Hay parte del deseo sexual que sientes que no es sano

Esto sucede normalmente cuando sientes lujuria porque ya no estás viendo a la persona al completo... pero, ¿cómo detectar cuando esto está pasando?

Si te dijéramos que imaginases o que recuerdes a esa persona con la que sabías que existía una tensión sexual seguro que alguien te viene a la cabeza. Esto también puede ocurrir cuando conoces a una persona y ¡PUM! algo corporal se enciende en tu interior. “La lujuria es ver a alguien a través de una lente que enfoca su cuerpo y la fantasía sexualizada que la acompaña, en lugar de como a una persona completa que te interesa más allá del reino sexual”, así lo explican desde Psychology Today. A priori puede sonar fatal pero que esto suceda en la mente (en una escala no abusiva) es un rasgo normal de todos los seres humanos.

Es más, vamos un paso más allá: que conozcas a alguien y solo su cuerpo te ponga a mil puede ocurrir incluso si estás felizmente enamoradx y dentro de una relación monógama. En estas ocasiones se pueden proyectar los deseos y las fantasías sobre cómo podría desarrollarse el sexo entre tú y esa persona. Es aquí donde podría entrar un inconveniente con ese deseo. Si decides pasar a la acción por el impulso que te da la lujuria, estarás cometiendo una infidelidad. Eso sí, es importante saber que dichos límites los pone la misma pareja. “La lujuria a veces puede ‘descarrilarse’ y crear problemas en nuestra vida y, por tanto, en nuestras relaciones”, afirman desde la misma web.

El tipo de deseo sexual que no es sano es aquel que se utiliza o que nace cuando se une a los sentimientos. A esto se le llama sentimientos sexualizantes y están arraigados con comportamientos o actitudes más bien inmaduros. Pero, ¿a qué se refiere esto exactamente? Cuando las personas se encuentran frente a experiencias fuertes, incómodas o estresantes, a veces utilizan el sexo o el deseo sexual para enfrentarse a ello, como si fuera una escapatoria fácil y rápida para desconectar y no tener que seguir dándole vueltas a la cabeza. Esto es exactamente lo mismo que no decir lo que sentimos y que no querer profundizar en lo que nos ocurre, como si se tratase de un tapón que colocas sobre el pozo en el que no quieres indagar, esto hace que el sexo y el deseo sexual sean tóxicos.

Si se detecta esto de forma rápida puede tratarse pero muchas veces quienes lo viven entran en un bucle que puede acabar en adicción al sexo o en sexualizar a otras personas y no poder conectar con ellas más allá del sexo. Al no dejar paso a los sentimientos las dinámicas pueden llegar a ser hirientes no solo para quien las vive en carne propia sino también para la otra persona. Esto también puede ocurrir con la comida o con otras sustancias. Si en algún momento has sentido que esto te afecta de esta manera lo mejor es consultarlo con un profesional, ya sea psicólogx o sexólogx, para poder encontrar una forma de hacerle frente.