Existen dos tipos de soledad y una de ellas podría ayudarte a sentirte mucho mejor

La palabra inglesa solitude define la soledad voluntaria, un estado de relax en el que poder centrarte en tus emociones y aprender a gestionarlas

En el mundo anglosajón distinguen entre dos tipos de soledad. No es lo mismo sentirse lonely que disfrutar de ciertos momentos de solitude. La diferencia entre ambos términos es que la segunda es la soledad buscada, esa que cuando llega te permite desconectar de todo y estar contigo mismx. Disfrutando de tu propia compañía sin necesidad de dar explicaciones o de estar a la altura. Tú a solas con tu yo. Sin embargo, como detalla en un artículo para Psychology Today la terapeuta y autora del libro Solitude in a Social World, Virginia Thomas, la mayoría de las personas han perdido su habilidad para dedicarse a ellos mismxs, para sentir sus necesidades y anhelos sin caer en el problema más común de nuestros días: la ansiedad.

Los síntomas ya los conoces. Al poco de encontrarte en soledad notas que todo está demasiado tranquilo. Tu buen humor desaparece y, de repente, sientes que has dejado de estar cómodx. Es entonces cuando los pensamientos extraños y memorias comienzan a cruzarse en tu mente. La ansiedad aumenta y sientes una necesidad de escapar del aislamiento echando la mano al móvil. Tras un largo scroll a la pantalla la sensación no acaba de desaparecer. Sigue ahí, atenuada por la distracción de las redes sociales pero incrementada al sentir que estás fuera, que te estás perdiendo algo, que podrías estar mejor. ¿Cómo puede ser que nos sintamos tan mal si se supone que la soledad buscada es algo bueno?

Exactamente eso es lo que intentó responder el investigador Reed Larson en 1978. Comprobó que los adolescentes que pasaban entre el 20% y el 35% de su día en soledad voluntaria mejoraban ampliamente sus niveles de atención, disminuían sus síntomas de ansiedad y/o tristeza y reportaban un mejor estado anímico en general. Sin embargo, esta mejora solamente se producía en el momento en el que regresaban al contacto social. Este efecto fue definido en 2018 por el grupo de investigadores Nguyen, Ryan & Deci como la dualidad entre los estados llamados de alta excitación y los de baja excitación. Lo que comprobaron es que la solitude tenía la capacidad de equilibrar nuestros estados de alta y baja excitación, es decir, ya sea negativa o positiva la emoción, la soledad nos ayuda a calmarnos y regularnos.

Por tanto, la conclusión es que la soledad bien llevada (esa que se busca conscientemente y que te hace reintegrarte en la sociedad con más ganas) es una potente herramienta de autorregulación que podría ser utilizada para lidiar con estados de mucha negatividad o exceso de nerviosismo o ansiedad. La soledad te pone ante un espejo en el que tus sentimientos afloran y pueden ser confrontados de tal manera que aprendes a reconocerlos y aceptarlos sabiendo que de esta manera te estás fortaleciendo para cuando tengas que volver a estar rodeado de gente. Puede que al principio sea un poco difícil eso de estar en soledad pero, como demostró Larson, la soledad no tiene que ser algo negativo ni positivo sino que simplemente se trata de una manera de mirar a tu interior y poner orden en tus sentimientos. Aprender a convivir con la soledad es también aprender a aceptarse.