La estrategia de Instagram y los cirujanos plásticos para que te operes la nariz

Los médicos se han convertido en influencers. Tienen cientos de miles de seguidores y comparten las maravillas de sus operaciones, naturalizando lo fácil que es cambiar todo eso que no te gusta de ti. Pero, por supuesto, es bastante problemático

Empiezas a seguir cuentas de maquillaje, moda, deporte y ejercicio. Instagram (o, de hecho, su algoritmo) detecta que te importa tu aspecto físico, que te gustan las cuentas sobre cuidarse. Así, te empieza a recomendar más cuentas del estilo, hasta que llega el momento en el que, entre todos los posts de ropa y maquillaje, te aparece uno de cirugía estética. Con un “antes” y “después”, un cirujano te enseña cómo transforma narices como la tuya en una obra de arte digna de una escultura. Por supuesto, das click. Tienes curiosidad por ver cómo se transforman de alguien de la calle, como tú, en unx modelx. Ya has caído en la trampa del algoritmo: Instagram cree que tú quieres ver este contenido, así que te recomienda más del estilo.

Es por esto, los cirujanos que se dedican a transformar el cuerpo y la cara, que cada vez tienen más presencia en Instagram. Por ejemplo, la famosa Carla Barber, la española que fue Miss y que recientemente retocó la cara de Kiko Matamoros, ya tiene 600k seguidores. O Carlos Ramos, el “doctor de las barbies”, conocido por operar el cuerpo y dejar abdominales, culos increíbles y curvas, también tiene 600k. En otra liga está Simon Ourian, el cirujano de Kylie Jenner, con 3,5 millones de seguidores.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Que en Instagram se repitan constantemente imágenes de estos retoques hace que más gente naturalice las operaciones y las considere una opción: “las imágenes del 'antes' y el 'después' se han convertido en un fenómeno viral, los más jóvenes navegan en un entorno en el que los retoques estéticos están totalmente normalizados”, explica Alberto Morano, vicepresidente de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME), a El Periódico.

Esto explica que, según El Español, la cifra de cirugías estéticas vaya en aumento (solo en España el sector mueve 500 millones de euros anuales, una cifra que año tras año se supera). Las operaciones más comunes son “el aumento del pecho con un 28,2 % y la liposucción con un 21,1 %”, pero por el efecto “Instagram”, la operación que más ha subido es la de la nariz, “hasta un 50%”, añade El Periódico.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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“Los datos demuestran que la rinoplastia está en su máxima popularidad. Es por el uso de las cámaras (y filtros) de Smartphone, que distorsionan las proporciones de la cara, haciendo que la nariz parezca más amplia, y que más gente quiera cambiarla”, explica el doctor Patrick Byrne a The New York Times. También en España: según el último sondeo realizado por la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE) más del 10% de los españoles acuden a la clínica con un selfie como referencia para la operación. De hecho, el efecto de las redes sociales en nuestra apariencia es tan alto que un parlamentario británico ha propuesto una ley para que Instagram esté obligada a poner cuándo una foto ha sido editada, para evitar crear falsas ilusiones. 

Esto es muy grave, por supuesto, porque la imagen que tenemos de nosotros en un selfie no es real. Como comenta Jesús Benito Ruiz, presidente de la Asociación Española de Cirugía Estética Plástica (AECEP), “es un problema que los pacientes vayan a una consulta achacando 'deformidades' que han sido creadas por la propia cámara. Pero también es preocupante que su objetivo sea operarse para mejorar su apariencia en los selfies o parecerse más a su imagen retocada”. En definitiva, no es razonable que los selfies marquen el estándar de belleza, porque no es una imagen real. Pero si constantemente estamos bombardeados en Instagram por imágenes de lo fácil que es cambiar hasta el más mínimo fallo de nuestro rostro, es difícil no creérselo.