Deja de buscar culpables de todo lo negativo que pasa en tu vida

El universo puede lanzarte mucha mierda pero solo tú eres responsable de gestionar cómo te afecta

Hasta hace bien poco, solía entender el mundo como una suma de fuerzas dispuesta a dinamitar una y otra vez todos mis planes y sueños. La vida, así como concepto abstracto, jodiéndome de frente con la sonrisa del Jocker. La sociedad golpeándome desde los flancos. Las personas con las que comparto planeta disparándome por la espalda. Y la suerte dejando caer bombas inesperadas sobre mi cabeza. Demasiados enemigos. Hasta que un día, consumido de tanto golpear al aire, lo entendí con cada célula de mi cuerpo: todo eso solo eran excusas para no tener que hacerme cargo de mi vida.

Espectador Premium

Cuando pasas cada minuto del día culpando a elementos externos de tus circunstancias desdichadas es como si pagaras una suscripción premium para ver en directo y en 4K la película de tu vida. Como dice la coach emocional Cecília Ruiz, culpar a la suerte, a la vida o al resto de personas de tu situación vital es un mecanismo "para no asumir responsabilidades". Unos capítulos te gustan más y otros capítulos te gustan menos, pero ningún mérito o demérito recae sobre tus hombros. Te comportas como un espectador pasivo sin capacidad de influencia. Aplaudes o reprochas. Ya está.

Pero esta suscripción se cobra en monedas de bienestar y tiene un coste muy elevado. Como advierte Cecília, acabas pensando "que no tienes poder y al final eso es lo que creas". O dicho de otro modo: si piensas que tu vida está dictada por fuerzas superiores o ajenas a ti, que no tienes poder para reconducirla a tu gusto, acabarás apagando ese poder que, en realidad, siempre ha estado dentro de ti. Una especie de profecía autocumplida por la cual acaba ocurriendo eso que presientes por el mero hecho de presentirlo. Esa es la fuerza de las convicciones, en este caso una nada saludable.

Homo obedientus

Aunque este sometimiento a las fuerzas externas del mundo no responde únicamente al deseo de evitar hacerte responsable de tu vida, con todas las consecuencias que eso conlleva. No es solo pereza o miedo a empoderarte. Según Cecília, los modelos educativos basados en la obediencia ciega también son causantes de esta actitud sumisa, derrotista y quejicosa: "Educamos a las personas para ser obedientes porque sí. ¿Y lo que ellos quieren o necesitan? Así crecemos aprendiendo a culpar a quienes nos obligan a obedecer y repetimos de adultos ese patrón que nos ayudó a sobrevivir".

De esta manera te pasas la vida sintiéndote marioneta de tus parejas, de tu familia, de la macroeconomía capitalista, de la herencia genética, del azar, del destino... Y te resignas a una obediencia cuya única salida de tono son las quejas esteriles lanzadas al aire. Tu reacción, en lugar de tomar el volante de la situación, en lugar de comprender que siempre tienes elección, en lugar de entender que a pesar de que el universo sea quien te mande esas mil mierdas eres tú el único responsable de gestionar cómo te afectan, es tirarte de cabeza hacia un mecanismo bastante asqueroso: el victimismo.

"Entro a un lugar, saludo con un 'buenos días' y la otra persona no me contesta. La respuesta habitual es enfadarse y criticar a quien no nos devolvió el saludo, haciéndole culpable de no haber respondido. ¿Pero quién está molesto? ¿Yo verdad? Entonces soy yo la responsable de destinar mi energía en solucionar esa herida. Pero en lugar de eso, lo que hacemos es sentir esa herida y gastar nuestra energía en criticar, acusar y enfadarnos. La herida sangra, pero claro, 'como es por culpa del otro...'", ejemplifica la experta en coach emocional y energético. Qué cómodo hacernos los mártires.

Ultravictimismo

Alfredo Díez, profesor universitario y business coach, diferencia en su libro Nunca te rindas entre dos tipos de personas: víctima y protagonista. La víctima "siempre se está quejando y poniendo excusas", mientras que la protagonista mira "el lado positivo y busca soluciones". Por desgracia, y según el autor, estamos codificados socialmente para ser víctimas. Como él mismo declaró, "hemos mamado victimismo en la casa y en los medios de comunicación". Por eso convertirnos en protagonistas, dejar de culpar a los demás de nuestras mierdas, requiere dar un paso consciente hacia adelante.

Pero no es fácil. La adicción al rol de víctima está muy instaurada en nuestra psique. "Para salir del vicio debemos pasar el mono. La pregunta es: ¿estamos dispuestos a hacerlo? ¿Sí? Pues asumamos como nuestro todo aquello que antes queríamos tirar por la ventana al vecino. Usémoslo como abono", asegura Cecília. Usa tu responsabilidad como ser libre y decidido. Aunque, eso sí, no confundas responsabilizarte con culparte o exigirte de forma "despiadada, sin corazón", añade la coach. Estás al mando, pero eres humano y debes fallar. Tus fallos, tus logros, tu vida. Ese es el gran placer.