Empeñarte en hacer siempre lo correcto podría joderte la vida

La obsesión por ser moralmente impecable puede conducir a la inacción

Vivimos tiempos donde, afortunadamente, la autoconsciencia acerca de la moralidad o inmoralidad de nuestras acciones está más presente que nunca en nuestras cabezas. Queremos hacer el bien. Queremos ser buen con los demás, con los animales y con el planeta que nos cobija. Queremos ser empáticos. Queremos tomar las decisiones más éticamente responsables y acertadas. Y eso está bien. Significa que van quedando atrás los oscuros días donde soltábamos burradas gordofóbicas o machistas sin atisbo de remordimiento. Pero la obsesión por querer hacer siempre lo correcto a toda costa también podría convertirse en un problema.

Así lo cuenta Peg O'Connor, profesora de filosofía moral en el Gustavus Adolphus College en un artículo para Psychology Today. En concreto, O'Connor señala que, si bien hacer lo correcto es la decisión más sabia, no siempre está tan clara cuál es la decisión correcta ni contamos con el tiempo suficiente para hacer una reflexión profunda que nos permita reconocerla. A veces, simplemente, tenemos que actuar con la velocidad de una gacela perseguida por un Tyrannosaurus Rex. Y es ahí, en ese limbo de grises morales, donde quienes están obsesionados con ser moralmente perfectos patinan.

"El desafío es que no puedes elegir todas las opciones. Alunas pueden ser prácticamente incompatibles o imposibles. Te vuelves del revés tratando de asegurarte de que estás eligiendo la mejor acción. Pero eres incapaz de elegir ninguna de ellas y, como consecuencia, no haces nada", escribe O'Connor. O dicho de otro modo: están tan preocupados por cagarla que prefieren no actuar para mantener sus manos limpias. La situación está reclamando una respuesta, pero no quieren contaminarse. Así no se arriesgan a sumar una carga de inmoralidad en sus conciencia, pero tampoco están aportando cosas al mundo. Son como piedras.

Como explica la experta, autora de Morality and Our Complicated Form of Life, esta suprema escrupulosidad por hacer el bien tiene su raíz en el perfeccionismo: "Un perfeccionista es alguien que está dispuesto a actuar solo cuando el resultado será impecable". Y esa impecabilidad moral es bastante utópica. Deliberar sobre nuestras decisiones está muy bien, pero deben desembocar en una decisión. Una que, tal vez, no sea del todo correcta o incluso directamente incorrecta, pero de la que podemos aprender. Lo que realmente aporta muy poquito es quedarse paralizado. Y, lo peor de todo, a veces no hacer nada es lo más inmoral.