‘Doomscrolling’ es la adicción extrema a leer malas noticias

El síndrome del doomscrolling es relativamente nuevo y está estrechamente ligado a la proliferación de malas noticias a raíz de la pandemia

No son pocas las personas que desde que empezó la pandemia han optado por no mirar las noticias. Total, si todo son noticias negativas casi que mejor no enterarse de nada. Pero una parte importante de la población hace más bien lo contrario: estar atentos a todo lo que sale publicado como cada nueva cepa, los datos de contagio de Mozambique y el caso del negacionista que acabó en la UCI pidiéndole a sus amigos que corran a vacunarse. Pero hay un porcentaje de gente que ha llevado esta tendencia al extremo, llegando a limites que podrían considerarse puro sadomasoquismo informativo.

El ‘doomscrolling’ consiste básicamente en pasarse horas entre noticias negativas publicadas en las redes sociales y ha sido estudiado por la Universidad de Florida. Según los expertos responsables del estudio, este fenómeno sociológico viene producido de un lado por el bombardeo continuo de noticias a través de las redes sociales y un fenómeno tan complejo como el de la pandemia. “La combinación de vivir una crisis y tener un teléfono inteligente con un suministro de noticias que nunca termina”, explicó el científico Benjamin K. Johnson sobre las causas más evidentes del ‘doomscrolling’.

Al parecer el síndrome afecta tanto a personas con ideologías cercanas a la izquierda como a la derecha, pero lo que está claro es que es mucho más frecuente entre hombres jóvenes que entre mujeres o personas de mediana edad. El principal problema del síndrome es que está estrechamente relacionado con altos niveles de ansiedad y, en cierta medida, parece que funciona como un círculo vicioso: la ansiedad hace consumir noticias compulsivamente y las malas generan todavía más ansiedad convirtiendo el proceso en un bucle.

Por último, los investigadores lanzaron un tirón de orejas a los medios de comunicación por el abuso de noticias negativas para “atraer tráfico a sus sitios web” contribuyendo de esta manera a un comportamiento cada vez más habitual y que relaciona la información con algo negativo, cuando en realidad no debería serlo.