Si eres de los que solo dan sin recibir nada a cambio, igual tienes un lado oscuro

En la generosidad se esconde altruismo y narcisismo, y debemos equilibrarlo

Hay gente que siempre da: hace regalos sin esperar nada a cambio, paga siempre la cuenta y nunca se deja invitar. Sus fiestas son siempre las más divertidas y locas y todo el mundo lo conoce por ser el anfitrión. Independientemente del dinero que tenga, ese amigo siempre lo reparte, porque para él lo principal no es la cuestión económica. Pero también notas que tiene cierta necesidad de llamar la atención, que no está cómodo si no es el centro de la fiesta y que necesita constantemente ser reconocido. El típico que es demasiado simpático para no resultar aburrido.

Es la delgada línea que separa la generosidad del narcicismo. Así lo explican las psicólogas Shoba Sreenivasan y Linda Weinberger en un artículo de la revista Psichology Today. Compartir es positivo. No es necesario que cada vez que tienes un gesto amable con alguien esperes a que te lo devuelvan exactamente de la misma forma, la generosidad no se calcula y es importante saber cómo trasladar tu cariño y demostrar que alguien te importa. Pero, ¿dónde está el límite?

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Como en todo, en el equilibrio. Y, sobre todo, que la generosidad no te haga daño a ti. "En algunos casos, el hecho de dar puede camuflar una forma paradójica de narcicismo: el que da es un mártir, pero expone su altruismo para que todos lo admiren. En esos casos, la persona que recibe sufre algo de culpa o incluso puede sentirse psicológicamente sofocada por los sacrificios del otro", explican las autoras del estudio. Los amigos pueden acabar agobiados. La situación sería algo así como: "si me he currado toda esta cena para invitaros a todos, no vais a pasar de mí, ¿no?". Y el resto: "¿otra vez?, ¡qué pesado!".

Estrés crónico

Este malestar puede acabar teniendo consecuencias muy dañinas. Puede demostrar baja autoestima, una sensación de que si no "compras" a los demás no eres aceptado ni querido y puede incluso llegar a tener consecuencias físicas o estrés crónico. 

Pero no es solo eso: a veces, el "nada a cambio" es una falacia porque después de tanto dar, se crea la sensación de deuda constante, lo que convierte la relación en un compromiso más que en una pareja sana o una amistad natural. De hecho, la patología se puede volver tan corrosiva que acabe provocando resentimiento, rabia, decepción y hasta culpa en ambas partes.

Así que para asegurarnos de que estamos creando relaciones y amistades con futuro, tenemos que entender que no hay una lógica mercantil detrás del cariño. Está claro que la generosidad es un elemento fundamental cuando dos personas se quieren y tienen una relación de confianza, pero tenemos que saber dar sin calcular y recibir de la misma manera. Un día alguien te necesitará y otro día tú puedes necesitar a ese alguien. Si os sabéis cuidar mutuamente, no habrá reproches.