Por qué me hace daño la gente que quiero

Seguro que en algún momento de tu vida te has hecho esta pregunta y por más vueltas que le has dado no lo entiendes: puede ser tu amigo, tu pareja o incluso tu familia

De repente un día, esa persona te traiciona o no responde como pensabas, pasa de ti y ni siquiera te pregunta por eso que sabe que tanto te preocupa. O tal vez en mitad de una discusión te dice algo que no esperabas y te duele tanto que ni siquiera eres capaz de comprenderlo. Da igual que sean hechos o palabras, la cuestión es que te duele, te molesta, y mucho más porque viene precisamente de esa persona en la que confiabas y no de otra. ¿Por qué la gente a la que quieres te hace daño? 

Lo cierto es que no hay un solo motivo, sino muchos y que en la mayoría de las ocasiones, depende más de tus expectativas que de cualquier otro aspecto, aunque bien es cierto que en algunos casos la relación también cuenta y la historia de la persona por supuesto, pero empecemos por lo más básico, empecemos por ti. 

¿Esperas demasiado?

Gran parte de tu tiempo lo destinas a tus relaciones y en concreto a aquellas que tienen que ver con quienes aprecias. Esto es así porque somos seres sociales: todos necesitamos de ese aporte diario de afecto que los demás nos regalan, ya sea un momento de complicidad, un rato de diversión o el simple hecho de estar en compañía. Los vínculos nos nutren de afecto y seguridad, nos ayudan a sentirnos bien y eso no podemos negarlo, sobre todo durante la adolescencia y nuestros primeros años, siempre y cuando estos hayan sido sanos. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Lo que ocurre es que al igual que te relacionas y creas lazos con los demás también firmas un pacto, un acuerdo implícito por el que asumes que esperas no ser dañado. Así es. ¿O es que alguien sería amigo de una persona que sabe que le va a traicionar o dañar? Está claro que no. Entonces, ¿cuál es el problema? Tus expectativas, sobre todo, si cada por tres te encuentras atrapado en ese bucle de buscar los motivos por los que las personas a las que quieres te hacen daño. 

Cuando esperamos de los demás, nos olvidamos que también existen riesgos, que no todo está bajo control y mucho menos otra persona. Ahora bien, también es posible que no solo sean las expectativas y que existan otros motivos como que tengas una relación de codependencia, en la que exista una necesidad de estar con la otra persona, a pesar del sufrimiento y el dolor experimentados o bien que tu autoestima sea baja, por lo que necesites recibir afecto y atención de los demás para estar bien, ya que a tú no eres capaz de dártelo a ti mismo. Tanto en una como en otra situación lo que haces es rellenar tus vacíos con los demás, algo que nunca te terminará de saciar por supuesto, porque eso depende de ti.

Cuando los demás no perciben tu dolor

Una cuestión que debes plantearte cuando sientas que los demás te han hecho daño es ¿realmente lo saben? ¿Son conscientes de que te han herido o te han hecho sufrir? Verás que si te dejas llevar por tu dolor o rabia en ese momento, seguramente pienses que sí, pero lo cierto es que no siempre las personas que te rodean tienen en cuenta los efectos y consecuencias que sus acciones tienen en los demás. Y sí, es un problema, pero ocurre así. No todo el mundo empatiza con los otros o al menos no cae en la cuenta de que tiene que hacerlo. Y esto probablemente también te pase a ti. 

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¿Qué hacer entonces? Poner límites, expresar qué te duele, qué te molesta o qué te hace daño. Esto que parece tan evidente, en muchas ocasiones no lo haces, sé sincero. Por no molestar, por no parecer débil, porque es una “tontería”... La cuestión es que si no lo dices, los demás no lo saben. Pueden intentar adivinarlo, pero no es la mejor manera. Así, si no señalas cuáles son tus líneas rojas ni te expresas es altamente probable que los demás nos hagan daño sin saberlo. 

Los ideales del amor

Mucho cuidado con eso de que “el amor puede con todo” o que “en cuestiones de amor, todo vale”. Sí, suena muy bonito y bastante peliculero, pero también hay límites y consecuencias. Porque en las relaciones no solo estamos nosotros, también hay otra persona que no es de piedra y tiene sentimientos. 

Por eso, no hay que dar por sentado nada y mucho menos que siempre nos perdonarán sea lo que sea o que por el hecho de ser familia o pareja ya está justificado todo. Cuando pensamos así, creemos que los demás no nos abandonarán y que aceptarán todo con los ojos cerrados, pero el amor tiene condiciones que exigen respeto, atención y responsabilidad

Así que la próxima vez que empieces a dar vueltas a eso de ¿por qué la gente a la que quiero me hace daño? No olvides barajar varias posibilidades, desde si esa relación merece la pena hasta qué necesidades afectivas están floreciendo en ese momento o si la otra persona realmente sabe cómo te sientes. No descuides a los demás, pero tampoco a ti