Gordofobia: 5 expresiones ofensivas que sueles usar sin darte cuenta

Están por todas partes. En tus pensamientos, en tus opiniones, en tus comentarios en las redes sociales. Expresiones que, implícita o explícitamente, condenan esos quilos de más. De las frases cargadas de tono burlón a los consejos vomitados desde la superioridad moral, pasando por las manifestaciones de lástima y las ideas gordofóbicas. Algunas acuden al rescate de tu ego. Otras salen disparadas desde el desprecio. Y otras, simplemente, escapan de tus labios sin que seas consciente de su carga ofensiva. Son muchas, pero aquí van las cinco más populares.

Gracias @uno.ar y @florcolacito por este hermoso video 💜

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1. "Comimos como gordos"

Podrías haber dicho que comiste mucho, que tragaste tanto que estuviste a punto de reventar o que zampaste como si fueses a pasar una semana en el desierto del Gobi. Podrías haber dicho que engulliste como un diplodocus, como una colonia de hormigas amazónicas o como un oso polar la noche previa a la hibernación.

Un millón de maneras prosaicas y literarias de expresar una misma cosa y, sin embargo, elegiste la única opción que podía herir los sentimientos de alguien -hasta el momento ningún diplodocus se ha quejado-. No mola. No solo porque les señalas públicamente, sino porque ridiculizas la obesidad al reducirla a una mera cuestión de apetito. Hay mucho más, y eso nos lleva a la segunda.

2. "Si quieres adelgazar, come menos y haz ejercicio"

Nadie discute que, si bien unos quilos arriba o unos quilos abajo son intrascendentes, tanto la extrema delgadez como la obesidad son un problema para la salud. Sin embargo, limitar la solución a un cálculo matemático de kilocalorías ingeridas y minutos sudados es bastante simplón e insultante. Existen fuertes condicionamientos genéticos, psicológicos y emocionales. Tú lo sabes, pero continúas regalando esta sugerencia envenenada.

La razón es evidente: con esta expresión transfieres toda la responsabilidad a la voluntad y sacrificio de cada persona, convirtiendo el estar gordo o no en un asunto meritocrático. Es decir, sostienes que si tú no estás obeso es porque te lo has ganado. Y tu ego da saltos de alegría.

Ocurre lo mismo cuando le dices a alguien que padece depresión que deje de estar triste, que la vida es maravillosa. O cuando le dices a un adicto a la nicotina que, simplemente, deje de fumar. Las cosas no son tan sencillas, pero creerlo te hace sentir bien contigo mismo.

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3. "Pobre, qué gordita, con lo inteligente/buena/divertida que es"

Y, además, se suele añadir "si adelgazara sería un pibón". Que aparezca escrito en femenino no es un capricho: se trata de una expresión aplicada casi exclusivamente a las mujeres. En nuestra sociedad patriarcal, el valor social y humano de la mujer está definido esencialmente por su belleza física. En concreto, por su correspondencia con los patrones de belleza instaurados por los hombres.

Una expresión como esta supone al mismo tiempo un ejercicio de falsa compasión y desaprobación. Compasión porque no crees que una mujer pueda estar satisfecha y feliz fuera de los márgenes de la estética establecida. Desaprobación porque invalidas todas sus virtudes en base a una cantidad de grasa corporal que consideras inadecuada. Como si la inteligencia, la bondad o el sentido del humor cayeran en saco roto al no poder habitar dentro de un cuerpo esbelto.

La filosofía oriental afirma que el ego es tan poderoso que cuando juzgas, en realidad te estás juzgando a ti mismo. Al ego no le importa nadie más. No presta atención a nadie más. En este caso, la falsa compasión es un reflejo del miedo que siente tu ego ante la idea de ser desaprobado. Por feo, por flaco o por gordo. Desaprobado por otras personas que, en realidad, tampoco están desaprobándote a ti, sino a ellas mismas. Como ves, formamos todos un gran y absurdo teatro.

4. "Estáis promoviendo la obesidad"

Vayamos al grano: una fotografía de una modelo XXL mostrando con orgullo su cuerpo no es apología de la obesidad. Que un grupo de personas luche por ampliar los confines de la tolerancia, por ser aceptadas y respetadas tal y como son en cada preciso instante, por reivindicar que siguen siendo válidas a pesar de esas diferencias estigmatizadoras, no significa que renuncien a una situación mejor. Aceptación jamás fue sinónimo de conformismo. Y eso es todo lo que hay que decir al respecto.

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5. "Las feministas son todas unas gordas"

Punta de lanza del ‘cuñadismo’ más obtuso. Traducción: si una mujer gorda es feminista no es porque esté enfrentada ideológicamente a las imposiciones del patriarcado, sino por la amargura de no encajar en esos cánones estéticos impuestos. Otra traducción: si una mujer gorda dejase de ser gorda, abandonaría la lucha feminista.

Un discurso que no solo humilla a quien tiene obesidad, considerándolo sí o sí una persona desdichada, sino que además perjudica al movimiento feminista al etiquetarlo como la lucha de una minoría frustrada. Antifeminismo y gordofobia. Mucho más vinculados de lo que puedas pensar.