva consigo una transformación social a todos los niveles”. Por todo ello, Sánchez recuerda que el confinamiento ni es un simple lapsus en nuestras rutinas ni tampoco existe una manera “normal” o “correcta” de sobrellevarlo: habrá personas que lo utilicen para poner su mente en stand by y habrá quien tenga que luchar cada día con sus temores.

“El confinamiento puede ser un tiempo para conectar con nosotros, para reflexionar, para hacer esa pausa que a veces tanto hemos necesitado, pero que no hemos llevado a cabo por todas nuestras obligaciones y exigencias. Si lo vivimos así, el confinamiento puede venirnos muy bien, pero no quiero engañaros, habrá momentos para todo. Nuestra mente suele jugarnos malas pasadas y es imposible experimentar siempre los mismos sentimientos; las experiencias, las noticias y las relaciones con los demás nos afectan y nos cambian”, concluye. Sabiendo todo esto lo único que nos queda (a mi también) es examinar qué estamos sintiendo estos días e intentar averiguar si estamos siendo sinceros con nosotrxs mismxs. Puede que nada vuelva a ser lo mismx pero de ti dependerá salir de esta convertido en un ser asocial o con ilusiones renovadas y ganas de recuperar tu libertad.