Ser una persona perezosa puede ayudarte a tomar buenísimas decisiones

Se trata de un sentimiento que nos hacer ver cuáles son nuestras motivaciones reales

No queremos sentirnos unos vagos ni, mucho menos, que nos acusen de ello. Por eso, muchos acabamos haciendo horas extras no retribuidas en el trabajo, cambiamos de pareja a la mínima que creemos que falla alguna cosa para ir a buscar nuestra media naranja y nos obligamos a salir de la zona de confort. Viajamos a países que, en teoría, y solo en teoría, nos hacen ver un mundo que nos descoloca y nos cuestiona nuestra forma de vivir, vamos al gimnasio a las seis de la mañana o a las nueve de la noche, y hacemos dietas extrañas.

No todo tiene que ser útil

También consumimos 'cultura': leemos muchos libros, pero, eso sí, libros útiles, como los de autoayuda o los de criptobros, y miramos películas que nos dan lecciones de vida. Siempre lo consumimos, siempre todo tiene que tener una utilidad y no tiene que mejorar como personas.

¿Pero, y si la vida no consistiera en obligarse a mejorar siempre y a llegar a todos los sitios menos a la satisfacción plena (o al menos a intentarlo)? Si en vez de repudiar la pereza la tratáramos y la escucháramos un poco más, se nos irían los pájaros de la cabeza y seríamos más felices.

Decide desde la pausa y no con prisas

Esto es lo que defiende el profesor de filosofía de la Universitat Ramon Llull de Barcelona, Oriol Quintana, en su ensayo titulado 'La mandra'. "La pereza es un instrumento de discernimiento a tener en cuenta, principalmente cuando tenemos que tomar grandes decisiones. Nos dice cuáles son nuestras auténticas motivaciones", asegura Quintana en un artículo en el diario Ara.

Sin embargo, Quintana advierte que una cosa es escuchar a la pereza, como se tiene que hacer con todos los sentimientos, y lo otro es dejar de hacer cosas que tenemos que hacer y acabar como el Gran Lebowski. Tenemos que hacer la declaración de la renta, limpiar la casa, cocinar, sacar la basura, limpiar el culo a nuestro hijo o abuelo, y mantener un mínimo de vida social, entre otras muchas cosas.

En este sentido, Quintana matiza que no nos podemos abandonar a la pereza y que la vida, como siempre, es una cuestión de equilibrios. "Por ejemplo, queremos vivir bien y tener una vida cómoda, pero también queremos tener y seguir nuestras aspiraciones, profesionales y vitales", dice el filósofo. "Lo que no tenemos que hacer -añade Quintana- es obligarnos a cumplir con una imagen idealizada de lo que somos y queremos realmente nosotros".