Rompe de una vez con la tiranía de los "deberías"

“No debería cometer errores tan tontos”, “debo dejar de preguntar tanto”, “debería de hacer ejercicio”, “es mi deber ser una buena pareja”, “así no debe comportarse una amiga, soy un desastre”, ¿por qué te empeñas en poner el listón demasiado alto?

Quizás no te has dado cuenta, pero convives con una gran lista de "deberías" en tu día a día. Se trata de esas exigencias disfrazadas que sueles decirte mentalmente y en bajito y que sin saberlo te acorralan. De hecho, son unos de los ingredientes principales de tus enfados, bloqueos y frustraciones. ¿Lo habías pensado alguna vez? 

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Ellos son los culpables de que persigas versiones idealizadas de ti que jamás serán satisfechas por mucho que lo intentes, pero que sí te harán mucho daño. Los “deberías” quieren que seas perfecto y que no cometas errores, pero déjame decirte que no eres un superhéroe, sino un ser humano y eso es imposible. Si les haces caso, es como si fueras partícipe de una carrera interminable en la que cada vez que avanzas unos pasos, tu meta se aleja otros tantos. Como el juego de persecución que tienen la sombra y el sol. 

Las trampas mentales de los “deberías”

Tus “debo” no suelen estar solos, a menudo están acompañados de los “tengo que”. “Debo caer bien a los demás o me quedaré solo”, “tengo que conseguirlo o seré una fracasada”, ¿te suena? Exigencias, exigencias y más exigencias. Y no es malo exigirse, siempre y cuando las exigencias no se conviertan en un hábito, se instalen en tu vida y te dominen. Así es normal que no te encuentres cómodo ni a gusto. 

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Lo curioso es que esos “deberías” de carácter tirano que tienes hacia ti, también se enfocan en los demás, razón por la cual casi nunca cumplen con tus expectativas, es decir, no se comportan como esperabas. Puede que quizás tengas una visión idealizada del amor o de la amistad y al final acabes por presionar a la otra persona para que se ajuste a tu visión tirana. ¿Y qué pasa? Que es imposible y la desilusión se convierte en tu gran aliada. 

Si le importase de verdad, debería llamarme”, “si realmente me quiere, tiene que estar pendiente de mí, ¿cómo se le ha podido pasar?” son tan solo algunos ejemplos. 

Pero esta tiranía no acaba aquí, también puede impregnar tu visión del mundo y del futuro. ¿Qué expectativas tienes sobre ello? Quizás pienses que “cada persona tiene lo que se merece”, que “el mundo es justo” o que “la vida debería de facilitarte más las cosas para conseguir tus metas y tus objetivos” y aunque no está mal desearlo, lo cierto es que no ocurre así, es utópico e irracional y si no te lo crees da un repaso a todo lo que te ha ocurrido hasta ahora.

Si aún te quedan dudas del poder de tus “deberías”, puedes hacer el siguiente ejercicio: “¿qué espero de las personas de mi alrededor?”, “¿qué espero del futuro?”, “¿qué espero de mí mismo?”. A menudo, el resultado son una serie de exigencias que las tomas tan en serio que se convierten en tu forma de evaluar y medir el mundo, a los demás y a ti mismo. Es más, te recomiendo reflexionar sobre ello cuando te sientas frustrado. Te sorprenderás de lo que estás exigiendo, casi que pretendes que todo se adapte a ti. Ahora bien, si vas por ese camino, lo tienes bastante crudo.

Del deber a la flexibilidad mental

Es necesario que tengas cuidado con tus pensamientos, ya que en buena medida determinan cómo reaccionas. No es tanto lo que ocurre, sino cómo lo procesas; es decir, lo que piensas. Por eso, es conveniente que revises de vez en cuando tu lista de exigencias, ya que si te dices eso de “debo hacer esto, sino seré un fracasado” y al final no lo consigues, estarás confirmándolo y es un poco complicado emprender o hacer cosas si ya de por sí piensas que no vas a lograrlo, ¿no crees?

¿Qué tal un poco de flexibilidad mental? Una mente rígida y cuadrada no permite errar y si sucede, se castiga, lo que conlleva sufrimiento, culpabilidad, ansiedad o tristeza. Lo cierto es que el error suele ser una base del aprendizaje, por mucho que no queramos. 

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Ahora bien, en la actualidad, la sociedad nos manda mensajes como “tú puedes con todo”, “debes sonreír y ser feliz” y un largo etc. que contribuyen a esta tiranía. Porque no, no siempre podemos con todo, ni tampoco es obligación sonreír y ser feliz a todas horas. Hay muchas obligaciones encubiertas que nos venden como soluciones mágicas al sufrimiento.

¿Qué hacer entonces? Revisar tus pensamientos y tus creencias. ¿Qué te pides y qué pides? A menudo, los deberías se quedan en promesas inclumplidas que generan culpa. La vida no es todo o nada, blanco o negro, bien o mal, hay muchos más matices y si no tenemos cuidado podemos acabar clasificando todo en dicotomías. 

Plantéate tus exigencias, cambia los “debería” y “tengo que” por “me gustaría”. Se trata de aceptar la diferencia, ya que es imposible que todo ocurra como deseas

CN