Renta Básica Universal: ¿Una Cuestión De Dignidad O Una Fábrica De Vagos?

Crédito de la imagen: Hector Ges

Canadá no tiene miedo a arriesgarse, ya lo ha demostrado varias veces, es un país que se implica en los problemas del mundo en general. Su primer ministro, Justin Trudeau, es uno de los políticos mejor valorados del planeta; y pese a estar tremendamente lejos de Europa, los canadienses han acogido ya a más refugiados que muchos países europeos -más de 36 000, para ser precisos-. Ahora, en Canadá buscan dar a su economía una vuelta de tuerca y van a apostar por un modelo alternativo que, según sus cálculos, podría garantizar la desaparición de la pobreza. Ontario y Prince Edward Island, dos provincias canadienses, van a poner en marcha un experimento para comprobar la viabilidad de la renta básica universal (RBU). Se trata de una especie de salario que recibirán todos aquellos que no lleguen a unos determinados ingresos mínimos, independientemente de si trabajan o no.

"Darle a la gente un suelo para que no puedan caer por debajo de él", así describía el proyecto de Ontario uno de sus principales impulsores, Hugh Segal, un político conservador, algo que, a priori, podría parecer contradictorio. Ante ese detalle, él respondía que “esto no es algo que, de ninguna manera, desde mi punto de vista, esté reservado a la izquierda. De hecho, es algo propio de toda la gente racional que intenta impulsar el trabajo y la participación en la comunidad". No es el único que piensa así; Milton Friedman, Premio Nobel de Economía y ya difunto padre del neoliberalismo -que sus detractores tildan de 'capitalismo caníbal'-, también estaba a favor de una cierta idea de renta básica universal, aunque él la imaginaba en forma de 'impuesto negativo sobre la renta': en vez de tener que pagar impuestos, te pagan a ti dependiendo de lo que ganes y de forma progresiva.

Con respecto a la medida, unos la defienden, al entender que supondría un paso más hacia la justicia social, y otros la ven como una alternativa al estado de bienestar que le saldría más barata al gobierno y reduciría muchísimo la burocracia. Los más idealistas piensan que, con ella, aumentaría la creatividad y la felicidad de la gente y disminuiría la criminalidad, aunque sus detractores -que también los hay-, opinan que afectaría a la motivación por trabajar.

Pero lo cierto es que, por el motivo que sea, la propuesta está echando raíces en muchos rincones del mundo; Suiza celebró un referéndum acerca de ello, en junio de este año, aunque la consulta para la implantación de este modelo fue finalmente rechazada. Holanda y Finlandia, por el contrario, ya han dado luz verde a un proyecto piloto de la RBU con parte de su población y en Escocia se podría poner también en marcha. Algo parecido ha ocurrido en Alemania, donde ya ha habido algún experimento al respecto. Aquí, en España, Podemos lanzó hace un tiempo una propuesta al respecto, aunque luego la ha ido matizando. Más avanzada está en el País Vasco, donde ya hace tiempo que se implementó una medida que podría ser un primer paso: la Renta de Garantía de Ingresos.

Qué van a hacer en Canadá

El 7 de diciembre, la Asamblea Legislativa de Prince Edward Island (PEI) aprobó empezar una prueba piloto para testar la RBU. "Una renta básica universal podría desencadenar el mayor potencial humano nunca visto", decía sobre este proyecto Peter Bevan-Baker, líder del Partido Verde en PEI, formación impulsora de una idea que necesitaría también de la colaboración del gobierno federal de Canadá para salir adelante. No han optado por la modalidad de la renta básica universal para todos, independientemente de los ingresos que tengan y de si trabajan o no, sino sólo para aquellos que tienen unos ingresos por debajo de una determinada cantidad de dinero, independientemente de su situación laboral. 

Los cuatro partidos políticos de esa provincia -con 150.000 residentes- han mostrado su apoyo a este experimento, que debería servir de balanza para ver si los pros superan a los contras. La parte positiva que auguran es que se reduciría drásticamente la pobreza -se podría incluso erradicar-, además de que "potenciaría el crecimiento económico local y la iniciativa empresarial, reduciría los costes y la complejidad administrativa, mejoraría las condiciones de trabajo, reduciría el crimen, mejoraría la salud y ayudaría a construir comunidades rurales vibrantes", detalla Bevan-Baker. Pero no todo puede ser bueno, así que está por ver si también desincentivaría el trabajo y supondría unos costes financieros demasiado elevados para el gobierno.

En PEI siguen el ejemplo de Ontario, que ya tiene la propuesta más definida. El proyecto se aplicará, en 2017, a un determinado número de comunidades de esta provincia y a sus ciudadanos se les entregarán cerca de 950 euros cada mes. Esto reemplazaría las prestaciones de desempleo y las de discapacidad -aunque, en este último caso, seguramente se complementarían con otra cantidad-. Han escogido una opción que podría beber de la que propuso Friedman hace años, una especie de 'impuesto negativo sobre la renta' que recibirán sólo aquellos que tengan entre 18 y 65 años y ganen menos de lo que Ontario tiene establecido como la Medida de Ingresos Bajos -LIM por sus siglas en inglés-. Es decir, todos aquellos que tengan unos ingresos netos anuales -después de impuestos- inferiores al equivalente de unos 15.800 euros.

Sin embargo, ni siquiera estamos hablando de algo nuevo, pues ya se hizo en los años 70 en Manitoba, otra provincia de Canadá, concretamente, en el pueblo de Dauphin. El proyecto, que se denominó Mincome, murió a manos del gobierno conservador, en 1979. Pero, años después, se estudiaron los resultados que había obtenido y se comprobó que, en esas condiciones, la calidad de vida había mejorado notamblemente: las tasas de hospitalización bajaron, el abandono escolar también disminuyó y el empleó se mantuvo en unos niveles más o menos estables, es decir, que casi nadie dejó su trabajo y se puso a vivir la vida.

Por el contrario, los experimentos que se hicieron a raíz de las propuestas de Friedman no funcionaron demasiado bien.

De lo que no hay duda es de que el debate está sembrado, con los intelectuales más reputados de todo el mundo dando sus opiniones sobre lo que representaría instaurar la RBU.

¿En el País Vasco funciona?

Algunos aseguran que el País Vasco es la comunidad autónoma que más esfuerzos pone para luchar contra las desigualdades en España. Principalmente, a través de la Renta de Garantía de Ingresos (RGI), una ayuda de la que se benefician cerca de 64.000 personas, como asegura el medio CXTX, y que les aporta entre 630 euros y 1.100 euros al mes. Hay dos modalidades: una dirigida a las personas en situación de desempleo y otra para aquellos que sí trabajan, pero que aún así ganan menos del máximo que les correspondería con esta ayuda.

Pero la verdad es que, pese a todo, aún no se ha conseguido erradicar la pobreza, por lo que la coalición Elkarrekin Podemos está proponiendo que se aumente la RGI y que se celebre un referéndum para que los vascos decidan si quieren dar un paso más y apostar por la RBU.

Las pruebas piloto determinarán si la RBU va calando cada vez más y se acaba implantando sin miedo y sin medias tintas. Lo que sí que parece claro es que una de las claves es que la cantidad que se pague a través de esta renta básica universal tiene que estar muy bien pensada para lograr un equilibrio que consiga evitar la pobreza pero, a la vez, no nos convierta en unos vagos que pasan de trabajar. El futuro dirá si se trata de una utopia o de una forma eficiente de reducir las desigualdades.

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