Descubren la parte del cerebro que nos permite creer en las religiones

Diferentes estudios apuntan que la zona gris periacueductal es la que nos permite crear en los efectos positivos de creer en las religiones y el efecto placebo

¿Realmente, rezar mucho puede llegar a aliviar el dolor? Aunque parezca imposible, sí, es posible. Sin embargo, obviamente, esta persona debe ser muy devota para que realmente le haga efecto. Es el caso del estudio publicado por la revista Pain en el que un grupo de católicos aseguraba que, cuando les electrocutaban mínimamente la mano, sentían menos dolor cuando miraban una pintura de la Virgen María, ya que creían que les ayudaba. En cambio, para los que se declaran ateos agnósticos, el dolor siempre era el mismo independientemente de la representación religiosa que les pusieran delante.

Por otro lado, en otro par de estudios que recoge la revista Psychology Today, se comprobó los efectos que pueden llegar a tener algunos placebos. Se engañó a unos pacientes con una crema que no contenía ningún tipo de medicina y se les dijo que les aliviaría el dolor por el cual habían acudido al médico. Todos los pacientes aseguraron que la crema les había funcionado de maravilla. En los dos casos, se les hizo resonancias magnéticas funcionales que revelaron un sistema modulador del dolor que incluía la vía gris periacueductal dentro del tallo cerebral que se activaba cuando los pacientes informaron menos dolor después de usar la dicha crema o mientras rezaban y creían que Virgen María les estaba ayudando a hacer más llevadero el dolor.

El gris periacueductal es una estructura antigua que se ha demostrado que juega un papel importante en nuestra respuesta al miedo, el dolor y el comportamiento altruista. Estos Estudios recientes sugieren que el grado de espiritualidad de uno y el efecto placebo están funcionalmente vinculados dentro de la región gris periacueductal dentro del tronco del encéfalo. Curiosamente, la lesión de esta región del tronco encefálico provoca pensamientos delirantes. El gris periacueductal y sus circuitos relacionados pueden haber evolucionado para fomentar comportamientos altruistas y reducir el miedo a vivir en un mundo impredecible.

En conclusión, la percepción del dolor y del estado de nuestra salud, más que cualquier otra experiencia sensorial (más allá de la medicina científicamente probada, por supuesto) está muy influenciada por las expectativas que nosotros mismos tenemos puestas en, por ejemplo, una crema o una infusión. Ésta es la esencia del efecto placebo, que tal y como hemos explicado también puede verse influenciado por nuestras creencias religiosas. Sin embargo, recordad, para que sean efectivas tienes que creer en ellas y no dudar nada.