Nunca deberías esperar que tu pareja cambie por ti

Si hay un problema, hay que detectarlo y cambiarlo, pero la personalidad de cada quién no debe adaptarse a la pareja

Muchas personas ven la vida pasar mientras esperan que otros cambien por ellas, ya sea una actitud, la opinión sobre un tema que consideran importante, un cambio de valores o simplemente que entren en razón sobre algún asunto. De hecho, es una realidad muy común en las relaciones de pareja: muchas y muchos esperan que llegue el día en que la otra persona “se dé cuenta” y por fin les demuestren su amor tal y como ellos esperan. Sin embargo, esta forma de pensar, además de ser un sufrimiento inútil, raramente se cumple.

¿Por qué? ¿significa esto que si una persona no se comporta tal y como esperamos o no cambia aquello que le pedimos ya no nos quiere o no nos tiene en cuenta? La verdad es que no. Eso sí, esto no salva a todos aquellos que pasan de nosotros, pero ahí entran en juego otros factores y no solo eso de que “siempre está igual, nunca cambiará” ni los juegos y dinámicas tóxicas que establecen muchas personas en sus relaciones. Estos son otros temas en los que se sobrepasan los límites de la dignidad y el respeto.

Ahora bien, creer que una persona va a dar un giro de 180º o 360º a su actitud y forma de comportarse porque se lo pedimos no solo es rechazarla y anularla, sino también establecer las bases de una dependencia emocional. ¿Qué te parece si a ti te dijeran que dejases de ser tú y te convirtieras en otra persona? Porque eso es lo que hay detrás de la mayoría de las peticiones de cambio. No se pide que se modifique un comportamiento determinado, la mayoría de las veces se exige que se piense de otra forma o que se cambie la forma de ser y eso es una verdadera trampa, es vivir esperando que ocurra un milagro. Incluso cuando nos prometen que lo harán porque confiamos ciegamente en la otra persona, porque al final la mayoría de las veces nunca sucede. 

Creencias irracionales y expectativas: un cóctel explosivo

Miles y miles de creencias irracionales y expectativas están detrás de este baile de ilusiones. “Si me quiere cambiará”, “si le importo, seguro que lo hará…”, “no cambia porque le soy indiferente…” o el famoso “el que la sigue la consigue”. Es muy fácil creer en este tipo de pensamientos porque es lo que nos venden constantemente las películas, las series, los libros, las canciones y un largo etcétera. El amor romántico, el “sin ti no soy nada” o el famoso “te necesito”.

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Sin embargo, todo esto nos hace más mal que bien porque nos configura un concepto del amor y de las relaciones irreal, pero que pretendemos alcanzar y como resultado surgen la frustración, la desilusión, el enfado y finalmente un gran sufrimiento. De hecho, la telaraña de las expectativas es muy extensa, tan solo tenemos que pensar en cuántas veces actuamos según lo que creemos que piensan los demás o cuántas veces nos enfadamos porque los demás no se comportan como esperábamos.

Así es fácil darse cuenta de que infelicidad y altas expectativas van a menudo de la mano. Por algo existe el famoso dicho de “no esperes nada de nadie, espéralo todo de ti”. Lo que pasa es que, lamentablemente, para nosotros es más fácil -y más cómodo- lo contrario. Porque liberarse de las expectativas duele: hay que quitarse la venda de los ojos, romper con ideales y aceptar al otro si es que queremos permanecer a su lado porque a lo mejor llega un momento en el que no...

Entonces, ¿es acertado esperar cambios?

Desde la psicología se usa el término “personalidad” para referirse al conjunto de rasgos más o menos estables que presenta una persona en el tiempo. Así habrá quienes tengan una combinación de extroversión y atrevimiento, pero también aquellos que sean más proclives a la introversión y la timidez por ejemplo, siendo bastante complicado para los primeros mostrarse más callados y prudentes y para los segundos abiertos y extrovertidos. Ahora bien, tener cierta tendencia a comportarse de una forma determinada no implica la imposibilidad de cambiar contracorriente. De hecho, si esto no fuera posible, las terapia psicológica no tendría sentido. Aunque es cierto que nosotros más que cambiar, lo que hacemos es lograr ciertas mejoras y asumir otros enfoques y perspectivas.

Entonces, ¿está bien esperar que alguien cambie por nosotros? A pesar de ser algo común y constante en las relaciones, tener este tipo de esperanzas no es lo recomendado. Eso sí, es cierto que durante la crianza es más posible porque nos estamos formando y es necesario que nos reorienten, sugieran e incluso que nos marquen el camino, pero llegada la edad adulta, nuestros patrones de personalidad están bastantes arraigados y sedimentados y es mucho más complicado que se dé el cambio y más repentino y sin voluntad.

Por tanto, a pesar de que sea común que en las relaciones de pareja existan cosas que no nos agraden de la otra persona, lo ideal es aceptar tanto lo bueno como lo malo del otro porque tanto sus virtudes como defectos y singulares matices conforman lo que es. Ahora bien, también es cierto que existen situaciones más serias como las situaciones de abuso, desprecio y engaño que no son aceptables en ningún caso. Aquí es prioritario que se generen cambios y no hay que esperar a que el otro cambie por nosotros, sino más bien tomar consciencia de que existe un problema.

En estos casos, la mayoría de las veces lo que suele ocurrir es que la persona se justifique diciendo que “yo soy así, me coges o me dejas” o bien se caiga en la trampa mental y emocional de que el otro llegará a cambiar y que no volverá a ocurrir lo de hasta ahora (aunque luego incluso la situación empeora). Entonces, ¿cómo actuar cuándo somos partícipes de estas dinámicas relacionales? La respuesta es sencilla: si somos infelices, sufrimos, no nos encontramos a gusto y la otra persona no se plantea ningún cambio, lo haremos nosotros. Pondremos punto y final, pasaremos página y trataremos de sanar nuestras heridas e incluso pediremos ayudar si así lo necesitamos.

No esperes que cambien por ti

Y ahora toda la pregunta final: ¿las personas pueden cambiar? Por supuesto, pero sería más acertado afirmar que pueden evolucionar como efecto de la experiencia o simplemente porque lo necesitan. O sea nuestra personalidad no está grabada en piedra, algunos aspectos se erosionan, otros se mejoran y se desarrollan, pero a menudo son necesarios hechos y vivencias que nos impacten para lograr estos avances o bien estar muy convencidos o cambiar de intereses.

Así, cambiar es madurar, despertar consciencias y valías, para afrontar la realidad según nuestras necesidades y pasiones y no porque otra persona nos lo diga. Y a menudo se necesitan años para hacerlo porque hay que tener en cuenta que los cambios son una amenaza e implican un riesgo y eso no suele gustarnos demasiado, además de despertar nuestros miedos. Nos aterra la incertidumbre, ese no saber qué pasará y cambiar nos pone en la tesitura de no saber cómo nos ajustaremos ni cómo reaccionarán los demás. Eso sí, los cambios también son actos de supervivencia porque a veces son necesarios para continuar, para salir de situaciones que nos hacen daño. O sino, ¿crees que piensas igual que hace siete u ocho años?

Ahora bien, para que esto suceda son necesarias dos cosas: darse cuenta de que se quiere cambiar o lo que es lo mismo el deseo de hacerlo y comprometernos a ello. Por lo tanto, sí podemos cambiar, pero esperar a que las otras personas lo hagan por nosotros es muy peligroso y la mayoría de las veces una trampa fruto de las altas expectativas. De ahí que sea más recomendable no esperar que cambien por nosotros y aceptar a la otra persona tal y como es, siendo consciente de sus procesos. Al final todos estamos en crecimiento, a veces podemos ver el mundo desde otra perspectiva y otras veces no porque no estamos preparados para ello.

Los cambios son posibles, pero suelen darse cuando la idea de hacerlo surge desde el interior y suelen ser graduales muy a nuestro pesar. Porque es algo complicado que si llevamos haciendo o pensando las cosas de una determinada forma, de repente nuestra actitud o perspectiva cambie como por arte de magia. Incluso puede que a veces cambiar no sea tan fácil porque exista un problema mediando o simplemente porque los intereses y necesidades vayan por otro lado. Eso sí, cambiar es necesario porque nos ayuda a adaptarnos y nos saca de la rigidez, una de nuestras peores enemigas, por algo decía Chaplin que quien logra sobrevivir no es el más fuerte o el más inteligente, sino quien maneja mejor los cambios, los genera y además se adapta a ellos (aquí hay que marcar un detalle importante: con la particularidad de hacerlo por uno mismo).

CN