Deseamos cosas que no nos gustan (sí, también se aplica al amor)

Si queremos algo suponemos que es porque gusta. Es decir, quieres chocolate porque te apetece. ¿O no? Diversos estudios no lo tienen tan claro, y creen que es algo más parecido a la adicción

En general, si deseas algo es porque te gusta, ¿no? Es decir, si quieres una prenda del escaparate, es porque te gusta. O si llevas todo el 2020 deseando ir de fiesta es porque te gusta el sentimiento de libertad y la diversión. O si deseas tener relaciones en plena sequía romántica es porque te gusta hacerlo. Pues no. Diversos experimentos científicos que recoge la BBC demuestran que desear algo y que te guste no está vinculado. Y que a veces, cosas que deseamos (incluso el amor) son por un sentimiento que se puede definir más como adicción que como gustos.

Los experimentos concluían que la dopamina, que se creía que era la encargada de hacer que algo nos gustase y, por lo tanto, lo quisiéramos, no tenía esa función. De hecho, sin dopamina, el placer hacia algo seguía ahí, pero no el interés. Por lo tanto, se afirmó que la dopamina no tenía tanto que ver con querer algo, sino que era la hormona que marcaba la tentación. Es decir, la dopamina nos dice: “tómatelo”, “lo quieres”… aunque no siempre sea así. Por ejemplo, el café. Según los experimentos, si lo tomamos es por la dopamina, que nos dice que nos apetece porque nos dará unas recompensas, y no tanto porque nos guste tomarlo (que no quiere decir que no te guste, simplemente, a veces hay otras motivaciones). Lo mismo con el cigarro: la dopamina quiere sus beneficios, aunque a tu cuerpo, objetivamente, no le guste.

Kent Berridge, uno de los principales investigadores, asegura que esto tiene sentido evolutivo. “Querer es más fundamental que gustar. A la preservación de la especie no le importa que te guste el sexo o la comida. Lo que más le importa es que quieras tener sexo o que quieras comer, por pura supervivencia”, añade. Sabiendo esto, se pueden sacar muchas conclusiones sobre nuestras adicciones: “y no solo drogas, alcohol y juegos”, añade la BBC. También amor, sexo, comida y todas esas cosas de las que no nos podemos despegar, aunque digamos “hasta aquí he llegado”.

“Para el adicto, querer se separa de gustar. El sistema de la dopamina aprende que ciertas señales, como ver una máquina de café, pueden traer recompensas”, explican los expertos. Es decir, tú ves algo y tu cerebro activa la dopamina que te dice: esto tiene recompensas, tómalo. Pon, por ejemplo, una pareja tóxica. Tu cerebro se activa y te dice que tiene muchas recompensas, como estabilidad, comodidad, cierto afecto, lo que sea, y te lanza a sus brazos. Aunque, a la vez, tu cerebro sepa que esa persona no es buena para ti. Porque sí: lo deseas, pero no te gusta. Y por eso es tan difícil dejar de comer basura, o dejar el café y cigarro de media tarde, o dejar a esa persona detestable que te engancha, o cualquier otra cosa que sepas mala pero a la que acabas volviendo. Es muy complicado, al fin y al cabo, estás luchando contra los mecanismos de supervivencia de tu propio cuerpo.