Qué hacer cuando no tienes ganas de hacer absolutamente nada

Tienes un proyecto en mente y no lo avanzas, tienes que empaquetar cosas y no lo haces, debes llamar a ese familiar y tampoco… ¿cómo llevar a cabo lo que no quieres?

La culpa, el estrés y la frustración que te genera no hacer todo lo que tenías pensado te está aplastando. La cuestión es que tampoco haces nada por hacerlo, solamente te dejas arrastrar por esa culpa, aceptas que no quieres hacer nada y no dejas de sentirte mal. Lo que sucede es que desconoces que si pones en marcha todo lo que tienes que hacer y todo lo que te apetece hacer, te encontrarías mucho mejor. Vamos, que serías más feliz y mucho más efectivx. Lo mejor viene ahora: hay una manera de hacer las cosas cuando tienes cero ganas de hacerlas. Lo principal es encontrar la razón por la cual sigues en la no productividad.

No lo haces porque temes arruinar algo

Cuando algo te motiva a moverte es bastante complicado que no te entren ganas de hacerlo. Por ejemplo, si sabes que si haces X cosa, ganarás tanto dinero o tal reconocimiento, seguramente lo harás. Esto tiene un doble filo porque si dicha cosa sale mal no tendrás ni el dinero ni el reconocimiento. Desde Psychology Today explican que tienes que tener el llamado “enfoque de prevención, es decir, en lugar de pensar cómo podrías terminar mejor, debes percibir las tareas como una manera de aferrarte a lo que ya tienes, para evitar una pérdida”.

No quieres hacerlo porque no tienes ganas

¿En qué momento se ha dicho que hay que tener ganas de hacer algo para hacerlo? Obviamente no podemos obviar lo que nos apetece pero si solo hacemos lo que tenemos ganas de hacer, podemos escondernos tras esta excusa eternamente. Es normal que no tengas las ganas a tope cada día, así que debes aceptar que esto puede ser así. Ahora bien, si esto te impide avanzar pues habrá que ser más estrictxs: ignora lo que sientes. A veces hay que ponerse manos a la obra y no queda más opción. Es lo que hay. Una forma de solucionar esto es ir haciendo poco a poco. Un rato de productividad y un rato de descanso.

No lo haces porque es aburrido o difícil

La solución para este motivo es la llama planeación de “Si… Entonces”. Cuando algo no va como queremos porque no hemos podido hacerlo, llegamos a la conclusión de que la próxima vez o nos esforzaremos más o lo haremos de manera distinta. Obviamente si tuviéramos la fuerza y el empeño seguro que lo conseguiríamos pero, a veces, no existen tales empujes. Aceptemos que nuestra fuerza de voluntad puede llegar a ser limitada y hagamos un plan. El plan de si/entonces es tan sencillo como poner unos pasos específicos a seguir, por ejemplo:

  • Si se hacen las dos del mediodía, entonces dejaré lo que estoy haciendo y me pondré a hacer lo otro.
  • Si no me propone ningún plan en el día de hoy, entonces le hablaré para vernos mañana.

En definitiva hay que saber el por qué no queremos hacer algo para poder encontrar el enfoque y la manera de hacerlo. Si resumimos cada uno de estos puntos lo ideal es: pensar en las consecuencias del fracaso, ignorar (a veces) lo que nos apetece y llevar a cabo una serie de planes. De esta manera puedes llegar a ser una persona más efectiva.