Conocer la emoción dominante en tu vida podría hacerte más feliz

Cada persona tiene una emoción dominante que tapona a las demás y debemos aprender a combatir su omnipresencia

Todas las personas disponemos de una miríada de emociones distintas en nuestro interior. Todas sentimos angustia, tristeza, gratitud, euforia, ira y un millón de sensaciones más, a algunas de las cuales ni siquiera les has puesto nombre de lo extrañas que son. Sin embargo, dice la investigadora en psicología y salud mental Alice Boyes en una publicación para el medio especializado Psychology Today, la vida de cada persona se encuentra gobernada por una emoción dominante. En sus propias palabras, "es la emoción que solemos sentir cuando las situaciones son difíciles" de manera casi automática.

Por supuesto, y dado que cada persona es un mundo, la emoción predominante varía de una mente a otra. Y así hallamos almas con una clara predisposición a la ansiedad, almas con una clara predisposición a la rabia o almas con una clara predisposición al miedo, entre muchas otras más. El problema es que esta emoción aparece en situaciones en las que no parece lógico que aparezca y, mucho peor, ensombrece totalmente a esas otras emociones más acordes con la situación. Ante un evento dramático, alguien con tendencia hacia la ira podría enfadarse y taponar los sentimientos de tristeza. Eso no es bueno.

Como apunta Boyes, "una emoción dominante no es mejor que otra, pero demasiado de cualquier emoción en particular no es útil" porque "desplaza otras emociones que son realmente útiles". En última instancia, cada emoción existente tiene una finalidad positiva, transmite una información que necesitas escuchar para adaptarte, crecer y avanzar. El taponamiento que la emoción predominante ejerce sobre las demás impide la experimentación de esa rica variedad de sensaciones. "Si siempre ves el mundo a través de la lente de tu emoción dominante, harás interpretaciones incorrectas de las situaciones".

Así que párate unos segunditos y reflexiona profundamente. Llevas muchos años viviendo contigx mismx y, sin duda, eres capaz de identificar tu emoción dominante. ¿La tienes? Pues ahora debes hacer una cosa para disminuirla: trabajar activamente en la vivencia del resto de emociones olvidadas, dado que tu cerebro no suele hacerlo por sí mismo. "Si sintonizo con mis emociones más pequeñas, suben más a la superficie", lo que obviamente roba espacio para la emoción dominante. No puedes experimentar todas las emociones de manera simultánea sin explotar en mil pedazos. Por eso el espacio es limitado.

Y para ello Boyes tiene una técnica secreta. Consiste en "decir una palabra de emoción no dominante un cuantas veces y ver dónde la sientes en tu cuerpo" durante unos minutos. Una vez la tengas ubicada, solo debes permitirla ser sin forzarla ni juzgarla. Ese trabajo consciente de atención a las emociones logrará que tu cerebro aprenda a prestarle atención. Y tienes que hacerlo con todas las emociones. Recuerda que, pese a la mala fama que tienen, las mal llamadas emociones negativas son imprescindibles en tu vida. Según dice la especialista, "todas las emociones tienen un propósito". Vívelas sin miedos.