Que te digan que eres la oveja negra suele ser mucho mejor de lo que piensas

Casi siempre esta connotación se toma como algo negativo pero el origen de la fábula te enseñará que quizás no es tan malo ser la persona diferente dentro del montón

“Me dicen que soy la oveja negra de la familia”, “es la oveja negra del grupo de amigxs”… Estas frases son conocidas, quizás no porque te la hayan dicho pero es una expresión de lo más habitual. Como todos los refranes o frases hechas, la de la oveja negra también tiene un origen. El relato es una historia escrita por Italo Calvino que tiene un mensaje que puede enseñarnos que el hecho de que te tachen de oveja negra no es tan malo como parece. Es más, es algo positivo.

Cuenta que, en algún rincón de la Tierra, había un pueblo en el que todas las personas, absolutamente todas eran, ladronas. Cada una de estas personas salía de casa muy tarde por la noche con una linterna y robaban todo lo que podían de los hogares vecinos. La persona que regresaba a su casa (después de haber salido también a robar) se la encontraba vacía. Todo eso era normal, así vivían en armonía porque todos robaban a todos, era una cadena perfecta.

En el cuento hay un momento en el que esta cadena perfecta y esta armonía se rompen. Quien comienza a alterarlo todo es un hombre honesto. Se mudó a aquel pueblo y en lugar de salir por la noche a robar se quedó en su casa. Cuando el resto de ladrones llegaban a su hogar y veían la luz encendida decidían no entrar. Al romperse esta cadena algunos de los habitantes se quedaban sin su sustento y, por tanto, sin comida. Con lo cual empezaron los problemas de hambre. Decidieron hablar con el hombre para que su actitud cambiara y se uniera al orden que ya estaba establecido. Le explicaron que si no quería robar, lo aceptaban pero debía dejar la casa para que pudieran robarle a él.

Así, cada noche, el hombre se acercaba al río para dejar su casa a disposición de los demás. En menos de una semana el hombre tenía su hogar completamente vacío. Como explica esta historia, la postura del hombre comenzó a romper con el equilibrio. Como el hombre no robaba, había algunos habitantes que tenían su casa tal y como la habían dejado, así que empezaron a tener más cosas de las que necesitaban. Además, la casa del hombre después de estar vaciada no podía volver a robarse. Así es como empezaron a haber ricos y pobres. 

Por otro lado, quienes tenían muchas cosas ya no querían que se las robaran pero tampoco dejaban de robar, lo que hicieron fue empezar a pagar a los ladrones. Fue así como empezaron los contratos y los salarios. Las reglas habían cambiado por completo. El hombre que siguió siendo diferente a todo este orden cambiante, finalmente murió de hambre porque no quiso robar.  Ese es el final del relato de la oveja negra. Y la moraleja es que no es sano adaptarse a un grupo (sea el que sea) que tiene valores negativos o que no concuerdan con los que nosotrxs pensamos.

No es cuestión de llevar la contraria por llevarla, no hay ahora que buscar ser esa persona diferente y querer destacar porque sí. Por ejemplo, llevar la contraria constantemente no es para nada sano. Es más, dentro de las relaciones sentimentales, como explica el terapeuta de parejas Stephen J. Betchen, querer tener siempre la razón y llevar la contraria lleva a las parejas a la ruptura. Lo mismo sucede con las amistades o las familias. 

Lo que hay que hacer es seguir las ideas y los valores que hemos aprendido a través de nuestra propia experiencia y reflexión, requiere sacrificio, requiere constancia y requiere valor. Por su lado seguir lo establecido, las ideas de los demás, el deseo de las masas puede suponernos cambiar nuestra forma de ser y no respetar lo que creemos. Es una cuestión de libertad y de vivir las propias convicciones con ganas y responsabilidad. Así que si te dicen alguna vez (o más bien te quieren tachar) de oveja negra, quizás lo que tienes que hacer es dar las gracias.

CN